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José Aº del Moral |
6ª DE LA FERIA DE SAN JAIME EN VALENCIA GRAN FAENA DE "JESULÍN" Y OTRA EMOTIVA DE "EL CALIFA" AL DE UBRIQUE SOLO LE DIERON UNA OREJA Y AL DE XÁTIVA INCLUSO LE PIDIERON LA SEGUNDA POR UN TRASTEO DE MENOR ENTIDAD Y NIVEL EN UNA DESIGUAL Y GRANDULLONA CORRIDA DE SAMUEL FLORES EN LA QUE RIVERA ORDÓÑEZ NO TUVO SUERTE NI SALIÓ BIEN LIBRADO |
LA OPINION DE QUIEN DICE LO QUE PIENSA |
Valencia. Plaza de la calle Xátiva. 24 de julio de 2003. Sexta de feria. Calor con ligeras rachas de viento y dos tercios de entrada. Siete toros de los dos hierros de Samuel Flores, incluido el sobrero que sustituyó al segundo, devuelto nada más salir al ruedo por caer tras andar descordinado. De enorme aunque desigual envergadura y varios en juego, destacando por mejores el encastado tercero y el más noble cuarto. Los demás presentaron diversos problemas por mansos y desrazados y algunos como el primero por muy peligroso. "Jesulín de Ubrique" (añil y oro): Estocada corta tendida caída y ocho descabellos, ligeros pitos. Estocada, oreja. Francisco Rivera Ordóñez (corinto y oro): Tres pinchazos y tres descabellos, aviso y silencio tras leve división. Estocada y descabello, silencio. José Pacheco "El Califa" (blanco y oro): Pinchazo y estocada, oreja y petición de otra. Dos pinchazos y media estocada, palmas.
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Los valencianos se enfadaron más de la cuenta con "Jesulín" incapaces de reconocer el enorme peligro del primer toro de Samuel Flores. El de Ubrique intentó pasarlo de capa y de muleta infructuosamente y tardó en matarlo con el descabello tras hábil espadazo que no fue suficiente. Después y con el cuarto toro que fue, con mucho, el más noble de la corrida, "Jesulín" llevó a cabo la mejor faena de la tarde, un gran trasteo en el que el temple, la firmeza y la intensa ligazón de los muletazos demostraron la confianza del torero en su conocida destreza aunque quizá se echara de menos que vendiera la mercancía con más desparpajo y con la alegría que "Jesulín" derrochaba en sus años mozos poniendo al personal al borde de un ataque de nervios. Algo a lo que, al parecer, ha renunciado el de Ubrique en su intención de mostrarse más serio y formal. Sea como fuere, la faena en sí misma mereció mayor premio que la solitaria oreja que le dieron. Sobre todo si comparamos esta labor con la llevada a cabo por "El Califa" en el toro anterior.
Más bravo en el caballo y también el más encastado este animal, "El Califa" - que fue recibido con una ovación en cuanto salió al recibirlo con el capote - se mostró muy dispuesto y valiente en las verónicas de saludo, hizo un quite por fáciles navarras, brindó la faena al público desde los medios, allí mismo la inició con un electrizante pase cambiado aguantando una barbaridad el galopante viaje del toro desde las tablas para continuar con la mano derecha en sucesivas aunque cortas tandas por redondos. Unas por arriba, otras por bajo, no todas templadas aunque siempre emocionantes porque el toro le acosó varias veces y más cuando intentó torear al natural sin conseguirlo limpiamente. El toro trasmitió peligro y "El Califa" cierta inseguridad, circunstancias que pusieron al público más de parte del torero que del toro. Un pinchazo no preocupó a nadie y menos tras la estocada que recetó inmediata y contundentemente. Rodó el toro a los pies del torero y éste saltó de alegría. En el sexto, "El Califa" intentó repetir el triunfo en busca de la puerta grande pero no lo consiguió. El toro careció del celo de su anterior y José Pacheco falló más de la cuenta con la espada. No obstante, volvió a lucirse con el capote e insistió con la muleta que esta vez no pudo brillar ni emocionar tanto porque el bicho fue parándose a medida que avanzaba el trasteo. De todas formas, de haber metido la espada a la primera, seguro que "El Califa" habría logrado su propósito aunque no merecidamente.
A Rivera Ordóñez le tocó bailar con la más fea. Manejable aunque difícil su primer toro, aguantó con mucha decisión las primeras embestidas altas del toro con la capa y le echó la muleta abajo en la primera parte de la faena hasta el punto que pareció someterlo. Pero un repentino parón del bicho alertó a Rivera y le hizo desistir, momento en que el trasteo perdió interés. Mal con la espada, hasta escuchó un aviso. Con el quinto, manso, blandorro, soso y con guasa, Rivera no se confió lo más mínimo aunque lo mató pronto, evitando que el público le recriminase no haberse esforzado.