José Antonio del Moral
FERIA DEL PILAR EN ZARAGOZA
LOS MAÑOS SE RINDEN ANTE EL
VALOR Y
Aunque el presidente se negó
a concederle la segunda oreja del sexto toro de El Pilar y no pudo salir a
hombros pese cortar otra del tercero por los malditos reglamentos, el granadino
anduvo tan sobrado, variado y brillante en los tres tercios, que convirtió la
plaza en un clamoroso volcán. Y es que salvó con creces un festejo en el que
Finito de Córdoba actuó de simple e irresponsable telonero y El Juli, demasiado espeso con un lote deslucido, no pudo
celebrar triunfalmente su corrida número mil.
Zaragoza. Plaza de
Creo que ya he dicho alguna vez que si El Fandi no existiera habría que inventarlo y, después del lío
que formó ayer en Zaragoza, tengo que volver a decirlo aunque muchos sigan, erre que erre, negándole méritos.
Confieso que cada que vez veo triunfar a David Fandila,
no solo lo paso divinamente con el granadino sino que
me regocija comprobar el berrinche que se cogen sus contrarios. De modo que,
enhorabuena otra vez y, a los que les pique, que se rasquen.
Tuvo mucha suerte ayer El Fandi
con su lote de la corrida de El Pilar que fue el mejor y la aprovechó a tope en
un derroche de entrega, facultades, sentido del espectáculo y muchísimos
aciertos. Porque ya está bien de oír y leer que no tiene clase y que no es un
torero fino. Pero es que no le hace falta porque en casi todo lo demás es un
gran torero por la enorme capacidad que le caracteriza. Sin arredrarse nunca,
pone cada tarde al servicio de los que pagan para verle, seguros de que, a poco
que las reses que le corresponden se muevan, el de Granada les va a dejar
satisfechos. Por eso está donde está, incluso en esta temporada que se ha
pasado dos meses en el dique seco por la grave lesión ósea de la mano derecha
que padeció en León y, a pesar de ello, poco le va a faltar para liderar el
escalafón por tercera vez consecutiva.
Su primer toro resultó excelente pese a lo mucho
que renqueó durante toda su lidia hasta el punto de que no pocos pretendieron
que la presidencia lo devolviera a los corrales y menos mal que los del palco
no les hicieron caso. El Fandi había descubierto ya
la clase que tenía en toro en su templado recibo por verónicas y en el quite
que intercaló entre los dos leves puyazos que el propio matador pidió que le
recetaran para que no se viniera abajo y, tras banderillearlo con la precisión
planetaria que le caracteriza cada vez que parea yendo para atrás hasta clavar
tan fresco como potente, llevó a cabo una larga faena de muleta en la que
sobresalió su toreo en redondo en dos tandas que enardecieron por su temple y
donosura sin que faltaran los adornos efectistas de su especial personalidad,
los circulares invertidos y sus desplantes marchosos, repletos de torería. De
haber matado por arriba y si no hubiera tenido que descabellar, el ambiente que
había creado era de dos orejas. Cortó una pedida por unanimidad y al toro le
dieron una vuelta al ruedo sin que la pidiera casi nadie, supongo porque al
presidente le gustó más el toro que cómo anduvo el torero con él. Allá cada
uno.
Tampoco le dio después la segunda oreja del
sexto y ello a pesar de que fue pedida en medio de un clamor volcánico. Y es
que si bien había estado El Fandi con el tercero,
mejor con el último por su más notable bravura, mayor casta y su embestir con
ese celo repetidor que llega tanto al público y convierte la lidia en un
episodio vibrante. Sobre todo cuando
quien la lleva a cabo planta cara, se la juega, y en cada situación logra que
su empeño emocione, sencillamente por la emoción que el propio intérprete
siente al llevar a cabo su obra. Y eso con el capote que manejó con enorme y
variada vistosidad, tanto en el recibo como en el galleo, dejando al toro ante
el caballo con precisos recortes o largas y en el quite. Acto seguido, en un
emocionante y hasta dramático tercio de banderillas con cuatro pares de enorme
exposición e incuestionable mérito porque el toro, poco picado, se fue muy
arriba – del tercero casi resultó
corneado en un muslo – que pusieron la plaza boca abajo. Y para terminar, una
faena que inició magníficamente de rodillas en los medios con redondos más
sedosos que los que dio luego en pie. Y como por el lado izquierdo el toro no
respondía igual, otra vez a derechas con una sobredosis quizá ya inapropiada
porque el toro ya no aguantó más y empezó a pararse. Otra estocada caída desmereció
algo todo lo anterior y tuvo El Fandi que descabellar
como antes, pero esta vez la pasión estaba desatada hasta grados increíbles y a
la gente no le gustó nada perderse la salida a hombros del granadino que tanto
les había hecho disfrutar al negarle el palco un segundo trofeo. El presidente
lo pagó con una bronca que todavía dura.
Así compensó crecidamente El Fandi
una tarde en la que Finito de Córdoba se limitó a cubrir su habitual papel de
telonero de lujo, esta vez - como tantas - irresponsable pues ordenó - o
permitió - que sus picadores molieran a sus toros en el tercio de varas por lo
que quedaron arruinados para hacer luego el paripé de
que intentaba torear con la muleta. Mucho más responsable aunque sin suerte con
un segundo toro que sacó genio y un quinto gazapón, un Juli
algo espeso y no tan preciso como acostumbra no pudo cumplir su corrida número
mil con el triunfo que buscó infructuosamente.