José Antonio del Moral

FERIA DE LA VIRGEN DE SAN LORENZO EN VALLADOLID

 

UNA BUENA FAENA DE MANOLO SÁNCHEZ Y TODO LO DEMÁS PARA EL GATO

 

El veterano espada vallisoletano cortó las dos orejas del cuarto toro de Zalduendo, el único con presencia y enterizo del muy desigual envío en el que los tres primeros fueron en todo y por todo de pitiminí y más cuajados los siguientes aunque el quinto apenas embistió tras ser fuertemente castigado en varas y el sexto terminó echándose entre las protestas del público que apenas superó la mitad del aforo, la peor entrada de la feria pese a la presencia de Cayetano, que naufragó en su presentación, y de Julio Benítez, sustituto de Manzanares.

 

Valladolid. Plaza del paseo Zorrilla. 15 de septiembre de 2007. Séptima de feria. Tarde muy calurosa con algo más de media entrada. Seis toros de Zalduendo, muy desigualmente presentados. Los preciosos e ínfimos tres primeros, de vitrina. Y los siguientes más cuajados, con más trapío el cuarto que el cornigordo que hizo de quinto y el terciadito con cara que cerró el festejo. Todos nobles sin apenas fuerza – el último sin ninguna – y en general sin casta salvo el más entero y mejor cuarto, único decente del encierro. Manolo Sánchez (negro y oro): Dos pinchazos, estocada, otra tendida caída y dos descabellos, palmas. Casi entera trasera, dos orejas. Salió a hombros. Cayetano (grana y oro): Estocada casi entera, palmas. Bajonazo muy trasero, otra agresión sin clavar y atravesada que hizo guardia, silencio tras leve división. Julio Benítez El Cordobés (blanco y oro): Casi entera trasera y dos descabellos, palmas. Pinchazo y media estocada, bronca por el desastroso final del pobre festejo.

 

El único protagonista feliz de esta especie de corrida de toros sin apenas toros fue Manolo Sánchez que logró redondear una templada y en parte mecida faena al cuarto, el único que resistió la lidia y embistió repitiendo a la muleta del vallisoletano, elegante en sus maneras como cada vez que se muestra a gusto. Un espadazo muy trasero de rápidos efectos propició la nutrida petición de dos orejas que enseguida fueron concedidas sin que entremos en quitar méritos a la segunda porque en esta misma feria se han dado también dos por faenas bastante peores.

 

Y todo lo demás, para el gato. Lo digo, porque los tres primeros toros parecían gatitos de peluche. Preciosos, como para llevarlos a casa y colocarlos en una vitrina o encima de la chimenea. Insisto en el término despreciativo porque, además de chicos, no tuvieron casta ni fuerza. El primero permitió a Manolo Sánchez dar algunos redondos tan lentos como faltos de la más mínima emoción. El segundo perdió las manos en los tres tercios y Cayetano solo pudo intentarlo, dejando los pases de pecho como únicas suertes a tener en cuenta por su empaque.

 

El más voluminoso aunque en nada agresivo de cuerna quinto, le apretó para dentro a Cayetano en el recibo de capa y para que el matador no se asustara, su picador lo masacró en el largo puyazo que le pegó, quedando el animal para el arrastre. Se paró y Cayetano solo pudo fabricar posturas aflamencadas en los cites hasta que, ya quieto por completo el animal, se puso delante de la cara del toro muy descarado intentando complacer al público que ya había empezado a impacientarse. Perfilado desde muy lejos para matar, dejó primero un sablazo trasero y muy bajo, luego agredió sin clavar imagino por resbalar la espada en una banderilla y, finalmente, otro sablazo que introdujo atravesado haciendo guardia

 

La corrida acabó de aún peor manera con un sexto completamente inválido que terminó por echarse en plena faena de Julio Benítez logrando los peones que se levantara tras más de dos minutos infructuosos. Muerto al menos pronto el moribundo animal, la gente dio rienda suelta a su enfado.

 

Enfado que deberían haber mostrado mucho antes. Tanta tolerancia con estas estrellas que ahora padecemos – Cayetano y el divino de Galapagar sobre todos – tarde o temprano suele acabar en escándalo. Pero al menos Tomás abarrota las plazas y a las empresas no les queda más remedio que tragar con sus imposiciones. Pero que al inevitablemente declinante Cayetano, tanto en cuanto a fuerza taquillera se refiere como a sus nulos avances profesionales, le traigan corridas como la de ayer para que no se asuste, no solo es una burla sino muy perjudicial para el interesado que, a este paso, dudo que pueda alcanzar la gloria que busca. Si es que la quiere encontrar en serio y no mediante esta especie de corridas que van a terminar por arruinar su carrera antes de lo que él mismo supone.