José Antonio del Moral
TEMPORADA 2007
UNA TEMPORADA TAN BRILLANTE
COMO ERRÁTICA Y LLENA DE ACCIDENTES
Un año más, El Juli continuó en la cima protagonizando
la campaña más seria y redonda del escalafón pese a pasar de vacío por Bilbao y
Zaragoza. También Enrique Ponce que empezó sin suerte en las primeras ferias por
lo que se tuvo que emplear en resolver toros complicados, pero la encontró en
las siguientes hasta culminar desde agosto el periodo artísticamente más brillante
de su vida, truncado fatalmente por padecer una grave lesión que le apartó de
los ruedos. El acontecimiento más importante de la temporada lo protagonizó El
Cid en su triunfal encerrona con seis toros de Victorino en Bilbao con el que
consolidó su rango de figura, ganado a pulso desde hace años.
La campaña empezó más ilusionante que desde
hacía mucho tiempo con los impactantes éxitos de varios toreros aunque, por
unos motivos o por otros, no terminó tan bien como empezó. Sebastián Castella,
que había quedado como campeón de 2006, arrancó a tope. Pero tras ser declarado
triunfador de San Isidro, perdió el sitio con la espada y no pudo repetir su
fantástica campaña anterior hasta el punto de tirar la toalla antes de
terminar. José María Manzanares, reconocido
como máximo intérprete del toreo clásico, llevó a cabo un magnífico y regular
periplo que le convirtió en el torero con más clase y futuro entre los nuevos
hasta caer víctima de una enfermedad que le impuso absoluto reposo. Alejandro
Talavante triunfó por todo lo alto en Madrid, Valencia y Sevilla, pero su
posterior y pertinaz desigualdad limitó el alcance de sus posibilidades. Quizá
con más ganas que nunca, Morante de
El mayor suceso del año llegó con la
reaparición de José Tomás en Barcelona aunque su corta temporada en plazas de
menor categoría, salvo por su indiscutible fuerza en las taquillas no tuvo profesional
ni artísticamente el gran nivel ni la excepcionalidad que le achacaron pese al revuelo
mediático y social que levantó. Algo parecido, aunque en mucha menor medida, aconteció
con Cayetano quien, pese a las grandes faenas que hizo en Jerez y en Barcelona,
no dio la talla que pretendía y sufrió varias cornadas seguidas teniendo que
cortar antes de tiempo.
De entre los aspirantes en lucha por llegar
arriba, solamente Miguel Ángel Perera dio un
paso de gigante con sobradas pruebas de que puede circular sobrado en la
primera fila del toreo. Perera fue el más favorecido por las muchas sustituciones
del fin de temporada y las aprovechó todas. Tres éxitos en Las Ventas – el
último con salida a hombros – dieron crédito al francés Juan Bautista para
figurar en todas las ferias del próximo año. Recuperación de Eduardo Gallo y
menos consistente la de Salvador Vega. Finito de Córdoba continuó en su tibio
papel de telonero de lujo. Adiós agridulce de Cesar Rincón con muy felices tardes
en Sevilla y Barcelona. Y numéricamente sustanciosa retirada de Jesulín de
Ubrique. El Cordobés, que terminó de líder, y Francisco Rivera Ordóñez sumaron
más corridas que la mayoría aunque en plazas periféricas. Sin apenas avanzar desde sus respectivos
puestos en el pelotón Uceda Leal, Cesar Jiménez, Matías Tejela y Salvador
Cortés, salvado finalmente en su encerrona del 12 de octubre en Sevilla. En el
podium de las corridas duras subió Rafaelillo, resistieron Pepín Liria, El Fundi y López Chaves, y bajó Juan José
Padilla. Flojas alternativas de los últimos hijos de papá. Inexplicable
continuidad de El Capea. Muy tímida vuelta de Julio Aparicio. Y patética – imposible
a la postre – la enésima reaparición de Ortega Cano.
Las ganaderías más regulares en el éxito
fueron las de Fuente Ymbro, Torrealta, Núñez del Cuvillo, Victoriano del Río, Valdefresno
y hermanos García Jiménez. Quedó confirmado el hundimiento de las ganaderías legendarias
y la decadencia de la mayoría de las
tenidas por toristas, incluida la de Victorino Martín. Y mucho público en las
ferias más importantes.
EL JULI MANDÓ
CON ABSOLUTA NATURALIDAD Y ENRIQUE PONCE TODAVÍA EN BUSCA DE LO SUBLIME
Más dueño de sí mismo que nunca en la versión de
consumado maestro que tanto le costó alcanzar y aún más que se la reconociesen –
en las formas y el concepto del toreo de muleta casi nada tiene que ver El Juli
de los primeros años del siglo XXI con el de los finales del XX –, ni siquiera
le hizo falta este año triunfar rotundamente en Bilbao y en Zaragoza, dos
plazas en las siempre ratificó su gran categoría, para que nadie haya puesto en
duda que en el
Y como una de estas faenas grandiosas tuvo lugar
en la feria de San Isidro de Madrid frente a un magnífico toro de Victoriano
del Río, lo que para cualquier torero siempre supuso triunfar con grandeza en
la primera plaza del mundo, para este Juli superconsagrado en todo el mundo,
fue como lograr un carísimo tesoro espiritual por la sencilla razón de que a él
nunca le habían dejado salir a hombros por
Pues bien, con este íntimo sello de calidad bajo
su brazo, El Juli protagonizó otra campaña más en máxima figura – el propio
matador habla para distinguirla de otra faena memorable suya en la plaza
francesa de Dax y, ¡como no¡, del baño oceánico que dio a José Tomás en mano a
mano que les enfrentó por única vez en Ávila aunque con insignificantes reses,
hasta alcanzar su corrida número 1000, lo que tuvo lugar en la feria del Pilar
Zaragoza, en donde también cumplió la 2001, sustituyendo a quien comparte el
trono desde hace varios años, Enrique Ponce.
La temporada del valenciano (10º del escalafón
con 60 corridas, 76 orejas) fue la décimo octava de su ininterrumpida carrera
como matador de toros. Lo que es bastante para calificarla como excepcional si
consideramos la permanencia en la cumbre de Ponce desde su segundo año de
alternativa hasta la que acaba de terminar y siempre en progreso. Ya superadas
las campañas record y cada año más pendiente de perfeccionar su toreo que de
conseguir sumar trofeos, ésta temporada tuvo que esperar pacientemente a que le
salieran toros propicios para la creatividad relajada porque la verdad es que,
en las primeras ferias, sobre todo en las más importantes, los aficionados y el
propio torero tuvieron que conformarse con actuaciones magistrales poco
brillantes aunque técnicamente irreprochables con toros problemáticos y con
muchas faenas “inventadas” frente a reses sin fuerza o sin raza. Pero en cuanto
empezaron a tocarle toros bravos, encastados y nobles, la campaña de Ponce se
convirtió en una de las más importantes de su vida.
Quienes vieron, por ejemplo, sus faenas de
Málaga, Almería, Palencia y las dos últimas en Dax, pudieron disfrutar del
mejor Ponce que se pueda imaginar. Superándose a sí mismo en la faceta
artística, sobrado de las virtudes naturales que Dios le dio y, por su propia
voluntad en lograr ir puliendo cualquier arista y hasta el más mínimo defecto,
acrecentados su sentido del temple hasta la lentitud máxima, del ritmo al
engarzar las suertes y de todo lo que la lidia pueda tener de representación
escénica cual ópera o ballet en los escenarios más famosos del mundo, el toreo
de Ponce alcanzó grados de tal perfección y sentimiento que bien puede
calificarse de celestial. De ahí el desencanto que sentimos cuando, en tan
fecundo y feliz periodo, tuvo repentinamente que dejar de torear al sufrir en
Murcia la rotura del ligamento externo de la pierna izquierda.
EL CID HIZO
HISTORIA EN BILBAO
No hay quien pueda negar que El Cid (3º en el
escalafón con 87 corridas y 130 orejas) logró este año
la mayor regularidad triunfal de todo el escalafón en plazas de primera
categoría y, por lo tanto, que se ha instalado con todo derecho entre las primeras
figuras del toreo actual. Nos guste o no nos guste. Pese al desaliño que supone
su poco agraciado aspecto físico, pese al montón de vulgaridades expresivas que
tantas veces desmerecen su toreo, por lo demás purísimo en su mejor versión,
sobre todo cuando lo hace al natural aunque últimamente también alcanzó altos
grados por redondos con la mano derecha como en su gran tarde de Pamplona. Y,
no digamos, sus verónicas, que en esta difícil suerte capotera es ahora mismo
uno de los pocos – poquísimos – que saben darlas bien, asentado, sin echar el
paso atrás y con magnífico juego de brazos.
Sin embargo, de no ser por sus incontestables
éxitos con toros de Victorino Martín, El Cid no sería ni de lejos quien es. ¿Y
esto por qué?. Pues porque la velocidad con que suelen
embestir los toros de Victorino es la que más le conviene al torero de
Salteras. Con todo lo buena que ha sido la temporada 2007 para Manuel Jesús
Cid, lo mejor, lo más importante, lo que con mucha diferencia la ha distinguido
fueron sus faenas frente a toros de la famosa ganadería en la feria de Sevilla
y en la de Bilbao donde protagonizó una tarde histórica cuando se encerró a
solas con seis reses de Victorino. Estuvo por encima de las seis y con dos,
inconmensurable. Como sería de importante el triunfo de este día, que una feria
que iba mal por primera vez en muchos años, El Cid la convirtió en histórica.
Pasarán los años, pasarán las décadas, pasarán…. y todos nos acordaremos de
aquella feria de Bilbao en la que El Cid estuvo cumbre con seis toros de
Victorino. También a la ganadería le conviene El Cid pues, si no fuese por él,
las señales de su decadencia serían alarmantes.
Continuará.