José Aº del Moral

jadmpc@terra.es

 7ª DE LA FERIA DE SAN JAIME EN VALENCIA

IMPORTANTE, COMPLETO Y TRIUNFAL CESAR JIMÉNEZ

CUAJÓ LA MEJOR FAENA DE LA FERIA AL ÚNICO "ZALDUENDO" CON CLASE, ANDUVO MUY POR ENCIMA DEL TERCER ZAMBOMBO DEL MUY DESIGUAL LOTE, CORTÓ DOS OREJAS Y SALIÓ A HOMBROS MIENTRAS PONCE, TEMPLADO Y VALENTÍSIMO, SALVÓ SU RANGO SIN TRIUNFAR Y DÁMASO GONZÁLEZ SE MOSTRÓ PATÉTICO E IMPOTENTE

 

LA OPINION DE

QUIEN DICE

LO QUE PIENSA

Valencia. Plaza de la calle Xátiva. 25 de julio de 2003. Séptima de feria. Calor sofocante y tres cuartos de entrada. Seis toros de "Zalduendo" en intolerable escalera con tres correctos y tres bastísimos por sobrepesados, feos de hechuras y conalones. Solamente el más en tipo tercero tuvo tanta nobleza como clase aunque justo de fuerza, de la que todos escasearon además de mansear sin raza alguna, destacando entre los peores el sexto por más manejable. Dámaso González (lirio y oro): Siete pinchazos, media tendida y tres descabellos, pitos. Pinchazo al hilo de las tablas, bajonazo de igual guisa y descabello, pitos. Enrique Ponce (amapola y oro): Pinchazo hondo y descabello, gran ovación. Estocada baja, gran ovación. Cesar Jiménez (blanco y oro): Gran estocada, dos orejas. Dos pinchazos y casi entera desprendida, vuelta y salida a hombros. Bien en palos Antonio Tejero y "El Chano", y estupendo en la brega Mariano de la Viña.

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Todo llega en esta vida como ayer pudieron vivir los tres matadores participantes en una de las corridas más atractivas de esta feria. No llenaron la plaza Dámaso González, Enrique Ponce y Cesar Jiménez porque este año aquí no llena nadie, pero cada cual cumplió con distinta suerte y circunstancias. El más veterano, otrora uno de los toreros más templados y valientes de la historia, preso de una situación tan lamentable como calamitosa. ¿Qué pinta, qué pretende Dámaso en esta, espero, postrera reaparición si no cuenta con un mínimo de posibilidades físicas ni anímicas para enfrentarse a un par de toros como los que le correspondieron?. Fue patético verle hasta las trancas, ordenando que mataran a sus dos toros en el caballo, dimitiendo de la lidia que entregó a sus peones, toreando desde las antípodas y pasando las de Caín con la espada. Ninguno de sus dos toros facilitó las cosas que Dámaso todavía puede hacer siempre y cuando las reses se comporten con inocentes intenciones. Pero como en la Valencia taurina de este caluroso julio parece que los veterinarios no quieren admitir reses en tipo, se encontró con un enorme animal de "Zalduendo" que nada tuvo que ver con lo que esta ganadería debe lidiar y se asustó a sabiendas de su impotencia. También con el más bonito cuarto, uno de los que fueron aprobados y que en otro momento hubiera sido lidiado por Dámaso a favor y no en contra como ayer, hasta convertirlo en imposible después de dos puyazos tremebundos.

Al contrario que Dámaso, Ponce mandó a su gran picador Antonio Saavedra que se limitara a señalar con la puya al segundo tras comprobar en sus maravillosos lances de recibo que el animal no iba a tener fuerza. La tuvo menos aún de lo que pensó el valenciano y por eso su templadísimo trasteo apenas fue tenido en cuenta por la gente, aquí siempre a la espera de que Ponce dé el campanazo y salga de una vez a hombros por trigésima vez. La vigésimo novena fue hace cuatro años y, por unas razones o por otras, no hay manera de que complete la mágica treintena. Lo que no me explico ni creo que el mismo matador tampoco, es porqué tuvo que matar en quinto lugar un toro que parecía el del aguardiente con un pitón derecho que parecía un puñalón y unas hechuras para enviarlo a correr por las calles. !Qué vergüenza, Fernando Domecq, traer este toro para que lo matara en Valencia tu fiel amigo Enrique Ponce!. Si no tenías más toros en tipo para una plaza de primera, no se viene y en paz. !Qué vergüenza, señores veterinarios, veedores y apoderados, admitirlo!. !Qué vergüenza la empresa que lo compró y qué dislate del propio matador que lo consintió a todos!. El bendito Ponce encajó el envite con el valor y el sentido de la responsabilidad que le viene distinguiendo desde que irrumpió en la fiesta y se jugó la cornada para sacarle lo que pudo. Mucho para lo poco o nada que el marrajo llevaba dentro. El público se lo agradeció al gran torero con una cicatera ovación. ¿Para cuando una estatua a Ponce en la plaza del Ayuntamiento?.

En esas - menos mal -, el muy joven y tierno Cesar Jiménez brindó a Ponce su faena al sexto, otro zambombo impropio que se dejó más que los tres que remendaron el lote inicial, y le homenajeó como el de Chiva se merece, haciéndole el honor con sabiduría precoz, valor arcangélico y exquisito temple. Muy por encima de este toro anduvo Jiménez, demostrando sus privilegiadas condiciones para ser muy pronto figura indispensable. Como también lo había confirmado con el único buen toro de la corrida, el tercero, al que César toreó de capa y de muleta con tanto sentido del espectáculo como del toreo más sublime. La gran faena tuvo dos inicios: uno con tres pases cambiados con la derecha que ligó en los medios a otros tantos de pecho sin moverse, y otro inmediatamente después arrodillado por redondos eternos. Con ambas aperturas puso Cesar la plaza boca abajo y la siguió poniendo a largo y ancho del trasteo, realmente espléndido sobre ambas manos hasta matar de una estocada contundente que le aupó a la mayor cima de esta feria. Va a ser muy difícil que nadie lo iguale y que le quite a Jiménez el premio al triunfador del ciclo. Aparte la distinción, creo que esta actuación de Cesar Jiménez en Valencia fue la más importante de su segunda temporada de matador y la que confirma su ascenso a la primera fila del toreo. !Enhorabuena!.