FERIA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS EN LIMA José Antonio del Moral

LA MARINERA DE CUBAS

Cuando todavía sigo en Lima y desde España me llega la triste – y preocupante – noticia del turbio propósito con el que los nacionalistas catalanes pretenden suprimir las corridas de toros en aquella región de la península Ibérica por vía de su parlamento regional e intentando que sean incruentas como en Portugal, formula que empezaría por alejar a los aficionados de sus plazas y a medio plazo supondría su fin, quiero manifestar sin tapujos de ninguna clase mi oposición a tal medida, más política antiespañola que antitaurina aunque entre los nacionalistas hubo, hay y habrá tantos contrarios a la Fiesta como afectos. Increíblemente desconocedores de su propia historia – la estulticia es consustancial a casi todos los nacionalismos – seguro que tampoco saben que la histórica plaza de Acho fue mandada construir, precisamente, por un español catalán llamado Manuel Amat y Junyent, Virrey del Perú y, además, gran aficionado a los toros. Gracias a él y a cuantos durante bastante más de 200 años han venido consiguiendo que la Fiesta Brava sea tan peruana como española a pesar de los avatares que en España y en este por mí tan querido Perú hemos sufrido, hasta se ha llegado a lograr que diestros como el que tomó la alternativa el pasado domingo en Acho, Juan Carlos Cubas, se conviertan en foco de atención y de esperanza para cuantos en el mundo amamos el toreo.

No cortó las orejas que tenía ganadas Juan Carlos por pinchar la espléndida faena de muleta que alargó demasiado llevado de su ilimitado afán de triunfo, pero sí ratificar que estamos ante una posible figura del toreo que conviene a todos. Más al Perú taurino que a ningún otro país por lo que su estrella iluminaría vuestro firmamento, últimamente cicatero en darnos valores. Pero también al resto del taurinismo mundial, tampoco sobrado actualmente de figuras con verdadero reclamo. Bonito hallazgo que los aficionados de Acho quisieron celebrar mientras Cubas toreaba al sexto ejemplar de la corrida de Jerónimo Pimentel apoyando con sus alegres palmas los compases de "La Marinera" que le dedicó la banda de Música, mientras muchos coreaban entusiasmados "¡Peeerú, Peeerú!", sin duda para subrayar el evento con más y más pasión. Yo recordé entonces lo que mis mejores amigos de Lima me habían contado que ocurrió cuando el también peruano Rafael Puga ganó el Escapulario de Oro en la feria de 1973, tarde memorable en la que cortó un rabo en medio del indescriptible delirio de los que abarrotaban los tendidos del bicentenario coso, como espero suceda si Cubas se consagra definitivamente.

Aunque la alternativa de Juan Carlos no terminó así, se acercó y convenció tras el desarrollo de una corrida de toros poco acordes con las expectativas que había despertado por lo que podrían haber hecho el padrino y el testigo de la entrañable ceremonia del doctorado a la que siguió el brindis del nuevo matador a su padre, ambos abrazados y notoriamente emocionados al sentirse protagonistas de ese instante que sueñan cuantos ansían convertirse en matadores de toros. La mayoría los padres, frustrados en similar empeño, viéndose encarnados en los hijos. Y éstos, como Cubas, orgullosos de haber podido dar la satisfacción a sus progenitores.

Fue, además, importante que Cubas consiguiera "romper" ante dos toreros netamente artistas. "Finito de Córdoba" en su versión muletera más sabrosa hasta que su mejor toro huyó de su mando en el que pareció mugir un ¡basta ya!. Javier Conde, solamente realizado en los breves chispazos que electrizaron al gentío frente a un lote inservible, en los que el malagueño descubrió con certeza que si algún día vuelve a Lima y le embiste un toro, esos chispazos se convertirán en terremoto colectivo.

ÚLTIMA DE FERIA

¿Escuchará otra vez Juan Carlos "La Marinera" en la corrida de mañana?. Última de feria. Otra vez toros de Roberto Puga que en este día también se juega su consagración, lo que convertiría al ganadero en criador de imprescindible y indiscutible fiabilidad. Y otra vez los máximos triunfadores del ciclo morado. Porque con Cubas repiten Miguel Ángel Perera y Matías Tejela. De ambos, de sus respectivas cualidades y estilos, ya escribí aquí mismo cuando actuaron en sus primeras corridas de esta feria. Pero hoy lo vuelvo a hacer gustoso y a sabiendas de que los dos saldrán a competir para ver quien se lleva el gato al agua y en busca de ese Escapulario de Oro que este año todavía está abierto aunque Perera es quien tiene más puntos ganados a su favor para merecerlo. Escapulario que en su última versión también está abierto a dos posibilidades porque puede ganarlo quien más orejas sume en total o aquél que realice una faena tan suprema que, por su calidad excepcional y perfecto remate con la espada, lograra eclipsar los números.

Claro que a nadie puede extrañar que si a Cubas le tocan "La Marinera" será señal de peligro para sus compañeros de terna. Y eso estaría muy bien porque la competitividad es el mayor alimento de la pasión taurina. Nada más atrayente que unos y otros se vean las caras ante el toro en ese "si tú bueno, yo mejor" que siempre definió las corridas más redondas. Sería maravilloso, entonces, que los jurados del "Escapulario" tuvieran que tirarse los trastos a la cabeza discutiendo sobre tres triunfos toreros tres y al menos por dos toros del ganadero peruano que este año vuelve a competir consigo mismo.