José Antonio del Moral

TEMPORADA 2007

 

AUNQUE LA COGIDA DE JOSÉ TOMÁS SE VEÍA VENIR, NO HA SIDO NI MÁS NI MENOS GRAVE QUE CASI TODAS LAS QUE SUFREN LOS DEMÁS TOREROS CUANDO SE EQUIVOCAN

 

Quienes a menudo contravienen las inmutables reglas del toreo,  se equivocan en sus planteamientos al elegir mal los terrenos, citan en sitios inadecuados, ignoran las querencias, no templan y no someten ni dominan a los toros, sobre todo a los que presentan dificultades o no obedecen con nobleza a los engaños, suelen ser cogidos más frecuentemente que los que actúan con inteligencia y con sentido común. A esta clase de toreros, casi siempre al borde del abismo y víctimas más o menos voluntarias de innumerables volteretas o cogidas, siempre se les llamó tremendistas. José Tomás es, de entre ellos, el de mayor personalidad y el más artista las pocas veces que logra su propósito con limpieza. Pero reconocer esto es una cosa y otra tratarle como si fuera de otra galaxia o el mismísimo dios del toreo.

 

La cornada que acaba de recibir en Linares en fecha coincidente con el 60 aniversario de la muerte de Manolete en la misma plaza - ¡lo que faltaba¡ - , ha vuelto a provocar toda clase de versiones exageradas y delirantes cuando no ridículas porque su cogida no ha sido más importante ni más grave que la mayoría de las que sufren los demás toreros. Otra vez se pretende demostrar que José Tomás es el único que torea de verdad. ¿Es que las cogidas que padecen los demás toreros son porque torean de mentira?

 

La no menos grave que sufrió José María Manzanares en Alicante el pasado 24 de junio, por ejemplo, le vino por no poder quitarse del sitio donde terminaba un natural justo en el momento que el toro le miró y le amagó. Su repentina falta de reflejos – esa misma mañana había padecido un bajón de azúcar – fue la única razón del percance. Por cierto, acontecido al final de un faenón verdaderamente excepcional por lo clásico, purísimo en su concepto, hondo y ligado, redondo, templado de principio a fin y muy bien rematado con la espada al primer envite por el propio Manzanares que, como José Tomás en Linares, continuó en el ruedo tras serle colocado un torniquete. Bueno, pues esa cogida no apareció en ninguna portada de ningún periódico impreso o digital ni, por supuesto, en ningún telediario. Esa tarde actuó mano a mano con un intratable y triunfal Juli.

 

Otro ejemplo. El 27 de mayo de 2005 en la feria del Corpus en Granada, El Fandi resultó gravemente herido al entrar a matar al tercer toro de los seis con que se había encerrado en solitario. Los tres primeros de la corrida, de distintas ganaderías, no habían dado buen juego ni con ellos había logrado triunfar el espada granadino, razón por la que se tiró El Fandi a matar al tercero tan entregado al toro del que cortó orejas precisamente por cómo ejecutó la suerte suprema. Cuando por su propio pie iba hacia la enfermería, hizo señas al palco presidencial pidiendo tiempo suficiente porque su intención era continuar a pesar de la cornada que llevaba.

 

Una vez despojado El Fandi de sus ropas de torear y explorada la herida que llevaba con orificio de entrada en la ingle y otro de salida bajo el costado, el médico de la plaza, doctor Sánchez Ortiz, le hizo saber al torero que no iba ser posible lo que pretendía. Que la operación iba a durar más de media hora – duró tres cuartos – y que además tendría que practicarla bajo anestesia total. Se negó en redondo a ello El Fandi, exigió bajo su total responsabilidad que le intervinieran solo con anestesia local y sin calmantes para no perder los reflejos y, ante los consejos negativos del cirujano jefe y el estupor de los médicos allí presentes, así se le operó, vistiéndose después el terno negro y plata que había estrenado para la ocasión para aparecer en el callejón entre la incredulidad de los presentes – nadie se movió de sus asientos – que, acto seguido, fueron testigos de una hazaña jamás vista pues El Fandi no solo lidió y mató los tres toros que faltaban, uno de ellos de Fuente Ymbro y nada fácil, sino que banderilleó con la espectacularidad y brillantez que acostumbra a los tres y a dos los toreó templándolos de maravilla, consiguiendo cortar cinco orejas, un rabo y salir de la plaza a hombros de los miembros de su propia cuadrilla que le llevaron hasta el hospital más cercano. Bueno, pues este acontecimiento realmente histórico, tampoco fue noticia de portada en ningún medio ni en ni un solo telediario nacional.

 

¿Qué no se escribiría ni cuantas imágenes aparecerían por televisión si esto mismo hubiera ocurrido con José Tomás? Ni el verbo se ha hecho carne ni los toros entienden de mitos. Y por mi parte, no más comentarios. De momento.