José Antonio del Moral
FERIA DE ABRIL EN SEVILLA
VUELVE “EL CID” POR SUS
MEJORES FUEROS
Y por cuarta vez sale por
Sevilla. Plaza de
No faltarán quienes desde diferentes puntos de vista
discutan el gran triunfo que logró ayer
El Cid en su Maestranza de Sevilla, pero no seré yo quien esta vez le ponga
reparos sino todo lo contrario. Porque, si desde hace un año y medio vengo
exigiéndole machaconamente que cada vez que se ha encontrado con un buen toro –
en casi todas sus actuaciones - debió aprovecharlos mejor y al máximo y,
además, estar por encima de los regulares y hasta de los malos, que eso y no
otra cosa es ejercer de figura del toreo, no voy a dejar de reconocer que eso,
precisamente eso, es lo que sucedió en la séptima corrida de la presente feria
de abril. Y lo que le deseo a El Cid es que lo repita donde vaya y que no
vuelva a desmayar, sino a crecerse.
Pues bien, ayer como digo volvió a tener otra vez toda la
suerte del mundo El Cid por la mañana en el sorteo con un toro extraordinario
de Victorino. El único garbanzo blanco de la corrida. No fácil, porque fue más
bravo que un tejón desde que salió hasta que murió y esa clase de bravura
siempre es molesta porque exige mucho valor y mucho esfuerzo. Pero sí agradecido
y lucidísimo a poco que se le hicieran bien las cosas porque la fijeza y la
hondura con que embistió por los dos pitones fue enseguida descubierta por El Cid y luego
exprimida en creciente placer, tanto en su recibo por verónicas y en la buena
lidia que le dio, como en su compacta faena de muleta, quizá algo a menos poco
antes de darla fin con estupenda y efectiva estocada, pero una faena de las
mejores que este torero sabe y debe hacer.
Nada de locuras ni de falsos gestos ni de miradas
desafiantes ni apenas adornos de bisutería barata o de hoja de lata, sino el
toreo de El Cid en estado puro. El toreo fundamental, natural o contrario, sin
mayores efluvios que la sobriedad y el poderío que son las grandes virtudes de
este torero. Bien colocado, plantado, mano adelantada en los cites, brazo
largo, extendido en toda su longitud al compás cada embestida del animal. Y
mano baja. Hondura, ligazón perfecta de
cada tanda. Y temple, mucho temple. Y mucho valor, porque torear así a estos
toros tan bravos que no paran de repetir no es cosa que logre un cualquiera y
El Cid – como ya ha demostrado varias veces con toros de esta misma divisa – es
de los que mejor han entendido este agresivo encaste, Saltillo- Santa Coloma. Por
cierto, ¿por qué los dos toros más en el tipo de Santa Coloma le
correspondieron a El Cid y a sus dos colegas los otros cuatro, notoriamente asaltillados?
Y si en este magnífico segundo toro me reconcilié con El
Cid, aún más en el quinto porque sacó el buen fondo que tenía gracias a lo que
le hizo el torero. Primero llevarlo con el capote, nada de esperar a que se te
venga solo, sino llevarlo, llevarlo sin dejarse enganchar nunca el capote,
tanto en la brega como en los lances lucidos. Segundo, por darle en el caballo
estrictamente lo que necesitaba. Ni un gramo más. Y tercero, porque a estos
toros de Victorino no se les puede empezar a torear con la muleta por arriba,
sino siempre por abajo, muy por abajo porque suelen humillar mucho y es por ahí
por donde más se enganchan al señuelo de la muleta, que es lo que hizo El Cid.
Porque cuando se quedan algo cortos aunque humillen, no hay que darles
demasiado hueco ni alejarse en cada cite, sino citar en la corta distancia
porque, si el fin de cada viaje del toro cae exactamente donde está el torero, suelen
buscar allí mismo las zapatillas y hasta rebañan.
Desde esta sabiduría, desde esta experiencia extrajo El Cid la
fórmula técnica que empleó sin caer nunca en la mala hasta convertir las
embestidas cortas del quinto toro en largas, tanto al principio de la faena con
la mano derecha como al final por naturales que a muchos les debieron parecer
inverosímiles. Otra efectiva estocada, le dio a El Cid la mayor victoria de
esta feria hasta el momento. Ya era hora, Manuel, ¡Enhorabuena!.
Y como el meollo de la tarde fue la actuación casi redonda
de El Cid, ¿veis como basta que uno solo de los tres actuantes esté como tiene
que estar para que todo el mundo salga encantado de la corrida?. Salvo a los
íntimos y a los partidarios acérrimos de Pepín Liria
y de Salvador Cortés, claro, Que a uno de ellos saludé cuando yo salía por
Pepín, aguerrido y experto en toda clase
de alimañas y ganaderías feroces y hasta atroces, no encontró ayer su toro ni
él tampoco anduvo fino ni formalmente dispuesto a dejarse matar como otras
veces aunque intentó y hasta en momentos consiguió venderlo como si lo hubiera
hecho al gentío. Imposible, terrible su primer toro y casi otro tanto el algo
más posible cuarto con el que primero quiso de verdad y cuando por la izquierda
le avisó el toro de que le podía degollar, decidió quitárselo de en medio e hizo
bien, que bastantes fatigas ha pasado ya el murciano en su larga vida
profesional.
Y en cuanto a Salvador, que pecó de novato e inexperto.
Porque aunque ninguno de sus dos toros fue precisamente lo que se dice un
bombón, resultaron en el fondo manejables, cada uno por un pitón, aunque desde
luego complicados. Deberá fijarse y saber más sobre cómo se deben torear los
toros regulares de Victorino. No dudo que con el segundo de ayer también habría
estado muy bien Cortés. Pero con los dos que le correspondieron debió o al
menos deberá estar bastante mejor de ahora en adelante. No fueron toros de
“vente bonito vente”, que se lo escuché gritar al joven torero. Sino de
llevarlos y llevarlos muy templados y desde cerca no desde lejos como decíamos
antes. El mismo Cortes pudo comprobarlo cuando al final de su segunda faena
acertó en ello. Atienda a los consejos de los que saben. Vuelva a la carga con
los victorinos en cuanto pueda. Pruebe a hacer las
cosas bien y cuantas más veces mejor. Y tiempo al tiempo, que todo llegará.