FERIA DE LA BLANCA EN VITORIA
SOLITARIA OREJA PARA CESAR JIMÉNEZ EN TARDE DE MUCHO VIENTO E IMPRESENTABLE MANSADA
Decepcionante corrida de Ana Romero en la que solo un toro resultó potable. La destreza del madrileño apenas salvo este festejo en el que Salvador Vega naufragó con un lote imposible y José María Manzanares solo apuntó detalles ante poquísimo público
Plaza de toros de Vitoria. 7 de agosto de 2004. Tercera de feria. Calor con vendaval intermitente y un cuarto de entrada. Seis toros de Ana Romero, muy desigualmente presentados en impresentable escalera y, salvo el cuarto, que resultó noble aunque sin romper, mansos, flojos, inciertos, probones, parados o peligrosos como el tercero que resultó imposible. Cesar Jiménez (blanco y oro): Dos pinchazos, golletazo y dos descabellos, silencio. Pinchazo y estocada baja, oreja benévola. Salvador Vega (blanco y plata): Ocho pinchazos más o menos hondos y dos descabellos, aviso y silencio tras algunos pitos. Pinchazo y media baja delantera, silencio. José María Manzanares Jr. (marino y oro): Estocada corta tendida, pinchazo hondo sin soltar y casi entera delantera, aviso y silencio. Estocada trasera y dos descabellos, silencio. Muy bien "El Chano" en palos.
Esperaba mucho más de la corrida de Ana Romero que, por cierto, iba a matar Enrique Ponce. Pero a la vista de su presentación y posterior juego tuve que frotarme los ojos pensando cómo era posible que las gentes del valenciano la hubieran aceptado en el campo. żO es que cuando se supo que Ponce no vendría la cambiaron?. Sea como fuere, los platos rotos los pagó Salvador Vega que vino para sustituir a la máxima figura en la creencia de que la corrida iba a tener la categoría correspondiente y salió escaldado. Y encima con masiva devolución de entradas. Y para colmo, un vendaval endemoniado que sobre todo durante la lidia de los tres primeros molestó enormemente a los toreros. Tanto o más que los animales procedentes de Santa Coloma que de tal encaste tuvieron lo que yo de obispo. Sólo en los pelos cárdenos lo recordaron.
Del petardo se salvó Cesar Jiménez que, por más suerte en su lote y gracias a la destreza y a las tablas que ya tiene sobradamente acreditadas, fue el único que pudo y logró lancear y muletear con limpieza y hasta hilvanar una faena bastante completa sobre la base de su conocida y siempre eficaz fórmula con el cuarto. Ahí es nada: pararse y templar. Aunque con la espada no anduvo fino, le dieron la oreja del cuarto para distinguirle por término de comparación con lo que habían hecho sus compañeros.
Pero la verdad fue que tanto Salvador Vega como Manzanares no hallaron ocasión propicia. Entre el viento y lo malos que fueron sus toros, apenas pudieron apuntar lejanos detalles de lo que ambos podrían haber hecho con mejor materia prima. Sin embargo, me sorprendió la excesiva deriva a Vega con el marrajo tercero, posiblemente el peor que se haya encontrado en su vida, y una vez más conservador al hijo de Manzanares a quien hacía mucho tiempo que no veía en una plaza de toros. Como la temporada que yo hago es la grande y él circula por el segundo circuito, solo tenía referencias de que anda con más ganas. Ayer no hubo ocasión ni de medio comprobarlo. Huyo de Vitoria camino de Bayona y de la Semana Grande de San Sebastián. Esperemos que las cosas funcionen de otra manera en ambas plazas.