José Antonio del Moral
TEMPORADA 2007
EL PATIO ESTÁ REVUELTO, PERO
QUE MUY REVUELTO
Quizá muchos no sepan que estoy vacunado
contra los insultos desde que era un niño y que, por ello, no me afectan. Los
he recibido constantemente a lo largo de mi vida por simple envidia hacia mi manera
de ser casi siempre feliz y, aunque haciendo lo que me daba la gana, siempre
ocupado y cumplidor con mis incontables obligaciones y compromisos. Ahí están
mis obras leídas, vistas y agotadas en todo el mundo para demostrarlo. También a
cuenta de mi independencia que siempre defendí costara lo que costase. Y
porque, además, podía darme el gusto de serlo. De tal modo, a estas alturas de
mi ya larga vida profesional va a ser muy difícil hacerme cambiar. No pierdan,
pues, más el tiempo insultándome porque me resbala. Precisamente por eso permito
que lo hagan aunque muchos amigos no lo entiendan. Desde que tuve uso de razón
supe que los que discrepan con insultos es porque carecen de otros argumentos
y, por saberlo a ciencia cierta, lo que me sugieren es piedad o a lo sumo desprecio
cuando se ceban intentando destrozarme. Además, les aseguro que soy buena
persona aunque, a veces, no lo parezca por mi manera apasionada de escribir, de
hablar, de reaccionar, y también porque me gusta provocar y me van la guerra y la marcha. Sin embargo, los insultos me
preocupan mucho en lo ajeno porque, lo que esconden, son enfermizos complejos
de inferioridad que dan pena. Pobre gente, pienso. Lástima me dan.
Estos días pasados en Burgos, como antes durante las ferias
de Madrid y en la de Sevilla, algunas de mis crónicas han provocado no pocas
situaciones irritantes, otras muchas entusiastas y algunas delirantes que, por
supuesto, entiendo. En tiempos, yo mismo me he revelaba enfurecido cada vez que
leía o escuchaba a alguien que no pensaba como yo, hasta que me di cuenta de
que los cabreos que me cogía eran baldíos, no servían
para nada. Pero lo que nunca hice fue insultar públicamente y, aún menos, personalmente
a nadie porque, gracias a Dios y a mis padres, esa es no es la educación que he
recibido. Sin embargo y por lo que respecta a la afición taurina que mantengo
contra viento y marea desde que nací hasta el punto de haber abandonado todo
por serlo con todas sus consecuencias - algunas personal y profesionalmente
gravísimas - reconozco que, sea por los conocimientos que mis especiales
circunstancias me regalaron las muchas e impagables amistades y contactos con
los profesionales más distinguidos que he tenido la suerte de frecuentar y
escuchar durante más de 50 años seguidos, o por la claridad incisiva con que,
basado en tantas y tan privilegiadas enseñanzas, siempre he manifestado u
opinado sobre toros y toreros, puede que resulte insultante en demasiadas
ocasiones. Lo siento, nunca fue mi propósito escribir con tales intenciones,
sino simplemente decir lo que pienso en cada caso de cada cosa. Nada más.
Vivimos ahora mismo tiempos convulsos en España y también en
el toreo aunque
Como no podía ser menos, también están sucediendo cosas muy
raras dentro del siempre corrosivo, temible y complicado mundo del periodismo
taurino que no pueden quedar en saco roto. Y uno, que ha vivido y sufrido en
sus propias carnes incontables por parecidas rarezas y muchísimas graves
cornadas profesionales derivadas de ir siempre con la muleta por delante y
cruzado al pintón contrario ante cualquier situación, no puede quedar silente
ante lo que le acaba de pasar al durante más de treinta años crítico titular de
la cadena COPE, Pedro Javier Cáceres. Que muy poco antes de empezar la presente
temporada, le echaron sin darle explicaciones para poner en su lugar a un
absoluto incompetente radiofónicamente hablando aunque en lo teórico del toreo
presuma y hasta tenga relativa fama de autoridad en la materia, y que tras
buscar acomodo en otra cadena donde hace no más de tres días hasta le habían
firmado un contrato para hacer un programa taurino semanal que, por cierto,
todavía nadie hacía allí, cuando ya se había anunciado a bombo y platillo la
desde luego estupenda novedad, le comunicaron que de lo dicho y al parecer ya
hecho, no había nada.
Pero, ¿qué ha pasado?, nos preguntamos todos. O, mejor
dicho, ¿por qué ha pasado? Pues porque como hay mucho tomate dispuesto, ha
habido quien se ha cruzado por medio desde afuera o, mucho me temo, desde
dentro de la casa sin el menor recato ni respeto por el compañero Cáceres - al
parecer no suficientemente amparado desde las alturas del tinglado mediático - y
se lo han cargado justo un día antes de empezar, dando un espectáculo que, por
lo menos, debemos de calificar de bochornoso. Pronto sabremos quien ha sido el
verdugo. En cuanto empiece a hablar.
Y dicho esto, vayamos con la polémica levantada sobre la
reaparición de José Tomás. Y es que hay tantos que no entienden o no quieren
entender que, por el momento, el gran Tomás, aquel Tomás que convulsionó el
toreo durante las temporadas de 1997, 1998 y 1999, no volvió hacer lo que hizo
en los años que siguieron hasta que se retiró no tan sorpresivamente porque iba
de tumbo en tumbo, como tampoco ahora y, sobre todo, en las pocas tardes que
lleva toreadas desde la por lo demás histórica tarde de Barcelona en la que,
aún estando bien, de ninguna manera como esperábamos y deseábamos – yo el
primero - los que sabemos qué, cómo y cuanto hizo en sus mejores tiempos.
Torear metido en los terrenos del toro – algo que por cierto ya había
descubierto y de qué modo, Paco Ojeda – y hacerlo ligando y templando lenta y
dulcemente como jamás nadie lo había conseguido, y no citando por las afueras
ni con tanta suciedad ni tan sucesivos enganchones cuando no tropiezos que es
como Tomás toreó al final de su primera etapa y torea en su otra vez y por
desgracia adulterada versión. Salvo en lo que se refiere a su estoica
personalidad y su exclusivo estar en la plaza, casi nada del genuino José Tomás
que todos queríamos volver a ver. Imitándose a sí mismo, además de lejos,
echándose los toros para fuera con burdos banderazos o a lo sumo aguantando
tragantones. Y con la espada, para qué hablar.
Y esto es así, ha sido por ahora así – lo que siento más que
nadie - y, quienes no lo crean o, in situ, pensaron o soñaron lo contrario
llevados de las comprensibles y apasionadas ganas de ver de nuevo al mejor
Tomás que recordaban o imaginaban si no lo habían visto nunca, que busquen los
vídeos que haya sobre Barcelona, Alicante, Algeciras y Burgos y se pongan delante
de la pantalla para verle atentamente y con total tranquilidad. Solo al propio
torero se le debe achacar porque, o ya no puede – también le pasó lo mismo a
Ojeda en sus últimas reapariciones –, o porque no se ha preparado
convenientemente ante toros con edad, peso y trapío que, hasta ahora en su
reaparición, el de Galapagar no ha visto ni en pintura. Como por supuesto, tampoco
somos culpables los muchos que hemos señalado estas carencias sin dudar,
escribiendo o hablando sobre lo que no le vimos hacer como han dicho o escrito
en sus crónicas otros que le vieron “cumbre”, ignoro si por orden o interesada
intención de hacerlo magnificando o adornando la realidad, por simple ilusión,
o por pura equivocación profesional.
Esa disfunción que obliga últimamente a escribir barrocos
párrafos enteros antes de que empiece la corrida para dictarlos luego por
teléfono entremezclados con lo que suelen enviar urgentemente sobre la corrida
para que nos les pille el toro del cierre en su periódico y, encima, intentando
quedar mejor que el mismísimo Javier Villán, que es
el único crítico taurino de la historia capaz de improvisar magníficos y
pluscuamperfectos sonetos escribiéndolos sobre sus propias rodillas en medio
del tumulto de las peñas de Pamplona o del guirigay más ruidosamente
insoportable de los del 7 en Las Ventas. ¿O no?.
Casualidades del destino de cada cual. Como otras coincidentes casualidades que también se están
produciendo estos días, como ver juntos en una discreta localidad alta de
sombra de la plaza de Burgos el día de José Tomás al cronista que más se ha
volcado a su favor y al menor de los Lozano, aunque, de esta última corrida, no
dijo ni pío. Y no me refiero a Pío García Escudero que estaba en una barrera
ojo avizor. Y así, no pocas.
Estén completamente seguros los lectores y aficionados
discrepantes, que en cuanto José Tomás haga una faena como las que le dieron
mayor crédito y fama frente a un toro como Dios manda, no dudaré en reconocerlo
y cantarle como merecerá si lo lleva a cabo. Y ojala que así suceda para bien del
toreo y de
Y es que aunque muchos no lo crean, a mí nunca me dolieron
prendas como aficionado. Pues, qué más quisiéramos todos que verle en el sitio
que le corresponde sin desmerecer el de los demás y compitiendo de igual a
igual. Mal han hecho los toreros que han caído por el momento en las “tomaduras
de pelo” tomasistas a sabiendas de que a ellos se les
exige todo y a Tomás nada. Dicen que en algunas publicaciones de Barcelona han
borrado a Cayetano de la foto saliendo a hombros junto a José Tomás. Una vergüenza
porque quien hizo ese día la mejor faena fue el hijo menor de Paquirri. Me cuentan
también que hay grandes figuras realmente enojadas con lo que se está escribiendo
y diciendo sin motivos fehacientes sobre José Tomás a la vez que ignoran sus
intachables historias profesionales, repletas de hazañas en plazas de primera,
un año tras otro, frente a toros serísimos y, algunos,
fieras más que complicadas.
Para eso estamos aquí, aunque demasiado solos. Para que se
recuerde quien es quien aunque a no pocos les esté bien empleado este
interesado olvido de sus obras a manos de los que solo les elogian cuando les
conviene aunque en el fondo les desprecian. Siempre despreciaron a Ponce y
siempre que hubo ocasión le tiraron a degüello. Y, ¿qué dice a todo esto El Juli?. Pero qué tienen que ver,
sin irnos demasiado atrás, la gran faena del valenciano frente al toro de Zalduendo del año pasado en Sevilla o la de El Juli de pasado San Isidro con las que hasta ahora lleva
hechas José Tomás?...
Uno lo sabe porque las vio. Como también sé lo que es caer
guillotinado sin aviso previo por los mismos que, un año antes de que
decidieran terminar conmigo como si hubiera sido un ladrón descubierto con las
manos en la masa, me dijeron que estaban encantados con lo que venía escribiendo
desde hacía más de nueve años. Así que, no me chocan estos procedimientos digamos
expeditivos que utilizan los grandes sistemas mediáticos. Como tampoco me ha
extrañado que en el portal taurino propiedad de los que, curiosamente, están
detrás de la operación lanzamiento de José Tomás, hayan tenido que bajar a toda
prisa los comentarios que, anónimamente, se dedicaban a difamar a Juan Miguel
Núñez, feje taurino de