FERIA DE ZAFRA

EL GRAN SUCESO DE AMBEL POSADA

Tras poco más de veinte festejos con picadores, ratificó en su tierra que estamos ante uno de esos pocos toreros "tocados" por la varita mágica. Solvente, eficaz, excelente capotero, redondo e inspirado muletero con pellizco y buen matador, cortó cuatro orejas y salió a hombros junto al local Murillo Márquez, al también debutante Julio Benítez "El Cordobés" y al mayoral de la ganadería, en una novillada muy noble de Luis Algarra

Plaza de toros de Zafra (Badajoz). 1 de septiembre de 2004. Primera de feria. Tarde calurosa con floja entrada. Seis novillos de Luis Algarra discretamente presentados salvo el primero, demasiado abecerrado. Nobles en general y algunos con clase como el flojo primero y el quinto que fue el mejor. José Manuel Murillo Márquez (avellana y oro): Dos pinchazos y media atravesada, ovación. Estoconazo desprendido, dos orejas. Santiago Ambel Posada (perla y oro): Estocada desprendida, dos orejas. Estocada caída, dos orejas y petición de rabo. Julio Benítez (palo de rosa y oro): Pinchazo y media estocada, oreja. Buena estocada, oreja y petición de otra. Los tres espadas salieron a hombros junto al mayoral de la ganadería.

Desde que a primeros de marzo pasado le vimos torear una becerra en la ganadería portuguesa de Joaquín Murteira, me atreví a decir a cuantos allí estaban presentes que Ambel Posada tenía mimbres para ser figura del toreo y, no solo uno más, sino excepcional e incluso de los grandes si la suerte le acompañaba. Tras verle en Zafra, ratifico lo que entonces dije aunque ya el propio novillero venía demostrando sus muchas cualidades en casi todas las corridas que ha sumado esta temporada, sobre todo a raíz de su presentación en la feria de San Fermín en la que se destapó sobradamente y salió a hombros. No obstante y por no haber sido testigo de otros éxitos logrados en plazas como la de San Sebastián de los Reyes y, más recientemente, en Murcia y Olivenza, cuando le vimos en Zafra apreciamos sorprendidos lo mucho que había progresado hasta el punto de parecernos precozmente cuajado. Tuvo suerte con sus dos novillos de Algarra, sobre todo con el quinto, pero en ambos resolvió perfectamente los problemas que le presentaron. Los del segundo, derivados de la mala lidia que recibió y al venirse abajo por rajado a poco de iniciar su faena de muleta. Los del mejor quinto por su escasa fuerza que arregló lidiando personalmente al novillo con una precisión y eficacia propias de una matador experimentado. Esto en cuanto a la capacidad que exhibió Ambel como arma imprescindible para que luego toreara como toreó, rematadamente bien. Ya con el capote, sus verónicas de recibo al segundo – ora rodilla en tierra, ora en pie - , las medias perfumadas, su larga cambiada de saludo al quinto y los lances que siguieron mostraron su corte aristocrático con el percal. Pero es que con la muleta, compuso dos faenas realmente encomiables por colocación, sitio, temple, conjunción y expresión fuera de serie porque es muy difícil torear al mismo tiempo como se requiere técnicamente en cada momento y decirlo con tan natural verdad, sentimiento, inspiración y pellizco. Indefinible cualidad que distingue únicamente a los muy pocos "tocados" por la varita mágica del arte. Es precisamente esta dual coincidencia la que separa a los toreros tenidos como artistas de los que además de tener clase son capaces. O sea, que hacen y dicen el toreo como los propios ángeles. De otra parte, su seguridad con la espada – se nota que en la suerte suprema anda sobrado por largos e intensos entrenamientos – le permite triunfar con fácil desenvoltura con lo que ello le supone y le supondrá amarrar éxitos de resultados tan contundentes como este que relato. Su enorme faena al quinto, brindada al gran aficionado ingles Michael Wigram, fue tan redonda que hasta su propio abuelo, nuestro compañero y entrañable amigo Juan Posada, quedó sorprendido por los gloriosos progresos de su nieto. Total, que salimos encantados con el suceso. Enhorabuena.

En la bella placita de Zafra había poca gente en los tendidos. Pero señores, Ącómo estaba el callejón!. Abarrotado de profesionales. Toreros retirados y en activo, empresarios, ganaderos y no pocos periodistas. Ocasión pintiparada para que todo lo que sucediera en el ruedo tuviera inmediata trascendencia. Y es que, aparte Ambel Posada, también se presentó el hijo de Manuel Benítez "El Cordobés" a quien la mayoría no habíamos visto nunca. No tuvo tanta suerte Julio como sus colegas con los novillos que le correspondieron por lo que habrá que esperar mejor ocasión para emitir juicio sobre él. De todos modos, le vimos todavía muy verde, desde luego tratando de emular las maneras de su padre – allí presente - y evidentemente con ganas. Buscó la cercanía, la quietud, la emoción del valor y el arrebato sin lograr conectar del todo en su propósito. La oreja que cortó a sus dos novillos no fueron prueba de lo que hizo sino más bien por complacencia dado el rango de su caso. Igual que las que cortó el local Murillo Márquez del cuarto, exigidas por sus partidarios tras matarlo con prontitud después de un faena similar a la que hizo con el novillo que abrió plaza. Toreo recompuesto sobre una desmesura gestual de mal actor que en otras plazas dudo que obtengan eco alguno.