TEMPORADA 2005

José Antonio del Moral

¿PARA QUÉ TANTOS AÑOS DE CRÍTICA REGENERACIONISTA E INTEGRISTA?

LA RECIENTE DEFUNCIÓN DEL DESPRECIABLE SUJETO QUE EN SUS DÍAS EJERCIÓ LA CRÍTICA TAURINA DESDE LA INFAMIA Y LOS INSULTOS AL TIEMPO QUE TRINCABA A QUIEN QUISIERA COMPRARLE, HA COMPLETADO LA DESAPARICIÓN DE LA TERNA DE CRONISTAS QUE MÁS DAÑO HICIERON A LA FIESTA EN SU EQUIVOCADO PROPÓSITO DE REGENERAR EL TORO Y EL TOREO DURANTE UNAS ÉPOCAS QUE, AL CABO DEL TIEMPO, AHORA TODOS RECONOCEN COMO LAS MÁS BRILLANTES Y PROLÍFICAS DE LA HISTORIA DEL TOREO

Viendo lidiar la terciada y estupenda corrida de Cebada en la recientemente celebrada feria de Logroño, no pude por menos que alegrarme de volver a ver toros en tipo en su nueva plaza y lamentar a donde había llegado la otrora fantástica feria de San Mateo durante los muchos años que imperó la moda del toro grande ande o no ande y de la lidia utópica estilo tentadero que impusieron unos cuantos con el crítico que acaba de morir a la cabeza, imitado por otros que, bien por desconocimiento o por simple afán de notoriedad cuando no de lucro, contribuyeron a destruir el espíritu más característico de varias plazas de toros con la de Las Ventas de Madrid como máximo ejemplo y, por el momento, mayor víctima de tanto desafuero pese al gran negocio que todavía suponen los éxitos del fracaso que la han convertido en el escenario taurino más apetecible del orbe al tiempo del más aburrido.

Qué más quisieron entonces algunos empresarios - por no decir casi todos - que agarrarse al utópico y equivocado concepto que proponía como beneficiosas y más legítimas opciones las que dimanaban de un toro casi cinqueño, desproporcionado y en casi nada armónico para sustituir las reses ni siquiera cuatreñas o apenas cumplidas – digan lo que digan, edad ideal en cuanto a fortaleza y resistencia del ganado bravo - que se venían lidiando hasta llegado el primer año de la década de los 70 en el que, desdichadamente, los becerros empezaron a herrarse con el número de marras – el 9 fue el primero y "¿después del 9, qué?" como en su momento afirmara tan atinadamente don Atanasio Fernández – y que, una vez cumplidas las tres hierbas y media, las engordaban precipitada y artificialmente para que pudieran ser admitidas por los nuevos sectores integristas que se fueron formando e instalando en muchas plazas al socaire de las tremebundas crónicas y de los alocados cuando no alcoholizados coloquios, muchos de ellos para mayor escarnio organizados por los mismos empresarios para calmar el ansia de los predicadores de tan falsas como utópicas purezas.

Las empresas se agarraron a la nueva moda con la misma o mayor pasión que los falaces predicadores, sencilla y llanamente porque les salía mucho más barato que comprar corridas seleccionadas de las mejores ganaderías y bastante más barato aún contratar en ostensible mayor número a los toreros menos llamativos que a las figuras, a sabiendas de que la "nueva" crítica cantaba más gustosamente a los malos toreros que a los buenos. De ahí surgieron los abultados, carísimos y en su mayoría insoportables abonos que todavía padecemos y la inflación que tan gravemente aqueja a la Fiesta. ¿O no?.

De tanto desatino, solo queda el recuerdo de los que lo sufrimos, incluso como víctimas, como bien podrían comprobar quienes lo deseen en colecciones y hemerotecas varias. Podríamos reproducir muchas crónicas y artículos de entonces y dejar a todo el mundo boquiabierto en su lectura. Un día no lejano habrá que hacerlo. Pero por poner un solo ejemplo, baste recordar cómo pusieron los tres críticos ya difuntos a Francisco Rivera "Paquirri" la tarde en que cuajó en Madrid al bravísimo toro "Buenasuerte" de "Torrestrella". Le pusieron a parir. Sí, sí, a parir pese al memorable y ya histórico triunfo que logró el gran torero de Barbate en aquel San Isidro de 1979 en el que, para mayor inri, "Buenasuerte" no fue distinguido en los premios oficiales como el toro más bravo del ciclo – que lo fue -, sino otro animal llamado "Capitán", de Hernández Plá. Un toro que se durmió en el peto y luego dio pésimo juego en la muleta. Vamos, que no dio ninguno porque se paró como una estatua en el último tercio.

Pero claro, entonces los tres ya difuntos cronistas todavía campaban juntos, en franca unión y hasta pactaban campañas en cenas compartidas tan alegre como frecuentemente. "Tu y yo somos el "Joselito" y el Belmonte de la crítica" le dijo un día el más joven al recientemente fallecido. Campaban juntos los tres críticos ya difuntos, digo, aunque con el tiempo hasta se odiaron tras morderse cual víboras revueltas en el mismo cesto cuando comprobaron que la cosa se les había ido sus propias manos. El primero de los tres que partió al otro mundo se arrepintió públicamente una vez instalado en su postrer tribuna. Pero el mal ya estaba hecho y, encima, brutalmente amplificado por el más fiel seguidor del trío. Fue quien, a la postre, mejor se aprovechó del dislate. Aún sigue llevándoselo crudo en cantidades industriales desde varios medios de toda clase y condición porque, sin haber sido nunca aficionado ni importarle los toros un comino, siempre fue mucho más listo. También el más sinvergüenza además de impar camaleónico y cínico integral. Jamás conocí a nadie en la crítica que cambiara más de chaqueta durante tanto tiempo en función de sus propias y sucesivas conveniencias. Ora trincón de cola, ora terrible intransigente, ora de nuevo bandido, ora aparentemente buen chico, ora sorprendentemente duro, ora complaciente con la situación… Y lo que venga.

Pero, ¿para qué tantos años de crítica falsamente regeneracionista e integrista?. ¿Para qué tanto coloquio denunciador y escandaloso?. ¿De qué han servido tantas guerras y tanto negocio inconfesable?. De nada. Para nada. La fiesta sigue y sigue por cierto bastante peor de lo que estaba cuando los tres ya difuntos y su más vivo seguidor se desgañitaban en pos de defenderla de las eternamente supuestas corruptelas. Las mismas de siempre. Las mismas, aunque entonces con mejores resultados, muchísimo mayor divertimento y gozo, bastantes más aficionados y entendidos que actualmente hay en las plazas donde al menos en España ya no vemos mas que públicos de aluvión prácticamente ajenos al hecho taurino. Y, eso sí, las mismas e inevitables cornadas que siempre dieron los toros porque mientras se sigan criando reses de lidia y unos cuantos hombres se atrevan a ponerse delante, las seguirán sufriendo sin excepción ni distingo, que esa es la razón por la que la Fiesta sigue teniendo vida y el mucho o poco prestigio que le queda.

¿Para qué sirvieron entonces tantos actos inquisitoriales?. ¿Para llegar a la situación en la que se encuentra ahora la fiesta?. Y, ¿qué creen los que a pesar del enorme fracaso sufrido todavía piensan que lo que esos tres señores ya difuntos hicieron es lo que se debería seguir haciendo?.

Ahí ha quedado la feria de Logroño de 2005 que se acaba de celebrar en la nueva plaza cubierta de la Ribera. Una feria como tantas y tantas de la más reciente actualidad. Ya casi sin coloquios ni tan amargas monsergas. Ni con tan desenfrenada locura, broncas y conflictos como las que intentaron cargarse a los Puerta, Camino, "Viti", Teruel, Palomo, Dámaso, "Paquirri", "Capea", Robles, Manzanares…, sin que, por cierto, ninguno de los que tanto les denunciaban lograra que dejaran de ser quienes fueron y menos que se hundieran. Pero en cualquier caso, una feria peor, mucho peor y más aburrida que las protagonizadas por estas mismas y en su tiempo denostadas figuras.

¡ Para qué hablar de aquellos anteriores años de pequeños, vivaces, bravos y encastados toros con tan grandes, con tan grandiosos toreros! Años en los que precisamente empezó a gestarse el calvario a que nos sometieron los ya difuntos. Como aquél San Mateo de 1966, por ejemplo, en el que nada menos que Antonio Ordóñez reventó grandioso la feria con una faena que jamás olvidaremos. Y otra magnífica aunque pinchada del mismo "Antoñete", entonces en el lugar que verdaderamente le correspondía.

Pero también hay que recordar otras posteriores y ya peores de Logroño. Precisamente una en la que estaba en pleno auge la terrible y a la postre inocua campaña. Aquella en la que el recientemente fallecido y despreciable trincón e insultador dijo en un coloquio que <<…A "Paquirri" nunca le puede herir un toro porque los torea todos mochos>> y – ¡qué inoportunidad cruelmente maldita! - al día siguiente le mató un "mono" de Sayalero y Bandrés en Pozoblanco…

"Madrid, no te pierdes nada", tituló pocos años antes y también sobre "Paquirri" en una corrida de la feria de Sevilla uno de los tres "mosqueteros" en su intento de salvar la cara del entonces increíble y finalmente expulsado empresario de Las Ventas, ¡¡¡José Luis Marín Berrocal!!!, tras haber hecho desaparecer un contrato que le tenía firmado al de Barbate para San Isidro porque le parecía demasiado caro y al crítico no le gustaba nada por demasiado "basto". ¡Con que no se perdió nada Madrid sin "Paquirri", eh¡. El que se perdió fue quien lo dijo en su importante periódico. Ni se atrevió a ir al entierro del gran torero en Sevilla como tampoco los otros dos por miedo a que la gente les tirara a los tres al río Gualdalquivir.

Que Dios les tenga en su bendita Gloria. Pero que nunca ose nadie guardarles más minutos de silencio y menos por el último que ha muerto. Y nada de intentar salvarles de una quema en la que, desgraciadamente, los tres tomaron parte. Sobre todo porque el cuarto todavía sigue vivo y coleando gracias a lo que tan malamente sembraron sus "maestros".