FERIA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS EN LIMA
COMO PEZ EN EL AGUA
Aunque no es torero de mi personal predilección, hacía tiempo que no me gustaba tanto Luis Francisco Esplá como el pasado domingo en su regreso a la plaza de Acho. Como a todos los que han toreado desde hace cincuenta años, le he visto infinidad de veces en todas las plazas del mundo. Primero le admiré como portentoso, original y sagaz rehiletero, suerte en la que destacó siempre y en tan alto grado que solo por verle banderillear merecía la pena pagar la entrada . Un fenómeno parecido al que ahora mueve a las masas en pos de "El Fandi" salvando las distancias que le separan del granadino, bastante menos fino que Luis Francisco pero más contundente, regular, sincero y entregado.
Como casi todos los matadores especialitas en el segundo tercio, Esplá nunca logró brillar con la misma fuerza en la muleta. Por eso creo que su proverbial listeza le fue llevando poco a poco a convertirse en ostensible lidiador a base de teatralizar los ritos más añejos y los detalles más tópicos del toreo encarnándose en todos ellos. Empezando por su modo de vestir de luces y por la elección de los colores de sus engaños, desempolvó las viejas y hasta arcaicas imágenes que permanecían olvidadas en los estantes de las bibliotecas taurinas más antiguas y las hizo propias pintándose a sí mismo. Los aficionados amantes de estos gustos se identificaron con él y a medida que el paso del tiempo fue mermando sus facultades físicas, su fama de gran banderillero dio paso a otra fama, la de un virtuoso lidiador en el que la torería de sus ademanes primó sobre cualquier otra faceta. Refugiado en ello y defendido por la crítica y por la afición más recalcitrantes, aún permanece activo y lo que te rondaré morena pese a que en España apenas suma contratos sustanciosos y se ve obligado desde hace tiempo a matar durísimas corridas.
No fue de chocar, pues, que en su reaparición limeña Esplá se moviera como pez en el agua cuando, en vez de enfrentarse al ganado que últimamente no tiene más remedio que aceptar, lo hizo con dos torillos anovillados y escasamente ofensivos, como casi todos los del atrevido envío peruano de "San Pedro y San Simón" que tan inapropiadamente debutó en la feria del Señor de los Milagros. Aparte la satisfacción que para Esplá supuso pisar el histórico ruedo de Acho después de tantos años sin venir a Lima, debió recordar las tres temporadas que cubrió junto a otros matadores banderilleros como Víctor Méndes y "El Soro" quienes, junto al alicantino, se vieron favorecidos con las corridas que imponía "Paquirri", finalmente obligado por las empresas a encabezar el cartel de los banderilleros. Único modo posible para que siguieran respetando sus honorarios de máxima figura. Circunstancia que mejoró a todos hasta que la muerte del gran torero gaditano en Pozoblanco les devolvió a la costosa rutina de tener que matar eses mucho más grandes y bastante menos propicias. Las que, precisamente, más se prestaban a la decantación lidiadora de Esplá al no caberle otro remedio que traducir gestualmente sus siempre atractivas clases teóricas a las prácticas más dificultosas.
Por eso le vimos tan feliz y desinhibido, tan capaz y creativo como en sus mejores tardes. Porque Esplá es uno de los pocos que ha conseguido equilibrar su concepto coreográfico del toreo con su modo teatral de dirigir la lidia – una verdadera puesta en escena – y con las maneras de expresarse. Más vistoso por su fantástica envoltura que por su meollo, generalmente distinguido por la movilidad y no por la quietud. Definitivamente más a gusto el profesor – con el encerado limpio y las tizas ideales -, hasta se permitió licencias de aguante y de temple que, bellamente enredadas en el irse y venirse en sus mutis, en la marchosería aflamencada de sus andares y poses, y en sus miradas cómplices hacia los graderíos, encantó a la parroquia limeña. Sobre todo a los que le veían por primera vez.
Y por esto mismo, también los tendidos de esa tarde en Acho me recordaron más a los de Las Ventas de Madrid que a los de la Real Maestranza de Sevilla. Y no solo por lo que disfrutaron con Esplá, sino por lo que se agriaron con lo demás hasta resumir el festejo en desastroso cuando, aburrida la mayoría con la sosería, la falta de fuerza de los toros y la machacona ineficacia de Juan Diego y de Ignacio Garibay, la minoría protestona se adueñó del escenario.
No obstante lo relatado, preferiría que mañana domingo en la tercera corrida de feria, Acho fuera y se comportara otra vez como la Sevilla de América. Mimbres sobre el papel sobran para ello y en caso de que las cosas rueden bien, los tendidos respiren positivamente, sin banderías, al unísono. Vuelven los toros de Roberto Puga sobre el grato y más próximo recuerdo de los buenos novillos del primer festejo y el más lejano de sus varios excelentes y bonitos toros del año pasado. Éste creo que con más romana y cuajo. Vuelven "Finito" y Sebastián Castella. El de Córdoba, espero que para mostrarse en su mejor versión. Aquella que, siendo aún novillero Juan Serrano y tras verle por primera vez, llevó a decir al gran peón Pascual Montero que <así habría toreado "Manolete" si hubiera visto torear a Antonio Ordóñez". El de Beziers, asentado en un próximo estrellato tras su escapulario del año pasado y una muy fructífera campaña en su Francia y en España donde, por fin, ha conseguido entrar en las mejores ferias y romper triunfalmente en varias no sin esfuerzo y con un valor a sangre y fuego cada vez que tuvo que echar el resto. Y se presenta como matador de toros Miguel Ángel Perera, extremeño dispuesto a conquistar definitivamente América auspiciado por su estilo "tomasista" y por los éxitos ya logrados que han confirmado las esperanzas que muchos han depositado en él. Ojalá que se cumplan los presagios y que la próxima semana las páginas taurinas de SOMOS se llenen de gloria.