José Antonio del Moral
TEMPORADA 2006
UBEDA: JOSELITO TRIUNFA COMO GANADERO Y APODERADO DE CESAR JIMÉNEZ. Y MANZANARES, CADA DÍA MEJOR
Cuatro de los seis toros resultaron excelentes. Uno de ellos, el segundo, debió ser indultado aunque le premiaron con vuelta al ruedo tras la completísima y vibrante actuación de César Jiménez que cortó un rabo. Muy feliz la penúltima tarde de Dávila Miura con el mejor lote en conjunto. Y magnífico el joven Manzanares con los dos peores toros del encierro demostrando estar dotado y preparado para ser máxima figura del toreo. Los tres espadas y el mayoral de la ganadería salieron a hombros.
Hace exactamente diez y ocho años que José Miguel Arroyo y su padre adoptivo, Enrique Martín Arranz, decidieron hacerse ganaderos de reses bravas. Tan largo periodo de tiempo y, muy especialmente, desde que Joselito está retirado, les ha servido para que la vacada haya terminado por dar excelentes resultados. La camada de este año no solo ha sido amplia, también realmente extraordinaria y tanto los encierros destinados a plazas de primera categoría como los de segunda y de tercera.
Aunque esto de los distintos tamaños de las reses según la categoría de las plazas suele ser un grave inconveniente para el comportamiento de los toros, no es el caso de esta ganadería, consagrada ya como una de las mejores de España. Este año, distinguida además como una de las favoritas junto con la indiscutiblemente triunfadora de Zalduendo. El equilibrio que han logrado Joselito y Martín Arranz entre la raza, la bravura, la casta, la fuerza y la nobleza ha sido verdaderamente prodigioso y, aunque como es lógico y natural, no todas las reses han dado el mismo juego, hasta los peores al menos han tenido un fondo de nobleza más o menos difícil de obtener en función del valor y de la destreza de los toreros que se han puesto delante de ellos.
En la corrida que ayer lidiaron en Ubeda, cuatro de los seis toros fueron de alta nota, dos de ellos sobresalientes, segundo y cuarto, y uno de vacas, precisamente el bravísimo segundo, de nombre Sedero. Le correspondió en suerte a César Jiménez y le cortó el rabo tras muy larga y completísima labor a lo largo de su brillante y crecida lidia en los tres tercios. Jiménez volvió a demostrar su acreditada capacidad y tanto con el capote, que manejó con preciosa y ajustada variedad, como con la muleta, con valor y destreza incuestionables a la par que con firmeza y temple de elegido. Otro torero joven que con solo cuatro años de alternativa parece un veterano y consumado maestro. Y al que le pique, que se rasque. Porque César Jiménez también es uno de los odiados y negados permanentemente por no pocos.
Depurado a la par que decantado su estilo conforme a los consejos que está recibiendo de su director artístico y co-apoderado, precisamente Joselito, Cesar sacó a relucir el gran valor que atesora - el toro embistió como un disparo hasta que, muy tarde, se cansó - y se hartó materialmente de torear con inequívoca firmeza, temple e intensidad hasta que algunos espectadores empezaron a pedir que se le perdonara la vida a tan magnífico ejemplar. César hizo un leve gesto hacia la presidencia requiriendo el perdón de su oponente mientras se perfilaba para entrar a matar en vez de seguir toreando más espaciado para así intentar convencer al palco para que ordenara el indulto del toro. Y como la presidencia no le hizo caso, decidió matarlo con atinada precisión y efectividad. Fue el único fallo de Jiménez quizá por la educación y el sentido del respeto a la autoridad que le distingue. Y es que hay ocasiones en las que la picardía es necesaria.
Jiménez volvió a triunfar con el buen quinto aunque no en tan alto grado por pinchar, como asimismo Dávila Miura que tuvo en conjunto el mejor lote y a fe que lo aprovechó en su muy feliz y penúltima tarde de su vida dentro de sus conocidas limitaciones. Merece Eduardo que estas despedidas le salgan a pedir boca por su hombría de bien y acreditada educación. Ojalá que el próximo 12 de octubre lo consiga también en Sevilla donde tiene anunciada su definitiva despedida. Por cierto en compañía de José María Manzanares que en esta crónica merece punto y aparte.
Si anteayer en Algeciras fue autor de una faena digna de recordar por la traza catedralicia propia de su cada vez más acreditado estilo imperial, en las dos de Ubeda sacó a relucir el valor y la inteligencia que también adornan al hijo mayor del maestro. Suele quejarse el joven Manzanares de la poca suerte que está teniendo en los sorteos en esta campaña de transfiguración y consolidación definitivas y es lógico que en tardes como las de ayer envidie a sus colegas a sabiendas de lo que él hubiera sido capaz de hacer con los cuatro toros que le correspondieron. Sin embargo, no debe desesperar porque es precisamente con toros como el mansote tercero y con el aún peor sexto con los que Jose Mari da la gran dimensión que ya tiene en estos primeros tiempos de su posible próximo mandato en el toreo. Eso aparte lo que para su experiencia supondrá tener que resolver su arte frente a reses complicadas. ¿Qué no será después capaz de hacer a las mejores cuando le salgan?. Armar verdaderos alborotos.
Porque de su estilazo, de su porte aristocrático, de ese torear siempre meciéndose elegantemente acompasado y despacioso, siempre acompañando con la cintura el viaje de los toros y, ahora que anda arrancado, además denodadamente comprometido en los cites, soberbio en los arranques de cada muletazo, soberano en los centros de cada suerte y arcangélico en los remates, ya sabíamos. Pero lo que todavía muchos desconocían es su natural gran valor y, consecuentemente, su capacidad de pensar delante de la cara de los toros y, por tanto, de resolver problemas sin abandonar nunca el aroma que desprende su carísima expresión torera que desparrama sereno e inagotable en cuanto se mueve o anda sin necesidad alguna de venderla porque sabe que la lleva dentro, le es propia y nuca le abandona.
Estamos ante un torero de tan grandes y completas dimensiones que hasta ni él mismo se da cuenta todavía de a donde puede llegar si persiste en su empeño y no decae su ánimo. Viendo estas dos tardes seguidas al joven Manzanares - por cierto ambas televisadas en directo con lo que ello supone para la enorme repercusión de sus éxitos - pensaba yo en qué tiene que envidiar a los que tanto ruido han hecho en los medios esta temporada. Nada. Muy pronto serán los favoritos de las paginas rosas y de los grandes reportajes quienes tendrán que mirarse en este nuevo y grandioso torero de Alicante y hasta quizá ni hallarán lugar para envidiarlo, sencillamente porque no le llegan ni a la suela de las zapatillas.