FERIA DE SANTIAGO EN SANTANDER
José Antonio del Moral
LOS CEBADAS CONFIRMAN SU MEJORÍA
AUNQUE LA CORRIDA NO FUE TAN BUENA COMO LA DE PAMPLONA, HUBO TOROS QUE RESPONDIERON A LA NOTABLE MEJORA DE LA ÚLTIMAMENTE TEMIBLE GANADERÍA. FUE EN TODO CASO LA MEJOR PRESENTADA DE ESTA FERIA Y PROPICIÓ EL ÉXITO DE "EL FUNDI" Y DE JUAN JOSÉ PADILLA A LA VEZ QUE DOS SUSTOS DE MUERTE A FRANCISCO MARCOS QUE TAMBIÉN PUDO TRIUNFAR CON UN MANSO AUNQUE MUY NOBLE SOBRERO DE "PUERTO DE SAN LORENZO"
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 28 de julio de 2005. Séptima de feria. Tarde medio nublada y agradable con lleno. Cinco toros de Cebada Gago, muy bien presentados aunque el primero fuera de tipo por excesivamente grande. Salvo éste primero, el quinto que se estropeó por pésimamente lidiado y el sexto que desarrolló peligro, nobles en distintos grados, destacando el estupendo juego que dieron segundo y cuarto. Por devolución del muy flojo tercero, se corrió un sobrero de Puerto de San Lorenzo, manso en el caballo pero muy noble en la muleta. "El Fundi" (lirio y oro): Pinchazo, estocada perpendicular y dos descabellos, aviso y silencio. Buena estocada, oreja. Juan José Padilla (verde largarto y poco oro): Estocada trasera, oreja. Media estocada y cuatro descabellos, aviso y palmas. Francisco Marcos (amapola y oro): Pinchazo, estocada saliendo dramáticamente revolcado y descabello, aviso y oreja. Pinchazo y buena estocada, ovación.
Corrida variada aunque extraña por cuanto alternaron situaciones de buen toreo con otras dramáticas y varias extravagantes que lindaron con lo paripatético, lo tragicómico y hasta lo circense dicho sea con el respeto que, en cualquier caso, merecen los toreros al fin y al cabo siempre expuestos a sufrir percances aún en plena representación o venta de un toreo poco o nada recomendable.
Aparte las orejas que lograron los tres espadas con los tres mejores toros que saltaron al ruedo, lo primero que debemos resaltar es que la corrida de los Cebada estuvo muy bien presentada – la mejor en este aspecto de la feria – y que soltó un par de toros realmente estupendos – segundo y cuarto
– y no digo que también el quinto porque fue tan mal lidiado y se le pegaron tantos y tan malos por enganchados capotazos, que cabe suponer el mejor juego que hubiera dado en la muleta de no haber sufrido tan garrafal inclemencia a manos de un peón. El primero por grandullón se paró bastante al final y cuando embistió lo hizo derrotando en corto y por alto. Y el sexto desarrolló ese peligro que distinguió a los toros de esta divisa en los últimos años. Peligro con genio que varios aficionados y no pocos críticos confunden frecuentemente con la casta, con la buena casta que es la mejor señal de la mejor bravura, la bravura positiva y creciente, la que permite el mejor y más trascendental toreo. Así pues, confirmada la mejora de esta ganadería que en sus primeros años tantos éxitos propiciaron a las figuras. De seguir así, no sería de chocar que la vuelvan a pedir los mismos que últimamente no quieren verlos ni en pintura.Respecto a la actuación de los espadas anunciados, decir que "El Fundi" anduvo guerrero por fuera pero no por dentro con el difícil primero y en cambio muy bien tanto al parear en solitario como en su faena de muleta, realmente jugosa con la mano derecha que fue el mejor pitón del toro. Y de Juan José Padilla, que anduvo tan desinhibido como atrevido tanto en su indumento – realmente espantoso el terno que vistió como su fuera un ninot de una falla valenciana – como en sus modos y maneras de vender cuanto hizo a sabiendas de cómo se le adora en Santander: incondicionalmente. No le vamos a restar mérito a Padilla por cuanto hizo sin duda con buena intención en pos de divertir al público. Bien por eso con el buen segundo toro de Cebada porque con este no se pasó de la raya que separa lo serio de lo ridículo. Cosa que sí aconteció con el quinto ante el que sobreactuó tan para la galería en busca de otra oreja como fuera y como fuese, que rozó el esperpento. Sus fallos con el descabello impidieron que se consumara el éxito de la burlesca astracanada.
Quien más finamente toreó fue el navarro Francisco Marcos. Sobre todo al muy noble sobrero de "Puerto de San Lorenzo" que, sin embargo, casi le mata al entrarlo a matar él. El revolcón fue espeluznante y la impresión de haber vuelto a nacer. Por eso y por lo limpio y elegante de su hacer muletero le fue concedida una oreja. Luego le esperaría un nuevo "nacimiento" porque el sexto también casi le mata por citarlo al natural sin "tocarle" con la muleta dado que el toro, de cuerna y mirar altos, medía al torero con aviesas intenciones cada vez que se puso delante de él. Afortunadamente y tras matarlo de buena estocada, Marcos pudo contarlo.