José Antonio del Moral

FERIA DEL PILAR EN ZARAGOZA

 

LOS MAÑOS SE RINDEN ANTE EL VALOR Y LA FANTÁSTICA ESPECTACULARIDAD DE EL FANDI

 

Aunque el presidente se negó a concederle la segunda oreja del sexto toro de El Pilar y no pudo salir a hombros pese cortar otra del tercero por los malditos reglamentos, el granadino anduvo tan sobrado, variado y brillante en los tres tercios, que convirtió la plaza en un clamoroso volcán. Y es que salvó con creces un festejo en el que Finito de Córdoba actuó de simple e irresponsable telonero y El Juli, demasiado espeso con un lote deslucido, no pudo celebrar triunfalmente su corrida número mil. 

 

Zaragoza. Plaza de La Misericordia. 11 de octubre de 2007. Séptima de feria. Tarde cálida en plaza cubierta con lleno total. Seis toros de El Pilar, altones y muy encornados en diversidad de pelos con tres enormes y otros tres más terciados aunque muy montados. En su mayoría blandos cuando no renqueantes, resultaron nobles en distintos grados, sobresaliendo por su mayor bravura el tercero que, pese a arrastrar las patas, embistió con clase; y también el sexto, aún más bravo y encastado, que fue el que dio juego más vistoso y emocionante del envío. Primero y sexto quedaron prácticamente inéditos tras ser excesivamente castigados en varas. El segundo se quedó crudo en varas y sacó genio. Y el quinto gazapeó mucho aunque dejándose por el lado derecho. Al tercero se le concedió una polémica vuelta al ruedo. Finito de Córdoba (marino y oro): Pinchazo y otro hondo en los bajos tras el que dobló, silencio. Media atravesada huyendo y descabello, silencio tras algunos pitos. El Juli (grana y oro): Media efectiva, petición insuficiente y ovación. Pinchazo y estocada, ovación. El Fandi (espuma de mar y oro): Estoconazo desprendido y descabello, aviso y oreja. Estocada caída y descabello, oreja y fortísima petición de otra con gran bronca al palco por no concederla. Tras el paseíllo le fueron estragadas a El Juli una placa y un jarrón de cerámica conmemorativas de su corrida número mil. José Antonio Carretero fue obligado a saludar tras parear al segundo toro.

 

Creo que ya he dicho alguna vez que si El Fandi no existiera habría que inventarlo y, después del lío que formó ayer en Zaragoza, tengo que volver a decirlo aunque muchos sigan, erre que erre, negándole méritos. Confieso que cada que vez veo triunfar a David Fandila, no solo lo paso divinamente con el granadino sino que me regocija comprobar el berrinche que se cogen sus contrarios. De modo que, enhorabuena otra vez y, a los que les pique, que se rasquen.

 

Tuvo mucha suerte ayer El Fandi con su lote de la corrida de El Pilar que fue el mejor y la aprovechó a tope en un derroche de entrega, facultades, sentido del espectáculo y muchísimos aciertos. Porque ya está bien de oír y leer que no tiene clase y que no es un torero fino. Pero es que no le hace falta porque en casi todo lo demás es un gran torero por la enorme capacidad que le caracteriza. Sin arredrarse nunca, pone cada tarde al servicio de los que pagan para verle, seguros de que, a poco que las reses que le corresponden se muevan, el de Granada les va a dejar satisfechos. Por eso está donde está, incluso en esta temporada que se ha pasado dos meses en el dique seco por la grave lesión ósea de la mano derecha que padeció en León y, a pesar de ello, poco le va a faltar para liderar el escalafón por tercera vez consecutiva.

 

Su primer toro resultó excelente pese a lo mucho que renqueó durante toda su lidia hasta el punto de que no pocos pretendieron que la presidencia lo devolviera a los corrales y menos mal que los del palco no les hicieron caso. El Fandi había descubierto ya la clase que tenía en toro en su templado recibo por verónicas y en el quite que intercaló entre los dos leves puyazos que el propio matador pidió que le recetaran para que no se viniera abajo y, tras banderillearlo con la precisión planetaria que le caracteriza cada vez que parea yendo para atrás hasta clavar tan fresco como potente, llevó a cabo una larga faena de muleta en la que sobresalió su toreo en redondo en dos tandas que enardecieron por su temple y donosura sin que faltaran los adornos efectistas de su especial personalidad, los circulares invertidos y sus desplantes marchosos, repletos de torería. De haber matado por arriba y si no hubiera tenido que descabellar, el ambiente que había creado era de dos orejas. Cortó una pedida por unanimidad y al toro le dieron una vuelta al ruedo sin que la pidiera casi nadie, supongo porque al presidente le gustó más el toro que cómo anduvo el torero con él. Allá cada uno.

 

Tampoco le dio después la segunda oreja del sexto y ello a pesar de que fue pedida en medio de un clamor volcánico. Y es que si bien había estado El Fandi con el tercero, mejor con el último por su más notable bravura, mayor casta y su embestir con ese celo repetidor que llega tanto al público y convierte la lidia en un episodio  vibrante. Sobre todo cuando quien la lleva a cabo planta cara, se la juega, y en cada situación logra que su empeño emocione, sencillamente por la emoción que el propio intérprete siente al llevar a cabo su obra. Y eso con el capote que manejó con enorme y variada vistosidad, tanto en el recibo como en el galleo, dejando al toro ante el caballo con precisos recortes o largas y en el quite. Acto seguido, en un emocionante y hasta dramático tercio de banderillas con cuatro pares de enorme exposición e incuestionable mérito porque el toro, poco picado, se fue muy arriba –  del tercero casi resultó corneado en un muslo – que pusieron la plaza boca abajo. Y para terminar, una faena que inició magníficamente de rodillas en los medios con redondos más sedosos que los que dio luego en pie. Y como por el lado izquierdo el toro no respondía igual, otra vez a derechas con una sobredosis quizá ya inapropiada porque el toro ya no aguantó más y empezó a pararse. Otra estocada caída desmereció algo todo lo anterior y tuvo El Fandi que descabellar como antes, pero esta vez la pasión estaba desatada hasta grados increíbles y a la gente no le gustó nada perderse la salida a hombros del granadino que tanto les había hecho disfrutar al negarle el palco un segundo trofeo. El presidente lo pagó con una bronca que todavía dura.

 

Así compensó crecidamente El Fandi una tarde en la que Finito de Córdoba se limitó a cubrir su habitual papel de telonero de lujo, esta vez - como tantas - irresponsable pues ordenó - o permitió - que sus picadores molieran a sus toros en el tercio de varas por lo que quedaron arruinados para hacer luego el paripé de que intentaba torear con la muleta. Mucho más responsable aunque sin suerte con un segundo toro que sacó genio y un quinto gazapón, un Juli algo espeso y no tan preciso como acostumbra no pudo cumplir su corrida número mil con el triunfo que buscó infructuosamente.