TEMPORADA 2005

José Antonio del Moral

URGE FORMAR NUEVOS AFICIONADOS

SOBRE TODO EN PLAZAS COMO LA DE SANTANDER, MODELO DE GESTIÓN PÚBLICA AUNQUE TODAVÍA NECESITADA DE UNA AFICIÓN PROPIA QUE DÉ MAYOR CARÁCTER A SU FERIA YA INSTALADA COMO UNA DE LAS MÁS ATRACTIVAS DE LA TEMPORADA

Desde hace ya varios años venimos observando la falta de verdaderos aficionados en las plazas. Resulta cada vez más frecuente comprobar como las reacciones de los públicos ante el hecho taurino carecen de los matices que distinguen a las aficiones verdaderamente entendidas y solventes. Salvo en plazas como las de Sevilla – y no en todas sus corridas - , Jerez, El Puerto de Santa María, Málaga, Huelva, Almería y pocas más entre las del Sur mas las norteñas de Azpeitia y de Bilbao durante su semana grande, pocas son las que se salvan al respecto. La de Madrid, "primera plaza del mundo", hace ya tiempo que se convirtió en insufrible recinto de espectáculos generalmente aburridos que únicamente en su feria isidril se hace soportable aunque no por lo que acontece en su ruedo sino por la cantidad de gente que a diario convierte Las Ventas en un inmenso bar de copas donde unos y otros presumen de estar presentes sin que a la mayoría de los espectadores les importen un comino toros y toreros. Consecuentemente a lo que ocurre en Madrid y dada la influencia que tal estado de cosas tiene en el resto de las plazas españolas – no hablo de las francesas porque en esto como en tantas cosas más, los vecinos galos nos dan sopas con honda -, no hay más que asistir a las ferias del verano para darse cuenta de lo que digo.

Acabamos de comprobarlo en la ejemplar feria de Santander. Y digo ejemplar por lo que supone su modélica gestión pública que ha logrado convertir su feria de julio en uno de los ciclos veraniegos más importantes de la temporada. Acabamos de comprobarlo, digo, por lo que su afición no se corresponde en calidad a la cantidad de gente que llena su preciosa plaza cada tarde. Gentes en su mayoría desconocedoras de lo que es el toreo y no digamos de lo que es un toro en su infinita variedad.

Solo así se puede entender que faenas de simple relumbrón sean tomadas como excelentes y a otras realmente mejores no se las valore lo más mínimo. Orejas que se piden y hasta se conceden sin merecimientos y otras que se niegan por desconocimiento en el que caen hasta los que presiden los festejos. Y es una pena. Porque en una plaza con tanto éxito como la de Santander debería haber un amplio núcleo de aficionados que la dieran aún mayor categoría a la alcanzada en resultados.

Una de las peñas más activas y prestigiosas de la ciudad cántabra, la de Felix Rodríguez – no da abasto ni es suficiente para formar esos aficionados que urge ocupen los escaños del coso de Cuatro Camino y hagan notar su solvencia. Muy recientemente ha sido creada y fundada una nueva peña formada por jóvenes universitarios admiradores de Enrique Ponce – por cierto, el menos querido de los que acuden cada año a la feria de Santander – con Sancho Michel de Diego a la cabeza y a ellos compete la misión que tanta falta hace: formar un muy numeroso grupo de nuevos aficionados que lideren e influyan en la mejora que ansiamos.

No estaría de más que tanto el Ayuntamiento, propietario de la plaza de toros, como el Gobierno Regional les ayuden en la tarea que les espera mediante subvenciones y apoyos varios porque del éxito o no de la misión que se disponen a emprender depende que en un próximo futuro la feria de Santander no sólo sea reclamo para los buenos aficionados de afuera que cada año acuden en mayor cantidad, sino una fuerza taurina exportable por sí misma a otros lugares más necesitados.