José Antonio del Moral

FERIA DE LA VIRGEN DE SAN LORENZO EN VALLADOLID

 

OTRO INEXPLICABLE EMPATE EN TARDE COMPLETAMENTE GRIS

 

Oreja por coleta para El Juli, Talavante y el local Raúl Alonso que tomó tardía alternativa. El peor lote de la muy desigual corrida de Núñez del Cuvillo le correspondió al madrileño. El más potable al extremeño. Y el único toro realmente bueno, el de su doctorado, al vallisoletano que cerró la tarde con una emotiva aunque torpe faena premiada tras pinchazo e incompleta estocada. La oreja que cortó El Juli la ganó tras matar muy bien al pésimo cuarto con el que anduvo empeñoso (con el imposible segundo nada pudo hacer). Y la de Talavante del manejable quinto, tras certera estocada y un largo trasteo absolutamente mediocre. Al más noble segundo, lo dejó escapar. 

 

Valladolid. Plaza del Paseo Zorrilla. 13 de septiembre de 2007. Quinta de feria. Tarde nublada, en principio bochornosa con gotas de lluvia intermitente en la segunda mitad del festejo. Dos tercios de entrada. Seis toros de Núñez del Cuvillo, desigualmente presentados y varios en juego dentro de su escasez de fuerza. Salvo el más completo y dócil primero, un encierro francamente deslucido aunque los toros tercero, quinto y sexto se dejaron hacer más que el imposible segundo y el mular cuarto. El Juli (prusia y oro): Estocada trasera caída algo atravesada, silencio. Buena estocada, oreja. Alejandro Talavante (malva y oro): Pinchazo y media, ambas a toro arrancado, petición insuficiente y ovación. Estocada, oreja tras petición no mayoritaria. Tomó la alternativa Raúl Alonso (añil y oro con cabos y remates rojos): Dos pinchazos y estocada caída, ovación. Pinchazo y casi entera, oreja. Destacó en banderillas Emilio Romo.  

 

La inmensa mayoría de los espectadores que actualmente asisten a las corridas de toros que se celebran en las ferias provinciales de este país todavía llamado España, pagan lo que cuestan las entradas para pasarlo bien y como la única señal que tienen para distinguir el divertimento del aburrimiento son las orejas, basta que los toreros maten pronto y si lo hacen bien, mejor, para que se líen a pedir trofeos sin entrar en cualquier otra consideración y, por supuesto, sin establecer diferencias entre la calidad o el mérito de unas faenas u otras aunque, en determinados casos, los diestros locales siempre son favorecidos – esto ocurrió siempre en casi todas partes – como también los que ponen de moda los medios de difusión. Esta temporada, de modo arrebatador cada vez que actúan el divino José Tomás, en menor medida el guaperas Cayetano y, no digamos, los llamados toreros mediáticos, Manuel Díaz y Rivera Ordóñez, quienes, por cierto, son los que ahora mismo están liderando el escalafón aún sin haber pisado casi ninguno de los ruedos más determinantes e importantes porque hay gente para todo. Absentismo en el que, mira por donde, coinciden los más irresistibles Tomás y Cayetano ante los que, cada vez que torean, se bajan las bragas o los calzoncillos hasta los más temibles comentaristas políticos.

 

Ya habrán comprobado los lectores que cuanto digo tuvo lugar anteayer en Salamanca con dádivas de paso añadidas para El Fundi y El Capea, compañeros de Tomás en el fausto y abundantemente triunfal acontecimiento, y en menor cuantía en  la feria que estamos cubriendo de Valladolid como ayer mismo sucedió en la corrida que ocupa esta crónica. Una tarde más de esas en las que los pocos buenos aficionados salimos aburridos y echando pestes pese a que se cortaron tres orejas repartidas entre la terna de actuantes. Y es que así está esto y quien no lo quiera reconocer que se quede en casa.

 

Como ya estamos acostumbrados a la insignificancia del ganado que se lidia en casi todas las plazas de segunda, nada que decir al respecto de la presentación de la desigual corrida de Núñez del Cuvillo en la que, tanto por aspecto como por comportamiento, hubo de todo aunque más malo que bueno. El mejor toro le correspondió al ya muy maduro mozo local, Raúl Alonso, precisamente el que le sirvió para doctorarse, Y los peores a su padrino, El Juli, que compareció sustituyendo al desgraciadamente lesionado Enrique Ponce. Alonso acreditó tanto con el primer toro como con el sexto que está muy toreado en el campo, que sabe lo que se hace groseramente hablando y hasta que es más ducho en la materia taúrica que muchos de los que figuran en las ferias aunque, en verdad, carezca de condiciones digamos escénicas para llevarlo a cabo de modo más presentable. Perdió con la espada triunfar con el excelente primero al que toreó decentemente aunque sin maneras y cortó oreja de paisanaje con el más cuajado sexto ante el que se la jugó siendo revolcado en un par de ocasiones lo que emocionó vivamente a sus paisanos.

 

Ya he dicho que a El Juli le tocó bailar con la más fea. Horrible, imposible el segundo toro, y mular el cuarto del que cortó la primera oreja barata e intrascendente del festejo gracias al buen espadazo con que lo liquidó tras medio meterle en su muleta para que nadie pudiera poner en duda su destreza.

 

Si Talavante hubiera matado al tercer toro como al quinto, seguro que hubiera cortado dos. Pero ambas irrelevantes. Muy por bajo del mencionado tercero, Talavante volvió a ser el del día anterior. El Talavante que sobreactúa sin sentir por dentro lo que pretende vender. El Talavante que no cesa de mirar al callejón pidiendo consejos a su singular apoderado. El Talavante que torea despegado, a media altura, medio firme y casi siempre deslavazado, lánguido, ajeno a lo que está haciendo. El Talavante en suma que no tiene nada que ver con el torero que, a veces, nos conmocionó. Y con el quinto, la suma de trapazos más abundante en lo que llevamos de temporada. Verlo para creerlo. Y más increíble aún la oreja que le dieron.