José Antonio del Moral

FERIA DEL PILAR EN ZARAGOZA

 

PERERA SAVA UNA DESDICHADA TARDE CON UN FAENÓN INSOSPECHADO

 

Tras la nula suerte de El Juli con sus toros y solo uno verdaderamente bueno para un más animado y decidido Salvador Vega que podría haber triunfado de haberlo matado bien, la muy desigual y floja corrida de Victoriano del Río quedó finalmente resuelta por el extremeño quien, con el protestadísimo sexto toro, fue capaz de convertir lo que iba para gran escándalo en un inesperado éxito que supo a gloria.

 

Zaragoza. Plaza de la Misericordia. 13 de octubre de 2007. Novena de feria. Tarde agradable con lleno total. Cinco toros de Victoriano del Río, muy desigualmente presentados y de vario juego, en su mayoría deslucido y flojo salvo el segundo toro que, además de exhibir buenas y sobradas hechuras, resultó bravo y muy noble. Por devolución tardía del flojísimo quinto, se lidió un sobrero bien presentado y noblote aunque muy soso de El Serrano. El terciado primero se vino enseguida abajo. El insignificante y muy suelto tercero casi otro tanto auque se dejó. El grandote y feo cuarto fue un manso irreparable. Y el serio sexto, inválido desde que salió aunque muy noble y, luego de varias caídas, duradero gracias a su matador. El Juli (burdeos y oro): Buena estocada y descabello, ovación. Casi entera caída, silencio. Salvador Vega (blanco y plata): Pinchazo hondo, otro pinchazo y más de media estocada, aviso y gran ovación. Casi entera ladeada trasera, ovación. Miguel Ángel Perera (rosa y oro): Buena estocada de efectos fulminantes, aviso y ovación. Gran estocada, oreja y petición de otra. Mientras se procedía a devolver el quinto toro a los corrales, un espectador de sombra exhibió durante largo rato una pancarta contra las inoportunas declaraciones de José Tomás sobre el toreo de Enrique Ponce.

 

Miguel Ángel Perera volvió ayer a dejar constancia de su macha ascendente hacia la cima por su fe en sí mismo, seguro del valor que le sobra y del temple con el que es capaz de mover montañas. Ya había andado bien y muy firme con su soso primer toro, tercero de la tarde, al que mató a ley aunque sin que la cosa pasara a mayores después de que El Juli se estrellara con el por todo esmirriado animal que abrió plaza – tampoco tuvo suerte alguna con el irremediable manso que le cupo en desgracia en cuarto lugar - y de la bastante buena actuación en conjunto de Salvador Vega que en su segunda comparencia en esta feria tan definitiva para él salió más dispuesto y decidido que en la primera hasta el punto de cuajar la que hasta el último momento pareció iba a ser la mejor faena con mucho del festejo con el único toro que dio juego realmente brillante del desigual encierro de Victoriano del Río.

 

Digamos antes de entrar en materia con la inesperada y sorpresiva faena de Perera, que Vega lidió adecuadamente al magnífico ejemplar tercero, al que toreó muy bien con la mano derecha y muy despacio al natural aunque, por lo a gusto que estaba, se pasó de faena y el toro no le ayudó nada a la hora de matarlo. Como también que anduvo muy entonado aunque abusando del pico con el sobrero de El Serrano, más soso que su anterior enemigo pero desde luego potable. De modo que, al menos ayer, volvió Vega a ilusionarnos después de su floja y desesperante actuación con los toros de Fuente Ymbro.

 

Pese a lo dicho de Vega para bien, como su imprecisión a espadas le había impedido triunfar, tampoco El Juli por su malísima suerte en esta feria y desgraciado final de su campaña, las protestas que habían levantado varios toros y la tardía devolución del quinto, lo cierto es que la tarde parecía desdichadamente perdida y cuando el sexto apareció en el ruedo evidenciando su falta de fuerza, se armó la tremolina, más cuando el presidente se negó a devolverlo como al anterior y con violentos gritos cuando el toro se cayó en el tercio de banderillas.

 

Muchos nos echamos las manos a la cabeza cuando, en medio del creciente escándalo, vimos con la montera en la mano a Perera, dispuesto a brindar su faena toro pese a tanto jaleo aunque como a quien brindó fue a su apoderado, Fernando Cepeda, entendimos el gesto como detalle de agradecimiento a quien, al fin y al cabo, ha sido quien tanto le ha ayudado a mejorar profesionalmente y a convertirse en más que una firme y gran promesa, dado el caso, pensamos, que este sexto toro iba a ser el último de su temporada, aunque por muy noble que parecía ser el animal, iba a ser casi imposible sostenerlo en pie.        

 

Pero cuando tras tantear Perera con la mano derecha se llevó el toro a los medios y allí empezó a torear maravillosamente al natural, a cada pase fue acallando las protestas que, poco a poco, se trocaron en olés y en crecidas ovaciones, definitivamente unánimes cuando se enredó el toro a su cintura con la mano derecha hasta cuatriplicar los viajes del burel haciendo el ocho más derecho y quieto que una vela, provocando el general delirio con las espeluznantes bernardinas del final y una gran estocada de las que ponen carne de gallina. Un vez muerto el recuperado burel y mientras el público demandaba la oreja, Miguel Ángel fue a recoger la montera que le había dado a Cepeda y los dos se fundieron en un abrazo para celebrar el por tantos insospechado acontecimiento. Milagros del toreo cuando el valor es valor de verdad y cuando el temple también lo obra.