FERIA DE NTRA SRA DE SAN LORENZO EN VALLADOLID

José Antonio del Moral

"EL JULI", GRAVEMENTE HERIDO TRAS SALVAR UN MOJADO Y DESGRACIADO FESTEJO

EL PERCANCE SE PRODUJO AL FINAL DE SU GRAN FAENA AL SEXTO TORO DE NÚÑEZ DEL CUVILLO, UNO DE LOS CUATRO QUE EMBISTIERON CON POSIBILIDADES. OTRO FUE A LAS MANOS DE CESAR RINCÓN QUE, OTRA VEZ, REAPARECIÓ SIN SITIO Y MERMADO DE FACULTADES. LOS DOS MEJORES LE CAYERON EN DESGRACIA AL INCREÍBLE SUSTITUTO DE "EL CID", UN "LUGULLANO" INCAPAZ Y ATURDIDO QUE LOS DESPROVECHÓ SIN DISIMULOS

Valladolid. Plaza del paseo Zorrilla. 9 de septiembre de 2005. Quinta de feria. Tarde nublada e intermitentemente lluviosa con casi lleno. Seis toros desigualmente presentados de Núñez del Cuvillo que, asimismo, dieron muy dispar juego entre los mansos y deslucidos como el primero, los muy flojos como el tercero y los más enteros y manejables como segundo, cuarto, quinto y sexto. Cesar Rincón (marino y oro): Bajonazo fulminante, silencio. Tres pinchazos y estocada corta, palmas. "Luguillano" (negro y oro): Estocada baja, palmas. Pinchazo, otro hondo y estocada, pitos que volvió a recibir al abandonar el ruedo entre almohadillazos. "El Juli" (nazareno y oro): Estocada, silencio. Estocada caída, dos orejas pasando a la enfermería donde fue intervenido de una grave cornada de 20 centímetros en el muslo derecho. Los trofeos los paseó su cuadrilla entre clamores.

La que, sobre el papel, se anunciaba como corrida estrella de la feria resultó ser la más desgraciada e inesperadamente triste por la grave cornada que recibió "El Juli" al abusar de su fácil y desbordante maestría cuando, finalmente, había conseguido salvar la tarde con la única faena importante que pudo disfrutar el paciente y remojado público. Tarde de lluvia que incomodó a los toreros y a los espectadores. Y pésima primera parte del festejo, con un lamentablemente desbordado Cesar Rincón sin facultades ni sitio frente al difícil toro que abrió plaza, un incapaz y trapacero Luguillano que desaprovechó el posible segundo toro y un empeñoso "Juli" frente a un noble aunque inválido tercero que desesperó a la parroquia.

Aunque con la salida del más entero cuarto toro pareció que la jornada tomaba cierto vuelo, solo fue en apariencia porque Cesar Rincón ni logró ser remedo de sí mismo. Lo que pudo ser y no fue porque el colombiano, otra vez reaparecido tras sus varios percances, no debería exponerse más sin estar completamente restablecido – cuestión ya harto difícil - so pena de sufrir otra cogida con peores o incluso con terribles consecuencias. La indudable raza de gran figura que nunca abandonará a Cesar unida a sus mermadas facultades físicas y a la consiguiente falta de confianza en sí mismo le pueden llevar a una catástrofe que en absoluto deseamos al maestro. Puede que de haber matado bien al cuarto toro hubiera cortado una oreja. Pero dio pena verle tan inseguro y a merced de sus propias carencias.

Más pena y hasta indignación nos produjo "Luguillano" que, aturdido con el quinto, mandó asesinarlo en varas y no lo quiso ver tras un brillante tercio de banderillas a cargo de su ocasional peón "El Chano". Por muy paisano que sea, elegirle como sustituto de "El Cid" fue un abuso y un dislate. La gente, además, se lo tomó a chacota jaleando sus exagerados intentos de torear tan tenso, deslavazado y retorcido como un viejo sarmiento. Que "Luguillano" siga aún en activo es un desatino. Contratarle, un despropósito.

Menos mal que "El Juli" puso remedio al enorme fiasco con una actuación realmente magnífica frente al sexto toro con el que, una vez más en esta temporada, dejó constancia de su ya madura maestría. Magisterio que desde hace ya varios días y allá donde actúe sin distinción de plazas viene exhibiendo con tan aplastante autoridad que quizá llevado por su ardor juvenil – aunque parezca un veterano incluso envejecido todavía es un niño – abuse de los toros y de sí mismo en la creencia de gozar un estado de irreal inviolabilidad. Nada menos cierto como, desgraciadamente, pudo comprobar ayer. Los toros, por muy dominados que parezcan estar, siempre pueden herir y hasta matar, Y así, en el gratuito postre de una faena ya terminada, fue como cayó herido "El Juli" repentina e inesperadamente alcanzado por el toro que lo levantó prendido por un muslo sin que el percance pareciera en principio lo que de seguido fue. Sangría abundante, torniquete, y Julián dispuesto a matar estando gravemente herido, cosa que logró al primer envite para, una vez cumplida la heroica misión, dejarse llevar a la enfermería sin importarle los trofeos que a la postre paseó su cuadrilla. Otra lección más del joven gran torero que, además, viene a dejar en entredicho las intolerables campañas que estos días sufre la Fiesta en un programa de televisión. ¿Será suficiente que caiga tan gran figura como tantos otros antes para que se deje de maldecir y maltratar la profesión más honrosa que existe en el mundo?.