José Antonio del Moral

CONCLUSIONES SOBRE LA GRAN TEMPORADA 2005

PAISAJE TRANSITORIO DESPUÉS DE LA BATALLA

NÚÑEZ DEL CUVILLO, CEBADA, "TORRESTRELLA", "FUENTE YMBRO" Y "ZALDUENDO" A LA CABEZA DE LAS GANADERÍAS Y, EN GENERAL, MEJOR LOS TOROS QUE LOS TOREROS EN LA MAYORÍA DE LAS GRANDES FERIAS SALVO HONROSAS Y ESCASAS EXCEPCIONES. MUCHÍSIMOS ESPADAS CAYERON HERIDOS SIN DISTINCIÓN DE CATEGORÍAS EN UNA TEMPORADA SIN CLARO TRIUNFADOR. NUMÉRICAMENTE, LO FUE "EL FANDI" COMO INDISCUTIBLE Y DISTANCIADO LÍDER DEL ESCALAFÓN. ARTÍSTICAMENTE, DESTACÓ UN RESURRECTO Y SUBLIMADO MORANTE AUNQUE MÁS EN PLAZAS DEL SEGUNDO CIRCUITO QUE EN LAS EXIGENTES. CONTUNDENTE "EL JULI" DURANTE EL CORPUS CENTRAL DE SU CAMPAÑA MIENTRAS PALIDECÍA LA ESTRELLA DE CESAR RINCÓN TRAS INOPORTUNOS Y SUCESIVOS PERCANCES. ENRIQUE PONCE VIVIÓ LOS PRIMEROS SÍNTOMAS DE UNA AL PARECER INEVITABLE DECADENCIA POR SU IRRECUPERADA ESPADA Y LA TORPÍSIMA ADMINISTRACIÓN QUE TANTO LE PERJUDICA. NOTORIA MEJORÍA DE UN YA CUAJADO CESAR JIMÉNEZ PESE AL VETO DE ALGUNOS EMPRESARIOS. "EL CID" SE DISPARÓ HACIA LA CUMBRE EN SEVILLA Y EN MADRID PERO, POCO A POCO Y AUNQUE LOS PÚBLICOS LE SIGUIERON FIELES Y ÉL TRIUNFANDO, FUE DESINFLÁNDOSE AL TIEMPO QUE SEBASTIÁN CASTELLA ROMPÍA DEFINITIVAMENTE EN MÁS IMPORTANTE FIGURA. DE ENTRE LOS JÓVENES QUE DESTACARON EL AÑO ANTERIOR, SOLO RESPONDIERON A LAS EXPECTATIVAS MIGUEL ÁNGEL PERERA SEGUIDO POR SERAFÍN MARÍN. COMPÁS DE ESPERA PARA SALVADOR VEGA PESE A BAJAR MUCHOS ENTEROS. PADILLA Y FERRERA RENACIERON DENTRO DE SUS CARACTERISTICAS Y CASI TODOS LOS DEMÁS DECEPCIONARON O SE HUNDIERON. Y DOS REVELACIONES: SALVAROR CORTÉS Y EL NOVILLERO "CAYETANO"

EL TORO

Pese a los muchos temores que provocó el llamado mal de la "lengua azul", tanto los ganaderos como los empresarios – encomiable la dedicación de casi todos al respecto - lograron resolver el problema y la verdad es que los aficionados apenas lo notaron salvo en las plazas francesas que en su mayoría tuvieron que prescindir de los encastes allí más conocidos y apetecibles. Y no solo no lo notaron en España sino que gran parte del ganado lidiado en las principales ferias y plazas dio muy buen cuando no excelente juego con los altibajos inherentes a esta clase tan delicada de bovinos. Como siempre, unas ganaderías dieron mejor rendimiento que otras; y mientras algunas de las más importantes bajaron respecto a campañas anteriores – la de Victorino Martín como máximo ejemplo con una camada vulgar en la que destacaron sus dos indiscutibles victorias en Sevilla y San Sebastián y sus dos inapelables derrotas en Pamplona y en la madrileña Feria de Otoño -, otras subieron mucho, como fue el caso de las de Cebada y Núñez del Cuvillo. Ambas y salvando las diferencias que las separan, grandes triunfadoras del año junto a la casi siempre mantenida en lo alto de "Torrestrella", a la quizá más apetecida por las figuras de "Zalduendo" y a la más esperada de "Fuente Ymbro" que, por fin, lidió una amplia camada de cuatreños con magníficos resultados e incluso con algún indulto. También cabe anotar por su sensible mejora las de Samuel Flores y, mediada la campaña, la murubeña de "Capea", como por su bajón otra de las más importantes, la de Juan Pedro Domecq, que echó muy mala camada para lo que acostumbra. Bien aunque peor de lo que últimamente nos tenía acostumbrados la de "Jandilla". Y casi todas los demás, en situación más o menos estacionaria salvo la ya desgraciadamente calamitosa de Miura y, no digamos, la absolutamente indefendible de Pablo Romero.

Casi todos los toros lidiados en plazas de primera y de segunda tuvieron más fuerza que en años anteriores y en las cinco ferias más importantes – Fallas, Sevilla, San Isidro, Pamplona y Bilbao – prevaleció la casta y la bravura sobre la mansedumbre. Sobre todo en la Feria de Abril de Sevilla en la que casi todos los días se lidió al menos un toro digno de premio. Hacía tiempo que en la Maestranza no se lidiaban tantos toros con tan alta nota. La decisión que en Sevilla se tomó de que la autoridad y los veterinarios reconocieran en sus respectivas fincas el ganado elegido por tipo, fue como el bálsamo de Fierabrás. Que aprendan y lo apliquen todos los demás. Ya se venía haciendo así desde hace tiempo en Bilbao, con diferencia la sede más lujosa del toro en su máximo y más caro esplendor. Pero también hubo abusos empresariales en no pocos ruedos donde no se invirtió suficientemente en materia prima y bien que lo notaron sus respectivas ferias.

LOS TOREROS

Lo notaron, claro está, los toreros que más decepcionaron por más infradotados. Y menos los que anduvieron por encima de todo lo que les correspondió lidiar. Muy pocos estos últimos, hasta el punto que, para empezar con el análisis de la campaña por lo que respecta a los matadores, debamos reconocer que en líneas generales el ganado anduvo por encima de los coletudos. En muchísimas ocasiones tuvimos que lamentar que magníficos ejemplares se escaparon sin aprovechar como merecieron. En cualquier caso, se movieron mucho. Y esta mayor movilidad produjo deparó muchas cogidas, percances y cornadas. 2005 fue un año sangriento. Cayeron muchos toreros. Casi todos los famosos sin distinción de categorías. Desde los más modestos hasta las más grandes figuras. Un dato que favoreció a la Fiesta y desarmó a los que intentaron desprestigiarla.

Reproduzco los titulares del artículo que en su día publiqué sobre el panorama que presentaba la campaña 2005 antes de empezar y, en base a las expectativas que despertó aquél trabajo, entraremos en materia.

<<OTRO AÑO MÁS ENRIQUE PONCE Y "EL JULI" COMO MÀXIMAS FIGURAS. "EL FANDI", SALVADOR VEGA, MATÍAS TEJELA, MIGUEL ÁNGEL PERERA, SEBASTIÁN CASTELLA Y "EL CID", SE INCORPORAN A LA PRIMERA FILA COMO NUEVOS Y MÁS SÓLIDOS VALORES. JAVIER CONDE COMO ARTISTA MÁS SINGULAR Y CÉSAR JIMÉNEZ A LA ESPERA DE SU TARDÍA CONFIRMACIÓN EN MADRID. JOSÉ MARÍA MANZANARES PADRE Y CÉSAR RINCÓN GRANDES VETERANOS RESURRECTOS. RESISTE "FINITO DE CÓRDOBA" Y RESCATADOS AUNQUE CADA UNO POR SU LADO "JESULÍN" Y FRANCISCO RIVERA ORDÓÑEZ. SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA MANZANARES HIJO Y ENÉSIMA PARA UCEDA LEAL. MORBOSA INCÓGNITA CON MORANTE EN SU REAPARICIÓN. PRIMER AÑO DE PRUEBA EN SERIO PARA GALLO Y CAPEA JR. TRES NOVILLEROS CON ASCENDENCIA Y VITOLA: SANTIAGO AMBEL POSADA, JULIO BENÍTEZ Y "CAYETANO" RIVERA ORDÓÑEZ. MAS EL RESTO DE LA TROPA Y TODO EL MUNDILLO TEMBLANDO POR CÓMO EVOLUCIONE E INFLUYA EN EL GANADO DE LIDIA EL MAL DE LA "LENGUA AZUL">>

Como de esto último ya hemos hablado, hagámoslo sobre los toreros.

PONCE Y "EL JULI"

Enrique Ponce y "El Juli" continuaron en sus cimeros puestos. Pero con matices negativos para el valenciano y positivos para el madrileño. Ambos empezaron muy bien sus respectivas campañas aunque los dos se equivocaron con el ganado que eligieron para comparecer en Madrid. Olvidado el mal trago, "El Juli" aceleró seguro de que su nueva dimensión torera había sido definitivamente asumida por los públicos y así fue sumando triunfos y extraordinarias demostraciones de su poderío, de su infinita capacidad e incluso la perfección que alcanzó en algunas corridas como, por ejemplo, la que mató de los "Matilla" en Mont de Marsan, plaza en la que mejor le vi yo aunque la cumbre la alcanzó en la siempre importante y trascendental feria de Bilbao donde en tres tardes acabó con el cuadro pese a no cortar todas las orejas que debería haberle concedido la pertinazmente sectaria presidencia de Vista Alegre.

Los únicos lunares de "El Juli", ciertos e inoportunos fallos con la espada y un final sin suerte ni suficiente capacidad de reaccionar ante los imponderables. Tal, en la corrida de la Merced en Barcelona con Morante de la Puebla y con "El Fandi"; peor en su mano a mano con el mismo Morante en Valencia que nunca debió aceptar – casi siempre que los más poderosos accedieron a batirse en duelo con los grandes artistas, el público tomó incondicional partido por los más frágiles –; y muy triste en su última corrida de Zaragoza donde siempre arrasó para arreglarlo todo y esta vez le vimos ciertamente disgustado y aparentemente desfondado, creo que como consecuencia de los fiascos mediterráneos que acababa de sufrir. Que aprenda la lección y que si los grandes artistas desean repetir con él, que "El Juli" sea quien elija el ganado… Imponente, en puntas y muy encastado para que cuando a él le llegue el agua al cuello, los otros ya estén ahogados. ¿O no?.

Que es lo que, precisamente, siempre hizo Enrique Ponce para cargarse a todos y a cada uno de sus rivales por muy geniales que fueran - ¿verdad José Tomás? -. Pero este último año – nada menos que el decimoquinto como matador de toros en la cumbre – lo planteó Ponce en plan más cómodo de lo que nos tenía acostumbrados en cuanto al toro y a su presencia y casta, y tan comprensible error le fue pasando factura hasta el punto de empezar a sufrir los primeros síntomas de su decadencia profesional. Sobre todo a raíz de la inoportunísima cornada que sufrió en El Puerto de Santa María que le privó de torear en las ferias más sustanciales de agosto tanto en España como en Francia. Y más para Ponce, habitual gran triunfador y muy querido en Bilbao, Bayona y Dax.

Ello sin contar su irremediable espada – sin matar pronto y eficazmente a la mayoría de los toros es difícil por no decir imposible seguir ocupando el puesto de primera figura aunque todavía les siga cuajado grandiosas y hasta históricas faenas – con la que únicamente se confía cuando las reses obedecen con inequívoca fijeza por el pitón derecho e incluso tampoco así mata ya como Dios manda. Y para mayor y aún más costosa inconveniencia, el inaguantable trato que su apoderado y suegro, Victoriano Valencia – Juan Ruiz Palomares ya no cuenta salvo para ver los toros en el campo y ni siquiera… – sostiene sin enmienda con las empresas en su pertinaz deseo de que Enrique gane aún más dinero del que venía ganando – muchísimo pese a no haber tenido nunca fuerza en las taquillas - y, encima, que a su costa tengan que contratar a Miguel Abellán a quien apodera también el subsodicho. Cuestión ésta última que llegó al inadmisible límite de provocar la ausencia de Ponce en las fundamentales ferias septembrinas de Valladolid, Salamanca y Albacete, ciclos a los que nunca faltó el gran torero.

Un precedente nefasto de cara al próximo año ante el que ya se cruzan apuestas sobre quien cederá ante el propósito que algunas empresas y no pocos apoderados – incluidos algunos muy cercanos y cuasi familiares – tienen de cargarse a Ponce, y no por el torero al que todo el mundo adora, sino para dejar de soportar de una vez por todas a su suegro. O sea, obligar a retirarse al mejor torero del mundo para darle en las narices a Victoriano. Porque no creo que, consumada su impar carrera, Ponce acepte el trágala de seguir en activo asumiendo rebajas y encima tener que jugarse el pellejo todas las tardes para recuperar lo perdido con el terrible riesgo que ello supondría. Como para mear y no echar gota, por mucho que el propio Ponce haya intentado convencer a todo el mundo - empezando por mí - de que la razón de tales conflictos no tenía nada que ver con el increíble doble apoderamiento de su señor padre político. Ganas de engañarse a sí mismo o quizá de engañarnos a los que nunca nos dejaremos embaucar.

¡Menudo padre!. Aunque, a estas alturas de la película uno ya no sea capaz de distinguir lo verdadero de lo falso de un torero que como persona siempre me pareció un santo, la cosa ha llegado hasta el recado que Enrique me envió no hace mucho por medio de un amigo común advirtiéndome de que si yo seguía metiéndome con su familia, dejaría de saludarme. Con tu familia nunca, es con tu suegro y solo desde que tuvo la desvergüenza de apoderarte en su sempiterno anhelo de cargarse a quien, digan lo que digan, fue tu más grande y único mentor, Juan Ruiz Palomares, y de quedarse él solito con las comisiones.

Veremos, pues, en qué termina todo porque, con saludo o sin saludo, yo seguiré siendo fiel a mis propios principios y sentimientos porque nadie me podrá quitar jamás la independencia de criterio que tanto me ha costado mantener contra viento y marea incluyendo la para mí costosísima defensa que siempre hice de Ponce cuando casi nadie en la prensa nacional ni la mayoría de los aficionados puristas y más influyentes le quería ni admiraba. Y todo ello sin olvidar su penúltima y televisada corrida en Zaragoza de este año donde, por propio intento de reparar lo irreparable, lidió un corridón desesperado de "Valdefresno" con el que estuvo bien aunque, una vez más, perdió el triunfo con la espada.

 

"EL FANDI" A LA CABEZA DE UN ALTERADO ESCALAFÓN

Si observamos con detenimiento el escalafón de matadores de la temporada 2005 y los resultados correspondientes colocados en el orden correspondiente al número de corridas toreadas y trofeos logrados, tendremos que convenir que la realidad no siempre encajó este año con los números. Y no encaja por varias razones empezando por la que tanto influyó en las campañas de algunos matadores, diezmadas como consecuencia de las cogidas que sufrieron. Las otras razones son de otra índole como, por ejemplo, la que suele situar muy cerca de la cabecera de la lista a Manuel Díaz "El Cordobés (tercero con 65 corridas y 141 orejas), desde hace años campeón indiscutible en plazas de menor e ínfima categoría, tal y como Rivera Ordóñez (76 c, 80 o) en la campaña que nos ocupa y en la que ha terminado nada menos que como segundo en el ranking sin que los que seguimos la gran temporada le hayamos visto apenas y las pocas veces que lo vimos, casi nunca bien.

En mi caso, solo tengo anotada una actuación francamente satisfactoria de Rivera sin más reproche que su fallo con la espada, la de La Coruña. Aparte las polémicas por excesivas dos orejas que le cortó a un excepcional toro de "Jandilla" en Sevilla, mejor no hablar de sus desastrosas actuaciones en Fallas, Madrid y Bilbao. Rivera, sin embargo y además de la relativa fuerza que le dan sus frecuentes, discutidas y discutibles apariciones en los espacios rosas de las cadenas de televisión y del papel couché, parece que le ha venido de perlas reciclarse como matador banderillero, detalle en el que, si persistiera y perfeccionara, le convendría porque en lo demás sigue siendo un simple profesional ya avezado sin mayor interés que el de su personalidad como ser humano portador de tantas sangres ilustres y permanentemente perseguido por los medios.

Pero antes de seguir con los que aparecen en la lista después del hijo mayor de "Paquirri", hay que hacerlo de quien encabeza el escalafón de 2005 a más de treinta corridas de distancia del que le sigue y con más del doble de orejas cortadas en los festejos que sumó. Me refiero a David Fandila "El Fandi" (107 corridas, 208 orejas).

Pocas veces se habrá discrepado tanto de un torero tan amado y seguido por los públicos. Me honra, por ello, pertenecer desde mi afición y hasta desde el ejercicio de la crítica al inmenso grupo de los que le admiran y no al distinguidísimo sector de los que le niegan por sistema desde los púlpitos de las tribunas más o menos sagradas y desde los cenáculos de la afición más recalcitrante. Lo que no quiere decir que siempre esté de su parte en todo lo que hace.

Lo estoy siempre y lo seguiré estando por su indeclinable disposición, por su estricto sentido de la responsabilidad, en su permanente entrega, en su de sobra probado valor, en su innegable capacidad de trasmitir al público cuanto lleva a cabo, por su persistencia en aprender y mejorar en lo que se refiere al temple y al trazo como capotero desbordante y como todavía limitado muletero desde la humilde condición artística que en "El Fandi" dimana y hasta se agranda partiendo de sentimientos muy íntimos que derivan más de la excepcional destreza con la que actúa sin ayuda de dotes creativas, que de la creación de cosas bellas en sí mismas como acontece con los toreros que nacen agraciados por el don. Y, ¡cómo no!, por su más admirada faceta de banderillero superdotado e impar.

En mi opinión, el mejor de la historia con todos los respetos para quienes parearon excelsamente antes que el granadino. Afirmación que baso en su capacidad de hacerlo con toda clase de ganado y condición, en cualquier terreno, dando a los animales todas las ventajas y aunque los toros se le vengan como un ciclón o se le nieguen por completo, mientras que los muy cantados "maestros" que le precedieron, lo consiguieron únicamente frente a las reses muy propicias. Y ello sin hablar de sus dotes inventivas y hasta revolucionarias del segundo tercio en lo que, ni antes ni ahora, hubo ni hay quienes se le puedan acercar. "El Fandi", solo por esto, es el torero que más plazas ha puesto a revienta calderas y a los espectadores en pie de toda la temporada, incluidas las más exigentes y para él más difíciles como la de Madrid, donde le dispensan ese "odio" con que solamente en Las Ventas se trata a las figuras del toreo. Y es que "El Fandi" ya lo es por derecho propio y por su fuerza en las taquillas, tanta o más que la de los dos grandes, aunque todavía le falte mucho por llegar a lo que puede ser: No solo un excepcional matador banderillero, también un sobrado torero con capote y con muleta. Porque con la espada ya tiene más que demostrado su excelente condición.

Desde luego que en la muy importante temporada de "El Fandi" ha primado la cantidad sobre la calidad por el empeño que, sin duda, puso el torero en lograr lo que pretendía como pendiente reto de sumar más de 100 tardes y de duplicar esta cifra con más dos 200 orejas. Más pendiente de conseguirlo a costa de lo que fuera que de perfeccionarse, tampoco faltaron tardes verdaderamente trascendentales en las que "El Fandi" logró todo: Triunfar clamorosamente y demostrar que sabe torear tan bien y tan templado como los que más presumen de ello. Así, su primer triunfo en la Maestranza de Sevilla y, sobre todo, sus históricas actuaciones en Granada y en León.

La de Granada cuando se encerró con seis toros y a pesar de resultar gravemente herido por el tercero y tras ser intervenido en la enfermería durante más de media hora con anestesia local por propia voluntad, salió para matar las tres reses que faltaban y les cortó cinco orejas y un rabo. Para mí, esa es una las pocas corridas cumbres de este año por encima de otras muy celebradas de los demás toreros. Y la de León, corrida de ocho toros junto a Rincón, Ponce y "El Juli" en la que indultó un toro de "Zalduendo" y cortó cuatro orejas y un rabo plantando cara y venciendo a los espadas más selectos del escalafón.

Es de suponer y así se lo pedimos a "El Fandi" desde aquí, que la temporada próxima la encare con el propósito de serenar sus afanes de gloria y de números para que, sin abandonar nada de lo que le ha convertido en figura, consiga ralentizarse más y purificar más su muleta. Lo que estoy seguro logrará a poco que se mentalice y ponga todo la fuerza de que es capaz en tal intención.

LA CUESTA ARRIBA DE CASTELLA Y LA CUESTA ABAJO DE "EL CID"

Sebastián Castella (65 corridas, 62 orejas), terminó ocupando el cuarto lugar en el rankig. "El Cid", el noveno (59 festejos y 57 orejas) por culpa de sus varios percances, el último de ellos antes de torear la Goyesca de Ronda, en donde se resintió de una grave y reciente luxación en el brazo derecho que le obligó a cortar su temporada por lo que perdió todas las ferias de septiembre y octubre. También Castella cayó herido de gravedad, aunque mucho antes, en su única tarde de la Feria de Abril de Sevilla. Ambos, ya cosidos a cornadas, fueron los dos principales protagonistas del año aunque cada uno por su lado, con trayectorias muy distintas y finales asimismo opuestos. El sevillano empezó por todo lo alto y con todo a favor pero acabó bajo de forma, mermado de sitio y, por lesionado, en el dique seco. El francés, por el contrario, empezó en la cama y terminó cuajándose en figura y como máxima esperanza de cara al inmediato futuro.

Sebastián Castella lo consiguió incluso a pesar de su habitual mala suerte con el ganado. Casi ninguno de los toros que le correspondieron fueron fáciles y muchos casi imposibles. Anduvo por encima de todos. Pese a ello, en San Isidro la presidencia le quitó dos puertas grandes y en Otoño una oreja ganada en toda lid. Curiosamente y lo digo como síntoma característico que distingue a las figuras, Castella tuvo en contra a los del tendido 7 y a sus satélites "batasunos". Buena aunque incómoda señal de la que, por cierto, no disfruta "El Cid", torero gestualmente sumiso a los reventadores. Tomen nota los más estudiosos e interesados en el tema.

Una vez sobrepasado el rubicón isidril - ciclo del que Sebastián Castella salió en gran triunfador moral y reforzado - y con más suerte con el ganado en las ferias que siguieron, fue conquistando plaza a plaza con las faenas más comprometidas y emocionantes de toda la campaña. Algunas, verdaderos monumentos al toreo más caro de hacer en el que aunó valor, entrega, técnica, ajuste, quietud, intensidad y temple hasta convencer a todos los que le vieron destapar su misterio tan solo empañado a veces con la espada, lo que le privó de cortar muchas más orejas. Sorprendió a la mayoría de los aficionados. Castella, además, logró tapar los defectos de las reses en muchas de sus actuaciones, consecuentemente a su distinguida y precoz maestría. Memorables resultaron sus actuaciones más brillantes en como las de Pontevedra, Almería y San Sebastián de los Reyes. Y especialmente en Bayona y Nimes, plazas de las que salió coronado como el mejor de los toreros que ha dado Francia a lo largo de su historia.

Capítulo aparte merece, precisamente, la irresistible ascensión de Sebastián en su país natal, donde curiosamente había sido injustamente minusvalorado e incluso despreciado por parte de la crítica y por algunos empresarios a los que ha dejado en ridícula evidencia. A partir de ahora, será Castella quien disponga lo que quiera torear en las ferias galas y no las empresas ni sus empleados mediáticos que tanto le detestan. Y al que le pique, que se rasque. El crédito y todas las puertas del toreo están definitivamente abiertos para Sebastián Castella, la auténtica gran revelación de la pasada temporada en su todavía tierna juventud. Una feliz cuesta arriba en la que Sebastián subió todos los peldaños con desahogo y resultados cada vez más brillantes.

En un trayecto diametralmente inverso, Manuel Jesús Cid, "El Cid" arrancó este año viento en popa y a toda vela tras varias temporadas apuntando serias posibilidades de posible figura del toreo tan solo frenadas con sus pertinaces e inoportunos fallos con la espada. Se lo había ganado sin discusión en su meritísimo empeño de matar camadas enteras de Victorino Martín. Primero como imperiosa necesidad, dada su modestia profesional. Después, por puro y más fiel sentimiento a sus principios. Como ya podía, éste año decidió hacerlo solo en las plazas de primera categoría en las que, además, solió entrar anunciado junto a las máximas figuras y el detalle predispuso a la afición.

En Sevilla se disparó hacia la cumbre con una velocidad que no se veía desde hacía mucho tiempo. Aparte sus dos discutibles salidas por la Puerta del Príncipe – siempre lo fueron y lo seguirán siendo -, su gran faena con un difícil y muy encastado toro de Victorino en La Maestranza, fue quizá la obra más importante de toda la temporada. Pocos días después conquistó Madrid con otra gran faena a un excelente toro de "Alcurrucén" en la famosa tarde asimismo triunfal para Cesar Rincón. Y para rematar la cosa, a hombros en la Corrida de la Beneficencia. Otra Puerta Grande discutida y discutible aunque en indudable olor de multitudes, a partir de ese momento incondicionalmente volcadas con el torero de Salteras en todas partes, hiciera lo que hiciese.

Estado de gracia, pues, para "El Cid" con lo que tan favorable circunstancia lleva aparejado para bien y para mal. Porque si el favorecido no termina de creérselo y se aplica en repetir frecuentemente lo que le acaba de llevar a la cumbre, confirma un costoso aunque muy buen síntoma. Por el contrario, si el torero se confía, se aprovecha del favoritismo exacerbado del público y, en vez de persistir en su mejor versión, se tira por lo fácil, mal asunto.

Desgraciadamente, "El Cid" prefirió ir por el mal camino y aunque en tal o cual plaza volvió a repetir su versión más genuina del toreo, empezó a tirarse por lo fácil. Aunque siguió triunfando casi a diario, la irregularidad hizo su distorsionada aparición y, poco a poco, fue perdiendo fondo al tiempo que alterando sus magníficas formas. Para colmo, se metió – o le metieron - en la cabeza que tenía que adornar su sobrio y puro estilo, vender más ostensiblemente su mercancía. Craso error. Porque los adornos no le van para nada a "El Cid" ni, además, los sabe hacer y los resolvió con horribles y forzados ademanes. Peor aún sus sorprendentes, teatrales y achuladas salidas o mutis tras cada tanda mirando desafiante a los tendidos mientras se marcaba el paso de la oca. Todo un desproporcionado adefesio que, para más inri, casi nunca vino a cuento.

La última gran faena en versión marca de la casa que yo le vi a "El Cid" fue en la feria Burgos, donde por cierto también fue cogido por marear torpe e insensatamente la perdiz mientras se eternizaba buscando colocar al toro para entrarlo a matar en terrenos adecuados que no terminó de encontrar. Después de ese día previo a los Sanfermines y quizá por la cornada que acababa de sufrir – nada serio aunque por lo que ocurrió después, muy negativo - no volví a ver al gran "Cid" en ninguna otra plaza ni feria aunque en alguna ocasión se acercó a su mejor toreo con la izquierda como en la feria de Bilbao. Pero ya no era ni de lejos "El Cid" de Sevilla ni el mejor de Madrid.

Es verdad que su evidente y progresiva falta de sitio no le impidió seguir triunfando gracias al persistente apoyo de la mayoría de los públicos. Tan verdad como el cansancio que incluso se instaló en su semblante. Pendiente y anunciada desde marzo su encerrona en Sevilla con seis toros de distintas ganaderías y dado su decreciente estado anímico apenas sostenido por su incuestionable raza, lo mejor que pudo ocurrirle a "El Cid" fue no poder cumplir el arriesgado compromiso. El grave inconveniente de la luxación del codo de su brazo derecho que le obligó a cortar la campaña de raíz, fue el más triste y a la vez el más oportuno final de su cuesta abajo. Ese mejor mal que por bien no le venía destinado al torero de Salteras.

Lo que hace falta es que descanse, que se reponga y que medite. Todavía tiene una vuelta entera en figura por todos los confines. Será la próxima campaña cuando "El Cid" tendrá que pronunciar sus definitivas palabras.

LA CUESTA ARRIBA DE CASTELLA Y LA CUESTA ABAJO DE "EL CID"

Sebastián Castella (65 corridas, 62 orejas), terminó ocupando el cuarto lugar en el rankig. "El Cid", el noveno (59 festejos y 57 orejas) por culpa de sus varios percances, el último de ellos antes de torear la Goyesca de Ronda, en donde se resintió de una grave y reciente luxación en el brazo derecho que le obligó a cortar su temporada por lo que perdió todas las ferias de septiembre y octubre. También Castella cayó herido de gravedad, aunque mucho antes, en su única tarde de la Feria de Abril de Sevilla. Ambos, ya cosidos a cornadas, fueron los dos principales protagonistas del año aunque cada uno por su lado, con trayectorias muy distintas y finales asimismo opuestos. El sevillano empezó por todo lo alto y con todo a favor pero acabó bajo de forma, mermado de sitio y, por lesionado, en el dique seco. El francés, por el contrario, empezó en la cama y terminó cuajándose en figura y como máxima esperanza de cara al inmediato futuro.

Sebastián Castella lo consiguió incluso a pesar de su habitual mala suerte con el ganado. Casi ninguno de los toros que le correspondieron fueron fáciles y muchos casi imposibles. Anduvo por encima de todos. Pese a ello, en San Isidro la presidencia le quitó dos puertas grandes y en Otoño una oreja ganada en toda lid. Curiosamente y lo digo como síntoma característico que distingue a las figuras, Castella tuvo en contra a los del tendido 7 y a sus satélites "batasunos". Buena aunque incómoda señal de la que, por cierto, no disfruta "El Cid", torero gestualmente sumiso a los reventadores. Tomen nota los más estudiosos e interesados en el tema.

Una vez sobrepasado el rubicón isidril - ciclo del que Sebastián Castella salió en gran triunfador moral y reforzado - y con más suerte con el ganado en las ferias que siguieron, fue conquistando plaza a plaza con las faenas más comprometidas y emocionantes de toda la campaña. Algunas, verdaderos monumentos al toreo más caro de hacer en el que aunó valor, entrega, técnica, ajuste, quietud, intensidad y temple hasta convencer a todos los que le vieron destapar su misterio tan solo empañado a veces con la espada, lo que le privó de cortar muchas más orejas. Sorprendió a la mayoría de los aficionados. Castella, además, logró tapar los defectos de las reses en muchas de sus actuaciones, consecuentemente a su distinguida y precoz maestría. Memorables resultaron sus actuaciones más brillantes en como las de Pontevedra, Almería y San Sebastián de los Reyes. Y especialmente en Bayona y Nimes, plazas de las que salió coronado como el mejor de los toreros que ha dado Francia a lo largo de su historia.

Capítulo aparte merece, precisamente, la irresistible ascensión de Sebastián en su país natal, donde curiosamente había sido injustamente minusvalorado e incluso despreciado por parte de la crítica y por algunos empresarios a los que ha dejado en ridícula evidencia. A partir de ahora, será Castella quien disponga lo que quiera torear en las ferias galas y no las empresas ni sus empleados mediáticos que tanto le detestan. Y al que le pique, que se rasque. El crédito y todas las puertas del toreo están definitivamente abiertos para Sebastián Castella, la auténtica gran revelación de la pasada temporada en su todavía tierna juventud. Una feliz cuesta arriba en la que Sebastián subió todos los peldaños con desahogo y resultados cada vez más brillantes.

En un trayecto diametralmente inverso, Manuel Jesús Cid, "El Cid" arrancó este año viento en popa y a toda vela tras varias temporadas apuntando serias posibilidades de posible figura del toreo tan solo frenadas con sus pertinaces e inoportunos fallos con la espada. Se lo había ganado sin discusión en su meritísimo empeño de matar camadas enteras de Victorino Martín. Primero como imperiosa necesidad, dada su modestia profesional. Después, por puro y más fiel sentimiento a sus principios. Como ya podía, éste año decidió hacerlo solo en las plazas de primera categoría en las que, además, solió entrar anunciado junto a las máximas figuras y el detalle predispuso a la afición.

En Sevilla se disparó hacia la cumbre con una velocidad que no se veía desde hacía mucho tiempo. Aparte sus dos discutibles salidas por la Puerta del Príncipe – siempre lo fueron y lo seguirán siendo -, su gran faena con un difícil y muy encastado toro de Victorino en La Maestranza, fue quizá la obra más importante de toda la temporada. Pocos días después conquistó Madrid con otra gran faena a un excelente toro de "Alcurrucén" en la famosa tarde asimismo triunfal para Cesar Rincón. Y para rematar la cosa, a hombros en la Corrida de la Beneficencia. Otra Puerta Grande discutida y discutible aunque en indudable olor de multitudes, a partir de ese momento incondicionalmente volcadas con el torero de Salteras en todas partes, hiciera lo que hiciese.

Estado de gracia, pues, para "El Cid" con lo que tan favorable circunstancia lleva aparejado para bien y para mal. Porque si el favorecido no termina de creérselo y se aplica en repetir frecuentemente lo que le acaba de llevar a la cumbre, confirma un costoso aunque muy buen síntoma. Por el contrario, si el torero se confía, se aprovecha del favoritismo exacerbado del público y, en vez de persistir en su mejor versión, se tira por lo fácil, mal asunto.

Desgraciadamente, "El Cid" prefirió ir por el mal camino y aunque en tal o cual plaza volvió a repetir su versión más genuina del toreo, empezó a tirarse por lo fácil. Aunque siguió triunfando casi a diario, la irregularidad hizo su distorsionada aparición y, poco a poco, fue perdiendo fondo al tiempo que alterando sus magníficas formas. Para colmo, se metió – o le metieron - en la cabeza que tenía que adornar su sobrio y puro estilo, vender más ostensiblemente su mercancía. Craso error. Porque los adornos no le van para nada a "El Cid" ni, además, los sabe hacer y los resolvió con horribles y forzados ademanes. Peor aún sus sorprendentes, teatrales y achuladas salidas o mutis tras cada tanda mirando desafiante a los tendidos mientras se marcaba el paso de la oca. Todo un desproporcionado adefesio que, para más inri, casi nunca vino a cuento.

La última gran faena en versión marca de la casa que yo le vi a "El Cid" fue en la feria Burgos, donde por cierto también fue cogido por marear torpe e insensatamente la perdiz mientras se eternizaba buscando colocar al toro para entrarlo a matar en terrenos adecuados que no terminó de encontrar. Después de ese día previo a los Sanfermines y quizá por la cornada que acababa de sufrir – nada serio aunque por lo que ocurrió después, muy negativo - no volví a ver al gran "Cid" en ninguna otra plaza ni feria aunque en alguna ocasión se acercó a su mejor toreo con la izquierda como en la feria de Bilbao. Pero ya no era ni de lejos "El Cid" de Sevilla ni el mejor de Madrid.

Es verdad que su evidente y progresiva falta de sitio no le impidió seguir triunfando gracias al persistente apoyo de la mayoría de los públicos. Tan verdad como el cansancio que incluso se instaló en su semblante. Pendiente y anunciada desde marzo su encerrona en Sevilla con seis toros de distintas ganaderías y dado su decreciente estado anímico apenas sostenido por su incuestionable raza, lo mejor que pudo ocurrirle a "El Cid" fue no poder cumplir el arriesgado compromiso. El grave inconveniente de la luxación del codo de su brazo derecho que le obligó a cortar la campaña de raíz, fue el más triste y a la vez el más oportuno final de su cuesta abajo. Ese mejor mal que por bien no le venía destinado al torero de Salteras.

Lo que hace falta es que descanse, que se reponga y que medite. Todavía tiene una vuelta entera en figura por todos los confines. Será la próxima campaña cuando "El Cid" tendrá que pronunciar sus definitivas palabras.

CÉSAR JIMÉNEZ, BASTANTE MEJOR QUE LA MAYORÍA DE LOS QUE MÁS TOREARON ESTE AÑO

Y sin embargo, ocupó el muy retrasado lugar 19º en el escalafón. Se conoce que algunas empresas no aceptaron las condiciones de Cesar Jiménez tras cambiar su administración y decidieron prescindir de quien, al fin y al cabo, tanto habían contratado en las campañas anteriores. Increíble injusticia porque, independientemente de su estilo, César Jiménez ya había demostrado con creces lo muy capaz que era, merecía un sustancial aumento en sus ganancias y, a la postre, este año ha estado aún mejor de lo que solía. Más cuajado y ya casi nada afectado dentro su pulcro y distinguido estilo en absoluto exento de entrega, valor, inteligencia, temple y bella resolución gracias a lo cual siguió siendo un torero eminentemente regular en el triunfo y, por ende, más aplomado y consistente. Bastante más y mejor torero que la mayoría de los que más corridas sumaron este año.

Que en casi todas las ferias organizadas por los hermanos Chopera, por ejemplo más notorio, el público haya tenido que tragar en carteles de máxima categoría a Antonio Barrera y Eduardo Gallo mientras que nunca hayan podido ver a Cesar Jiménez, fue un atentado a la fiesta que espero corrijan cuanto antes por la responsabilidad que les incumbe. Y más en estos momentos en los que los buenos toreros – esto es, los verdaderamente capaces - no abundan. Sorprendió también, por lo mismo, lo que de Cesar Jiménez se ha escrito el pasado verano en importantes tribunas que se han pasado años apoyando incondicionalmente a toreros tan malos como Uceda Leal que esta temporada tocó el fondo a donde le ha llevado su absoluta incapacidad tantas veces denunciada por mí como en casi todas sus calamitosas actuaciones demostrada por el propio diestro. Es increíble por no decir vergonzoso que en una prestigiosa tribuna de prensa se cometan tantas tropelías por la dependencia y/o amistad de su crítico con ciertos empresarios tan cercanos a Uceda como enemigos de Jiménez. A propósito de tan manifiesta injusticia, comentemos la situación de varios de los que superaron a Cesar Jiménez en número de festejos y la de algunos que le siguieron. Entre todos han configurado las ferias este año aunque no siempre con merecimiento. Los empresarios deberían apartar de una vez a tanto incapaz y a tanto gandul para que los carteles feriales fueran más atractivos e ilusionantes.

Aparte los ya aludidos en este resumen: Rivera Ordóñez y Manuel Díaz – sonroja compararles con Jiménez – en quinto lugar de la lista figura el llamado "ciclón de Jerez, Juan José Padilla (62c, 58o), quien tras revitalizarse indultando un "victorino" en San Sebastián, a poco termina con la seriedad de Bilbao y al final con el mismísimo Ponce en su increíble mano a mano de Dax. Y tras el "ciclón", el ya inevitablemente periférico e ignorado en los grandes escenarios pese su octavo lugar "Jesulín de Ubrique"(6oc, 83o) y es que así esta esto; décimo Antonio Ferrera (56c, 129o), otro que tal baila cual "Padilla de los pobres" se ha ganado continuar en el machito en el 2006; el inapelablemente frustrado y undécimo Eduardo Gallo (54c, 42o), ya desplumado por completo; el caso totalmente aparte y esta campaña bastante alicaído y duodécimo Javier Conde (51c, 58o); el inefable Víctor Puerto (48c,142o) que sigue encantado de haberse conocido sin que ello repercuta en mejoras de ninguna clase ni especie desde el decimotercer puesto; el incombustible "motorista" murciano Pepín Liria (48c, 69o) en decimocuarto lugar. Y hacemos un alto por la singularidad de quienes anteceden más de cerca de César Jiménez: Morante (48c, 42o), Miguel Ángel Perera (46c, 44o), Salvador Vega (45c, 40o) y Serafín Marín (44c, 40 o). Cuatro que sí merecen seguir figurando y a Dios gracias.

El sevillano de La Puebla del Río merece comentario especial porque reapareció con más ganas y con más sitio que nunca hasta el punto de que, aparte torear con más perfecto arte que nadie haya soñado jamás, no lo hizo con la rapidez que solía, sino mucho más despacio. De ahí los alborotos que formó y lo loca que volvió a la gente. Todo un curso de privilegiadas antologías con el capote y con la muleta gracias también al plan que el propio torero decidió: nada de cantidades y nada de torazos enormes. Por eso, cuando se asomó a las plazas de primera, sus picadores se pasaron de la raya y los morantistas tuvieron que inventarse faenas "inexplicables" ante toros que se le fueron desde el punto de vista profesional. Así en Barcelona y en Valencia en sus dos últimas corridas. Si el próximo año no comete el error de pedir el oro y el moro en Sevilla, acepta un par de tardes en La Maestranza y cuaja al menos una de sus maravillosas faenas las de Jerez y Granada, Canorea tendrá que envainársela definitivamente ante Morante. Medite entonces el gran artista si le merece la pena quedarse otra vez fuera de la que debería ser su plaza para siempre...

Y otro punto y aparte para Miguel Ángel Perera por haber sido el único que casi dio toda la razón a los que el año anterior tanto le apoyaron como inminente figura. Tardó bastante Perera en pisar el acelerador hasta el fondo y por eso no rompió hasta más de mediada la temporada, logrando el do de pecho en Azpeitia, un verdadero alboroto en Murcia donde indultó un toro de su amigo Ricardo Gallardo, y el muy caro refrendo en Las Ventas de Otoño donde cortó una oreja a sangre y fuego por lo que hay que seguir esperándole y deseando que se cuaje por completo.

Aunque el malagueño Salvador Vega no dio su talla, también hay que abrirle un paréntesis y esperarle una temporada más a ver si se sacude los miasmas que le han dejado en menos de la mitad de artista y de torero debería ser y lo es en su más intrincado fondo. Solo de él depende su carrera.

Respecto al catalán Serafín Marín, hay que reconocer sus grandes progresos y lo gloriosamente mal que les vino su irrupción a sus paisanos nacionalistas a quienes Dios tenga pronto en su Santa Gloria por el bien de España y del toreo. Serafín cuajó una gran tarde en la feria de Sevilla y los sevillanos se dieron por enterados. Cosa nada fácil de lograr. Luego pasó con mucha dignidad por Las Ventas y cuajó una campaña salpicada de altibajos en los que lo bueno superó a lo no tan bueno sin que Serafín se librara – como todos - de la consiguiente cogida que le tuvo apartado de los ruedos más tiempo de la cuenta.

De los que torearon menos que César Jiménez, apenas ninguno más merece comentario detenido ni largo y menos exclusivo salvo el colombiano Cesar Rincón (36c, 17o) al que la mala suerte y los percances le persiguieron después de su memorable "canto del cisne" en San Isidro, feria de la que fue declarado máximo triunfador. Tras la desgraciada cogida que sufrió en la feria de Julio de Valencia y su reacción posterior que le valió otro gran éxito, Rincón tuvo que luchar contra todo y resistir sin apenas resuello para superar las muchas pruebas que le fueron llegando. Un verdadero tormento ya a destiempo que al maestro de Bogotá no debería ni intentar una vez superada su grave enfermedad, por edad y por gobierno ya imposible de repetir y menos de sostener.

Y respecto a los demás, ¿qué decir del hijo de Manzanares (43c, 36o) ya casi desahuciado pese a poseer el "don". Caso el suyo opuesto al del hijo de "Capea". Pedro Gutiérrez (33c, 36o) sin duda valiente, se sabe la técnica de "pe" a "pa" y quiere ser torero con toda su alma. Pero no está dotado para ser más de lo que es: una verdadera y calamitosa pena porque, si sigue, terminará amargado y eso no puede ser porque es un chaval estupendo. En cambio, Jose Mari, que también es un gran chico, tiene todo lo que es necesario para ser un gran torero pero a él no le da la gana serlo por activa ni por pasiva que es en lo que anda perdiendo la oportunidad y el tiempo mientras su padre desespera e intenta enseñarle en sus esporádicas y muy sacrificadas apariciones todavía vestido de luces y, en alguna ocasión, sacando brillo o dando esplendor a los detalles más enjundiosos del toreo eterno que como nadie practicó en sus mejores tiempos. Pero sigamos aunque Canales Rivera bastante hizo con ganar el concurso de televisión.

Entonces, ¿dejamos que pase Luis Miguel Encabo?. Que pase, porque es bastante mejor muletero que don Luis Francisco Esplá, dicho sea con todos los respetos y este año ha dado muy buenas tardes como la última de Zaragoza que ahí quedó. ¿Que pase el ya eterno burgués de la torería andante y disfrutadora de placeres varios, don Juan Serrano Pineda "Finito de Córdoba"?. Que pase también aunque con ciertos reparos por ser otro al que siempre hay que esperar por si alguna tarde le da la real gana de arrimarse aunque ya es hora de que piense en el adiós y este año ha estado casi ausente tras su rotura del peroné al bajar del AVE en la estación de la que pudo ser su sede califal.

Y, ¡alto!. ¿Ni uno más? Bueno, dejemos pasar también al siempre respetable luchador trasmutado en maestro "El Fundi. Quizá también al precozmente diluido Matías Tejela pese a dejarse escapar la mayor parte de los buenos toros que para su desgracia le correspondieron en la mayoría de las ferias donde actuó este año y solo por el morbo de ver cómo le arregla o no su nuevo apoderado, José Luis Marca. Y, cómo no, puertas muy abiertas para un sevillano que andaba por ahí perdido hasta que se reveló en la Maestranza abrileña y luego en casi todas las plazas donde le llamaron: Salvador Cortés. Otro de los pocos a los que hay que tener en cuenta y muy presente en la próxima campaña.

En estas, oigo quejarse a Victoriano Valencia pidiendo que no olvidemos a su Miguel Abellán. Y yo le respondo que sería mejor para todos que Abellán se buscara otro apoderado menos peligroso.

Finalmente, los novilleros. ¿En qué quedaron los tres favoritos que antes de empezar la temporada anuncié serían gente de seguro futuro?. Pues

que Santiago Ambél Posada se dejó ir algunos excelentes novillos en Sevilla y en Madrid por lo que se vio forzado a volver a empezar cuando la campaña decaía. Muy bien de nuevo en Palencia, bien sin más en Bilbao, magnífico en Valladolid… y, año nuevo, vida nueva.

Que el hijo pequeño de "El Cordobés", al que tuve la suerte de ver a tope de valor y de quietud en Castellón y en Alicante, en nada o en casi nada se pareció a sí mismo en la mayoría de las otras plazas que pisó por lo que dejó libre el camino, o mejor dicho, una verdadera autopista a ya famoso "Cayetano". La gran aunque en su caso tardía revelación novilleril de 2005. Si el nieto de Antonio Ordoñez – su más cara referencia - repite el año que viene en Fallas, en Sevilla y en Madrid, lo que le vimos en su debut en Bilbao y profundiza más en ello, muchos otros toreros – la mayoría – tendrán que apretarse los machos en cuanto tome la alternativa.

Y ahora permítanme que les deje en paz, aunque solo sean tres días. Los justos para llegar y aclimatarme en mi querida y desde aquí lejana Lima. Desde allí les seguiré contando lo que suceda en la histórica y hermosísima plaza de Acho donde este año se celebra su 60 Feria del Señor de Los Milagros al que imploro gracia para mis muchos amigos de allá y de acá y protección de mis muchísimos enemigos de acá y de allá. ¡Qué le vamos a hacer queridos todos!. Aún sigo teniendo vida y salud para continuar dando tantos disgustos como también satisfacciones a través de mis portales de internet de donde nadie puede echarme como lo hicieron de tantos otros sitios aunque os duela y mucho que lo siento. Gracias a todos.