FERIA DE LA BLANCA EN VITORIA
EL PÚBLICO SE VUELCA CON RIVERA ORDÓÑEZ
Independientemente del legítimo triunfo que logró – una oreja de cada uno de sus toros – su actuación estuvo presidida por la cariñosísima acogida del público que no cesó de aplaudirle ni de arroparle. Otras dos orejas cortó "El Juli" a quien le costó remontar el enfado general por negarse a banderillear al sexto mientras "Jesulín" se fue de vacío con el lote menos propicio de una corrida muy noble aunque floja de "La Palmosilla" de la que el de Ubrique se llevó el peor lote
Plaza de toros de Vitoria. 6 de agosto de 2004. Segunda de feria. Tarde agradable con dos tercios de entrada. Seis toros de "La Palmosilla" (procedencia Juan Pedro Domecq), bien presentados y nobles aunque muy flojos, destacando por más enteros segundo y tercero. "Jesulín de Ubrique" (perla y oro): Estocada, silencio. Media estocada silencio. Francisco Rivera Ordóñez (esmeralda y oro): Estocada, oreja y petición de otra. Buena estocada, oreja. "El Juli" (grana y oro): Estocada, oreja sin fuerza. Media tendida, oreja sin petición mayoritaria.
La noticia de la tarde fue el calor con que el público asistente recibió a Francisco Rivera Ordóñez. Las mujeres se sintieron madres, hermanas, hijas del torero. Los hombres, abuelos, padres, tíos, familia en definitiva. Fue tal el cariño que le mostraron que cuando dio la vuelta al ruedo tras cortar la oreja de sus dos toros, se tiraron al ruedo muchos jóvenes y niños de las cuadrillas de blusas y, aparte de atarle al cuello varios pañuelos, le abrazaron, le besaron y le acompañaron en el paseo impidiéndole avanzar solo mientras los miembros de su cuadrilla desaparecían entre tanto mozos y mozas. Una verdadera apoteosis personal de Francisco que disfrutó mucho, imagino que emocionado tras los terribles días que acaba de pasar y yo diría que también de los años que ha pasado. Este homenaje popular fue tan espontáneo que enorgulleció presenciarlo. Primero porque Francisco se lo merece como hombre capaz de aguantar con enorme dignidad todo lo que ha venido aguantando de propios y extraños. Segundo porque ver solidarizarse a tantas gentes sencillas con la desgracia de un ser humano, sea cual sea su caso, es algo maravilloso que estoy seguro debe compensar, aunque sólo sea en parte, de tanto sufrimiento.
Y ahora vamos con la corrida que, a Dios gracias, resultó bastante mejor que la del día anterior. No fueron los toros para tirar cohetes porque hubo tres que por su falta de fuerza no dieron opción para ninguna alegría. Más para la tristeza y el aburrimiento, como los dos de "Jesulín de Ubrique" quien, templado y serio, también se aburrió en sus dos intentos de hacer faena al primero y al cuarto. Los mató pronto, bien y eso fue lo mejor de sus insulsas labores. Otros dos toros que tampoco tuvieron fuerza fueron el quinto, muy parado además, y el sexto que, no obstante, embistió con clase. Francisco Rivera, que había cuajado la mejor faena de la tarde con el también mejor tercero – entregado, con gusto incluso en las tandas que pegó, sobre todo con la mano derecha – recurrió a la entrega incondicional con el peor quinto y volvió a meterse al público en el bolsillo, lo mismo que en sus valientes recibos de capa y en sus dos estocadas, realmente estupendas.
A "El Juli" le costó más triunfar aunque finalmente lo consiguió en sus dos enemigos. Manso en varas el tercero aunque romaneó en el primer encuentro con los montados, Julián lo llevó a los medios tras doblarse con el toro en el tercio y allí lo metió en cintura por redondos, no siempre templados porque el bicho, aunque noble, echó la cara arriba al final de los viajes. Una estocada de prontos efectos y lo embalada que estaba la gente con la actuación de Rivera, sirvieron para que muchos - no todos - exhibieran sus pañuelos hasta lograr con voces que la presidencia otorgara el trofeo. Con el sexto la cosa fue otro cantar más difícil porque cuando "El Juli", que se había lucido sobrado con capote, volvió a negarse a banderillear se armó la tremolina y hasta tuvo que escuchar insultos. Ajeno a la bronca y a pesar de que el toro se había caído dos veces, se empleó a fondo a sabiendas de la clase que tenía el animal y, poco a poco, remontó el mal ambiente con paciencia y temple que exhibió con virtuosismo. Otra estocada efectiva supuso la paz y, aunque no con todos conformes, llegó el triunfo.