TEMPORADA 2005
José Antonio del Moral
¡URGENTE¡:HAY QUE CERRAR MÁS CARTELES ATRACTIVOS EN LAS FERIAS
Aunque en algunas pocas plazas siguen funcionando los abonos pese a la pobreza de la mayoría de los carteles que se ofrecen en sus ferias, ya no ocurre lo mismo en todas las demás tal y como estamos comprobando en lo que llevamos visto en septiembre, mes taurino por excelencia en el que, no hace mucho, las plazas se abarrotaban cada tarde en cuantas ciudades y pueblos se celebraban fiestas patronales. ¿Solución?: Urge que las empresas dejen de intercambiarse tantos toreros mediocres que apoderan y que contraten únicamente a los que se arriman de verdad y a los artistas auténticamente excepcionales. Y si son pocos, que los repitan o tripitan para restablecer el interés que siempre deparó la competencia
Reconozco que organizar ferias basadas en la presencia mayoritaria de toreros baratos e intercambiables – varios de ellos dirigidos, protegidos o ayudados por empresarios - compensadas con mínimas participaciones de las figuras para disimular o para que nadie diga, ha venido siendo un negocio tan grande que muchos se resisten a cambiar de táctica pese a que, poco a poco, los públicos están hartándose del provechoso subterfugio. Pero parece llegada la hora de cambiar de táctica y de volver a lo que siempre fueron los ciclos taurinos importantes so pena que, en breve plazo, los públicos se vayan de las plazas de toros y no vuelvan más.
La sangría de espectadores está siendo el denominador común en las primeras ferias septembrinas y mucho tememos que siga ocurriendo lo mismo en las de la segunda mitad de mes. La alarma, pues, está servida y no vale lamentarse ni refugiarse en la mentira que no pocos esgrimen cuando, tras cada petardo, echan la culpa de la falta de éxitos toreros al mal juego del ganado. Siendo cierto que en algunas plazas en crisis más o menos visibles, sus empresarios tratan de ahorrar dinero comprando corridas de toros muy baratas, lo es más que en la mayoría de las corridas que llevamos vistas en la presente temporada el ganado estuvo por encima de los lidiadores y que en muchas ocasiones salieron toros extraordinarios que se les escaparon a quienes les correspondieron matarlos.
Y es que en las ferias siguen anunciados toreros incapaces de sacar el debido partido de las reses que lidian. Unos por que ya están pasados y solo quieren seguir ganando el poco dinero que les dan. Otros porque apuntan cosas buenas aunque casi nunca disparan. Otros más porque ni apuntan ni disparan pese a que cuando fueron novilleros pareció que iban a ser gente. Y los demás del inmenso pelotón que inunda el escalafón porque les lleva fulano y mengano les pone porque a su vez merengano atiende a los anteriores o viceversa y así sucesivamente. O sea: la ruina de la Fiesta por mor de ir sumando pocas cantidades de dinero que, al final, abulta.
Esa inmensa red de sueldos toreros oficialmente ridículos unidos a otros más serios que se ofrecen bajo cuerda, de asunción de pérdidas compensables en las declaraciones de la renta, de gastos contables añadidos y de comisiones de toda índole a repartir, solo es una engañosa panacea para seguir tirando y después que pase lo que tenga que pasar y que salga el sol por Antequera.
Por eso hay que llamar a rebato y tocar el cornetín. Hay que cerrar más carteles atractivos en las ferias y si para ello debe prescindirse de al menos la mitad de cuantos actualmente figuran, hay que tomar la decisión sin que a nadie le tiemble la mano. "¿Y cómo organizar tantos festejos?", preguntarán algunos. Pues dando algunos menos y concentrando a los toreros que se arriman de verdad y a los artistas auténticamente excepcionales. En todas las categorías y obviando gustos personales, ahora mismo hay cerca de veinte toreros salvables. Repítanlos más, tripítanlos si es necesario. Fomenten la competencia entre todos. Enfrenten a los que más destaquen con los que están arriba. Y desestimen a los que no den la talla cuando les salga un toro bueno y no sean capaces de triunfar con él. Eso hay que empezar a castigarlo cueste lo que cueste. Porque la gente está hasta la coronilla de ver anunciados toreros que llevan años y años, temporada tras temporada sin dar una a derechas ni a izquierdas por mucho o muy bien que les pongan en sus crónicas algunos periodistas. Hay que acabar con el cuento de tantos diestros – veteranos y jóvenes – sin ganas de serlo. Y hay que acabar porque siendo tan drásticos puede que a más de uno le vengan bien uno o dos años de sequía y reaccione. Porque también los hay de los llamados "gandules": esos que saben que valen y no les da la gana de esforzarse a sabiendas de que tienen firmadas más de cincuenta corridas cada temporada.