FERIA DE SAN JAIME EN VALENCIA
José Antonio del Moral
APOTEOSIS CIRCUNSTANCIAL
DOS RESES ASARDINADAS DE "EL PILAR" QUE ENFADARON MUCHO AL PÚBLICO, ABRIERON UNA TARDE LUEGO EXAGERADAMENTE TRIUNFAL EN LA QUE LOS TOROS TERCERO Y CUARTO RESULTARON ESTUPENDOS. "EL CID" POR NOVEDOSO Y CESAR RINCÓN POR RESULTAR COGIDO Y MALTRECHO LES CORTARON DOS OREJAS PESE A SUS BAJOS ESPADAZOS. Y OTRAS DOS "EL JULI" DEL MEDIOCRE QUINTO PARA QUE PUDIERA ACOMPÑARALES EN LA SALIDA A HOMBROS, MAS OTRA DE REGALO PARA "EL CID" DEL FLOJO Y DESLUCIDO SEXTO POR OTRA FAENA SIMPLEMENTE EMPEEÑOSA QUE TERMINÓ CON BAJONAZO
Valencia. Plaza de la calle Xátiva. 20 de julio de 2005. Quinta de feria. Tarde calurosa con brisa y dos tercios largos de entrada. Seis toros de "El Pilar", muy desigualmente presentados. Inaceptables por abueyados y flacones primero y segundo y más cuajados los demás. Nobles en distintos grados de fuerza, destacando por más bravos y encastados el tercero al que se dio la vuelta al ruedo y, sobre todo, el imponente cuarto. Quinto y sexto se defendieron por su falta de energía. Cesar Rincón (blanco y oro): Estocada caída fulminante. Silencio. Pinchazo recibiendo y estocada baja recibiendo, dos orejas pasando a la enfermería donde le atendieron de golpes en las piernas. "El Juli" (amapola y oro): Estocada, división de opiniones. Media fulminante, dos orejas ligeramente protestada la segunda. "El Cid" (crinto y oro): Estocada trasera caída, dos orejas. Estocada baja, oreja. "El Juli" y "El Cid" salieron a hombros.
Y en la quinta de feria llegó la vencida como si en Valencia nos estuvieran esperando. Una vencida triunfal para todos los participantes que celebramos como los que estuvieron en los tendidos de la hermosa plaza de la Calle Xátiva que hirvió como en sus mejores tardes tras un inicio realmente mosqueante con dos toros abueyados tan asardinados y flacones que nadie se explica cómo fueron admitidos por los veterinarios en el reconocimiento. El primero, para colmo sin fuerza, embistió descompuesto, lo que impidió componerse a Cesar Rincón que terminó desbordado. Con el segundo, más potable y posible en las manos de "El Juli", el público se puso tan a la contra del toro que a Julián no le cupo otro remedio que dar precipitado fin a una faena francamente bien concebida e iniciada. Y cuando parecía que la tarde se iba a convertir en un desastre inapelable, salta el tercero – más aparente, con más carnes y mejor hecho respecto a sus hermanos anteriores – y "El Cid" se enfrenta al burel resuelto por verónicas y media con las que cambia el mal rumbo de la corrida, inmediatamente después cuajada en general apoteosis.
Del enfado se pasó al dispendio en un da igual ocho que ochenta porque en situación normal y a pesar de que esta plaza de Valencia siempre fue muy alegre y dadivosa, bastó que los matadores acertaran al primer envite para que los pañuelos abundaran en tal cantidad y frenesí que al presidente no le cupo más remedio que rendir los suyos. Por eso resulta obligado matizar el triunfo de los tres para que al menos quienes nos lean se hagan una idea de lo que realmente ocurrrió.
Gran toro el tercero que contrastó radicalmente con los anteriores. Y "El Cid" en ese "Cid" de 2005, su año de gracia, dando rienda suelta al su larga muleta , a sus largos brazos, a sus larguísimos pases que los de provincias reconocen e identifican enseguida con los que vieron al de Salteras por televisión en el abril sevillano y en el mayo isidril. Desbordada la alegría en tal identificación, poco importó que la estocada de Manuel Jesús cayera donde cayó. Dos orejas y vuelta parta el toro en un desideratum de traca muy mediterránea.
Pero es que el cuarto fue aún mejor. Por presencia, por esencia y por potencia. Se le cruzó apretado para dentro a Cesar Rincón en su recibo de capa pero no en la faena que el colombiano fue desgranando de menor a mayor empeño y aciertos a medida que fue confiándose y centrándose. Tanto que, tras una tanda colosal recitada desde lejos en su arranque, Rincón le dio la espalda al toro perdiéndole la cara y el animal se le vino encima con furor hasta alcanzarle de lleno y dejarle maltrecho. Medio repuesto, prosiguió la faena hasta matar al segundo envite en la suerte de recibir, cosa que unida a la emoción por el gesto del torero, terminó con otras dos orejas de circunstancial factura.
Y puestos a que los esportones se llenaran, otras dos inaceptables para "El Juli" quien, aún estando muy por encima del mediocre quinto, no pudo alcanzar las altas cotas toreras que hubieran justificado el regalo de la segunda. Pero claro, la gente ya desbordada no quería ni imaginar que "El Juli" saliera de la plaza a pie. Y para remate, otro regalo más para "El Cid" con el flojísimo sexto tras un desigual y en gran parte destemplado trasteo que el año que viene no le dará opción alguna a ser premiado. Sobre todo tras los enganchones con que ensució sus adornos y el bajonazo con que despenó el último capítulo.