FERIA DE SANTIAGO EN SANTANDER
José Antonio del Moral
NO MÁS MIXTAS, POR FAVOR
NI MÁS PRESIDENCIAS INEPTAS, CASI TODAS LAS TARDES ARBITRARIAS Y AYER DE MODO CLAMOROSO E INTOLERABLE AL REGALAR UNA OREJA A HERMOSO DE MENDOZA Y ROBARLE OTRA BASTANTE MÁS MERECIDA A SERAFÍN MARÍN QUE CUAJÓ UNA PRESENTACIÓN REALMENTE IMPORTANTE AUNQUE ENFRIADA POR EL PÚBLICO QUE EN SU MAYOR PARTE NUNCA HABÍA VISTO AL CATALÁN. TAMBIÉN ACTUÓ EL RECIENTEMENTE RECUPERADO DE SU GRAVÍSIMA CORNADA, EDUARDO GALLO, QUE DIO UNA DE ARENA Y OTRA DE CAL MUY PINCHADA FRENTE AL MEJOR TORO DE LOS CUATRO QUE ENVIÓ JOSÉ LUIS MARCA, EN SU MAYORÍA TERCIADOS Y MUY NOBLES
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 28 de julio de 2004. Sexta de feria. Tarde medio nublada con calor e intermitente brisa y lleno. Dos toros para rejones de Fermín Bohórquez, discretamente presentados y manejables, el primero sin apenas fuerza. Cuatro para lidia ordinaria de José Luis Marca, desigualmente presentados y algunos muy terciados como los corridos en segundo y tercer lugares. Salvo el quinto que tuvo cierto genio, muy nobles en distintos grados de fuerza, destacando por más completo el colorado sexto. Pablo Hermoso de Mendoza (de corto con chaquetilla azul acero): Rejonazo algo contrario muy trasero, oreja apenas solicitada. Pinchazo y rejonazo fulminante con vómito, ligera petición que esta vez no fue atendida y ovación. Serafín Marín (celeste y oro): Estocada casi entera, aviso e incomprensible reacción del público que se limitó a ovacionar al diestro. Estocada, petición de oreja e inexplicable negativa del palco a concederla con vuelta al ruedo y gran bronca al presidente por no conceder el trofeo. Eduardo Gallo (carmelita y oro feamente bordado): Pinchazo y casi entera, silencio. Pinchazo hondo tendido, otro casi igual atravesado y trece descabellos, dos avisos y palmas.
Cada vez que veo una corrida mixta con participación de un rejoneador, más me parecen injustas cuando no intolerables. Es tal la diferencia con que el público - ayer también la presidencia - trata al torero a caballo y a los de a pie que da vergüenza comprobarlo. Si yo fuera matador de toros con un mínimo de fuerza, jamás alternaría con un rejoneador en igualdad de condiciones a no ser que lo hiciera con reses en puntas. Antiguamente actuaron a caballo varios con los de a pie pero nunca matando el primer y cuarto toros sino únicamente una res de apertura.
La presencia y triunfal persistencia en los ruedos de un jinete tan excepcional como el navarro Pablo Hermoso de Mendoza, hasta no hace mucho profesionalmente distanciado de manera abismal de casi todos sus colegas, sugirió organizar esta clase de mixturas otras veces experimentadas con novilleros de relumbre como en su día lo fue el hijo de Pepe Luis Vázquez y ahora con "Cayetano" y la mayoría con participación de máximas figuras como últimamente Ponce y un local barato para rellenar.
Pues bien, en casi todas estas corridas los de a pie salen perdiendo porque a esta clase de espectáculos suelen asistir en mayor número los amantes del rejoneo, casi todos ignorantes cuando no detractores del toreo a pie – y viceversa – por lo que cuanto logra un señor montado sobre un corcel que hace lo que puede moviéndose alrededor de un toro totalmente disminuido en sus defensas es mucho más valorado, jaleado, aplaudido e incluso premiado que lo que llevan a cabo otros señores obligados a quedarse muy quietos delante de unos animales en puntas.
Arguyen los aficionados al rejoneo que los caballos valen un dineral y que hay que procurar que no resulten heridos y menos muertos porque, si así sucediera, sería ruinoso. Y digo yo: ¿Cuánto dinero vale un matador de toros como ser humano fuera de lo común. ¿Cuánto un grave percance y no digamos la vida de un Enrique Ponce por ejemplo máximo?. Pero como Ponce ha tragado ya varias veces con la martingala de las mixtas y todavía va a transigir con la que se anuncia próximamente en Almería, ¿cómo no han de tragar también Serafín Marín y Eduardo Gallo?
Total, que volvimos a sufrir la afrenta con el concurso de un muy fácil y como siempre espectacularmente habilidoso Hermoso de Mendoza, ayer muy para la galería al abusar de saludos solicitados por él mismo, más sonriente que el mismísimo ZP, abusivo en el castigo de su primer toro que hasta se derrumbó tras las banderillas, mal con el rejón de muerte en éste y peor en el cuarto con el que también abusó de piruetas y de saltos, obteniendo en ambos una sucesiva colección de ovaciones aunque, por sus fallos con el rejón de muerte, sendas peticiones minoritarias de oreja no obtuvieron la misma consecuencia pues, increíblemente, la presidencia atendió solícita una vez muerto el toro que abrió plaza, y razonablemente no atendió tras matar al cuarto aunque poco faltó para que Hermoso saliera a hombros de la plaza.
Algo que alertó o asustó al nefasto presidente pues debió pensar en cómo hubiéramos reaccionado algunos tras su absoluta y vergonzosa negativa a conceder la oreja más meritoria que se habría logrado en ésta feria: la que le negó del quinto toro a Serafín Marín tras mostrarse inasequible al desaliento e incluso ilusionado con un toro que empezó protestándole y terminó por completo sometido al natural por el valentísimo espada catalán que, además, mató por lo alto de estocada volcándose hasta los mismos gavilanes. Claro que, en tan arbitraria decisión del presidente, también debió pesar la inexplicable frialdad con que el público acababa de dispensar al mismo Marín después de cuajar otra actuación soberana por asentado, firme, templado y certero con la espada con el mejor y más fácil segundo toro de los de Marca. En cualquier otra plaza, incluso en Sevilla, Madrid y Bilbao, Serafín Marín hubiera salido a hombros de haber hecho lo mismo que ayer en Santander.
Los muchos salmantinos que había en la plaza debieron sufrir al ver tan friote, impreciso y destemplado a su Eduardo Gallo con el noble tercer toro que estropeó al dejarse enganchar demasiado la muleta tras recetar una inicial buena y lenta tanda por redondos. Y más por su garrafal y varias veces inoperante uso de los aceros después de una faena bastante más entonada y limpia que la anterior aunque por bajo de la extraordinaria calidad del sexto que dejó escapar lamentablemente. Gallo nunca fue lo que de él dijeron algunos paisanos y algunos atrevidos críticos franceses. Y ahora menos, todavía sin recuperar por completo el sitio, lógicamente perdido tras su gravísima cornada del pasado mes de junio en Badajoz.