José Antonio del Moral

FERIA DE ABRIL EN SEVILLA

 

VUELVE “EL CID” POR SUS

MEJORES FUEROS

 

Y por cuarta vez sale por la Puerta del Príncipe, en esta ocasión legítimamente. Su fidelidad a los toros de Victorino Martín que entiende como pocos, la buena suerte que no le abandona ni por casualidad y que ayer sí supo y pudo aprovechar en su mejor versión tanto con el capote como con la muleta y con la espada, le dieron la primera gran victoria de esta feria al cortar tres indiscutibles orejas. Con peores lotes, naufragaron un esforzado Pepín Liria y un ingenuo Salvador Cortés, todavía inexperto en estas lides.

 

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 19 de abril de 2007. Séptima de feria. Tarde medio calurosa con cielo enmarañado y lleno total. Seis toros de Victorino Martín bien aunque desigualmente presentados. Por más completo, bravo, encastado y noble destacó el segundo que fue premiado con la vuelta al ruedo. Los demás, complicados en distintos grados de manejabilidad. Entre éstos cinco, el que abrió plaza fue un barrabás imposible por su endemoniado genio y casi otro tanto el cuarto. El tercero se dejó por el lado derecho, el quinto tuvo muy buen fondo que supo extraer su matador y el sexto solo se dejó por el izquierdo hasta que se negó. Pepín Liria (espuma de mar y oro): Pinchazo y más de media tendida caída, ligeras palmas. Estocada casi entera tendida, ovación. El Cid (malva y oro): Estoconazo casi entero desprendido, dos orejas. Estoconazo algo caído, oreja. Salvador Cortés (añil y oro): Dos pinchazos y buena estocada, silencio. Estocada, silencio. Bien a caballo Espinosa y Pavón. Y en palos, Curro Robles que puso dos pares sensacionales al sexto toro.

 

No faltarán quienes desde diferentes puntos de vista discutan el gran triunfo que logró  ayer El Cid en su Maestranza de Sevilla, pero no seré yo quien esta vez le ponga reparos sino todo lo contrario. Porque, si desde hace un año y medio vengo exigiéndole machaconamente que cada vez que se ha encontrado con un buen toro – en casi todas sus actuaciones - debió aprovecharlos mejor y al máximo y, además, estar por encima de los regulares y hasta de los malos, que eso y no otra cosa es ejercer de figura del toreo, no voy a dejar de reconocer que eso, precisamente eso, es lo que sucedió en la séptima corrida de la presente feria de abril. Y lo que le deseo a El Cid es que lo repita donde vaya y que no vuelva a desmayar, sino a crecerse.

 

Pues bien, ayer como digo volvió a tener otra vez toda la suerte del mundo El Cid por la mañana en el sorteo con un toro extraordinario de Victorino. El único garbanzo blanco de la corrida. No fácil, porque fue más bravo que un tejón desde que salió hasta que murió y esa clase de bravura siempre es molesta porque exige mucho valor y mucho esfuerzo. Pero sí agradecido y lucidísimo a poco que se le hicieran bien las cosas porque la fijeza y la hondura con que embistió por los dos pitones fue  enseguida descubierta por El Cid y luego exprimida en creciente placer, tanto en su recibo por verónicas y en la buena lidia que le dio, como en su compacta faena de muleta, quizá algo a menos poco antes de darla fin con estupenda y efectiva estocada, pero una faena de las mejores que este torero sabe y debe hacer.

 

Nada de locuras ni de falsos gestos ni de miradas desafiantes ni apenas adornos de bisutería barata o de hoja de lata, sino el toreo de El Cid en estado puro. El toreo fundamental, natural o contrario, sin mayores efluvios que la sobriedad y el poderío que son las grandes virtudes de este torero. Bien colocado, plantado, mano adelantada en los cites, brazo largo, extendido en toda su longitud al compás cada embestida del animal. Y mano baja.  Hondura, ligazón perfecta de cada tanda. Y temple, mucho temple. Y mucho valor, porque torear así a estos toros tan bravos que no paran de repetir no es cosa que logre un cualquiera y El Cid – como ya ha demostrado varias veces con toros de esta misma divisa – es de los que mejor han entendido este agresivo encaste, Saltillo- Santa Coloma. Por cierto, ¿por qué los dos toros más en el tipo de Santa Coloma le correspondieron a El Cid y a sus dos colegas los otros cuatro, notoriamente asaltillados? 

 

Y si en este magnífico segundo toro me reconcilié con El Cid, aún más en el quinto porque sacó el buen fondo que tenía gracias a lo que le hizo el torero. Primero llevarlo con el capote, nada de esperar a que se te venga solo, sino llevarlo, llevarlo sin dejarse enganchar nunca el capote, tanto en la brega como en los lances lucidos. Segundo, por darle en el caballo estrictamente lo que necesitaba. Ni un gramo más. Y tercero, porque a estos toros de Victorino no se les puede empezar a torear con la muleta por arriba, sino siempre por abajo, muy por abajo porque suelen humillar mucho y es por ahí por donde más se enganchan al señuelo de la muleta, que es lo que hizo El Cid. Porque cuando se quedan algo cortos aunque humillen, no hay que darles demasiado hueco ni alejarse en cada cite, sino citar en la corta distancia porque, si el fin de cada viaje del toro cae exactamente donde está el torero, suelen buscar allí mismo las zapatillas y hasta rebañan.

 

Desde esta sabiduría, desde esta experiencia extrajo El Cid la fórmula técnica que empleó sin caer nunca en la mala hasta convertir las embestidas cortas del quinto toro en largas, tanto al principio de la faena con la mano derecha como al final por naturales que a muchos les debieron parecer inverosímiles. Otra efectiva estocada, le dio a El Cid la mayor victoria de esta feria hasta el momento. Ya era hora, Manuel, ¡Enhorabuena!.

 

Y como el meollo de la tarde fue la actuación casi redonda de El Cid, ¿veis como basta que uno solo de los tres actuantes esté como tiene que estar para que todo el mundo salga encantado de la corrida?. Salvo a los íntimos y a los partidarios acérrimos de Pepín Liria y de Salvador Cortés, claro, Que a uno de ellos saludé cuando yo salía por la Puerta del Príncipe antes de que sacaran a hombros a El Cid y casi no me reconoció del disgusto que llevaba.

 

Pepín, aguerrido y experto en toda clase de alimañas y ganaderías feroces y hasta atroces, no encontró ayer su toro ni él tampoco anduvo fino ni formalmente dispuesto a dejarse matar como otras veces aunque intentó y hasta en momentos consiguió venderlo como si lo hubiera hecho al gentío. Imposible, terrible su primer toro y casi otro tanto el algo más posible cuarto con el que primero quiso de verdad y cuando por la izquierda le avisó el toro de que le podía degollar, decidió quitárselo de en medio e hizo bien, que bastantes fatigas ha pasado ya el murciano en su larga vida profesional.

 

Y en cuanto a Salvador, que pecó de novato e inexperto. Porque aunque ninguno de sus dos toros fue precisamente lo que se dice un bombón, resultaron en el fondo manejables, cada uno por un pitón, aunque desde luego complicados. Deberá fijarse y saber más sobre cómo se deben torear los toros regulares de Victorino. No dudo que con el segundo de ayer también habría estado muy bien Cortés. Pero con los dos que le correspondieron debió o al menos deberá estar bastante mejor de ahora en adelante. No fueron toros de “vente bonito vente”, que se lo escuché gritar al joven torero. Sino de llevarlos y llevarlos muy templados y desde cerca no desde lejos como decíamos antes. El mismo Cortes pudo comprobarlo cuando al final de su segunda faena acertó en ello. Atienda a los consejos de los que saben. Vuelva a la carga con los victorinos en cuanto pueda. Pruebe a hacer las cosas bien y cuantas más veces mejor. Y tiempo al tiempo, que todo llegará.