José Antonio del Moral
FERIA DEL PILAR EN ZARAGOZA
PERERA SAVA UNA DESDICHADA
TARDE CON UN FAENÓN INSOSPECHADO
Tras la nula suerte de El Juli con sus toros y solo uno verdaderamente bueno para un
más animado y decidido Salvador Vega que podría haber triunfado de haberlo
matado bien, la muy desigual y floja corrida de Victoriano del Río quedó
finalmente resuelta por el extremeño quien, con el protestadísimo sexto toro,
fue capaz de convertir lo que iba para gran escándalo en un inesperado éxito
que supo a gloria.
Zaragoza. Plaza de
Miguel Ángel Perera
volvió ayer a dejar constancia de su macha ascendente hacia la cima por su fe
en sí mismo, seguro del valor que le sobra y del temple con el que es capaz de
mover montañas. Ya había andado bien y muy firme con su soso primer toro,
tercero de la tarde, al que mató a ley aunque sin que la cosa pasara a mayores
después de que El Juli se estrellara con el por todo
esmirriado animal que abrió plaza – tampoco tuvo suerte alguna con el
irremediable manso que le cupo en desgracia en cuarto lugar - y de la bastante
buena actuación en conjunto de Salvador Vega que en su segunda comparencia en
esta feria tan definitiva para él salió más dispuesto y decidido que en la
primera hasta el punto de cuajar la que hasta el último momento pareció iba a
ser la mejor faena con mucho del festejo con el único toro que dio juego
realmente brillante del desigual encierro de Victoriano del Río.
Digamos antes de entrar en materia con la
inesperada y sorpresiva faena de Perera, que Vega
lidió adecuadamente al magnífico ejemplar tercero, al que toreó muy bien con la
mano derecha y muy despacio al natural aunque, por lo a gusto que estaba, se
pasó de faena y el toro no le ayudó nada a la hora de matarlo. Como también que
anduvo muy entonado aunque abusando del pico con el sobrero de El Serrano, más
soso que su anterior enemigo pero desde luego potable. De modo que, al menos
ayer, volvió Vega a ilusionarnos después de su floja y desesperante actuación
con los toros de Fuente Ymbro.
Pese a lo dicho de Vega para bien, como su
imprecisión a espadas le había impedido triunfar, tampoco El Juli por su malísima suerte en esta feria y desgraciado
final de su campaña, las protestas que habían levantado varios toros y la
tardía devolución del quinto, lo cierto es que la tarde parecía desdichadamente
perdida y cuando el sexto apareció en el ruedo evidenciando su falta de fuerza,
se armó la tremolina, más cuando el presidente se negó a devolverlo como al
anterior y con violentos gritos cuando el toro se cayó en el tercio de
banderillas.
Muchos nos echamos las manos a la cabeza cuando,
en medio del creciente escándalo, vimos con la montera en la mano a Perera, dispuesto a brindar su faena toro pese a tanto
jaleo aunque como a quien brindó fue a su apoderado, Fernando Cepeda,
entendimos el gesto como detalle de agradecimiento a quien, al fin y al cabo,
ha sido quien tanto le ha ayudado a mejorar profesionalmente y a convertirse en
más que una firme y gran promesa, dado el caso, pensamos, que este sexto toro
iba a ser el último de su temporada, aunque por muy noble que parecía ser el
animal, iba a ser casi imposible sostenerlo en pie.
Pero cuando tras tantear Perera
con la mano derecha se llevó el toro a los medios y allí empezó a torear
maravillosamente al natural, a cada pase fue acallando las protestas que, poco
a poco, se trocaron en olés y en crecidas ovaciones,
definitivamente unánimes cuando se enredó el toro a su cintura con la mano
derecha hasta cuatriplicar los viajes del burel haciendo
el ocho más derecho y quieto que una vela, provocando el general delirio con
las espeluznantes bernardinas del final y una gran
estocada de las que ponen carne de gallina. Un vez muerto el recuperado burel y
mientras el público demandaba la oreja, Miguel Ángel fue a recoger la montera
que le había dado a Cepeda y los dos se fundieron en un abrazo para celebrar el
por tantos insospechado acontecimiento. Milagros del toreo cuando el valor es
valor de verdad y cuando el temple también lo obra.