FERIA DE SANTIAGO EN SANTANDER
José Antonio del Moral
DE LA GRACIA DE VEGA A LAS DESGRACIAS DE ABELLÁN
AMBOS SE LLEVARON LOS DOS ÚNICOS TOROS APROVECHABLES DE LA CORRIDA DE "EL PILAR". A MIGUEL SE LE ESCAPÓ EL PRIMERO QUE, ADEMÁS, FUE EL MEJOR CON MUCHO DE LA TARDE. Y SALVADOR ENTENDIÓ Y SE ACOPLÓ TEMPLADO Y ARTISTA CON EL SEXTO DEL QUE CORTÓ UNA OREJA, LA ÚNICA QUE SE CONCEDIÓ. "El JULI" SE LLEVÓ EL PEOR LOTE Y DIO UNA LECCIÓN DE SOBRADA E INTELIGENTE SOLTURA COMO LIDIADOR QUE NO FUE ENTENDIDA NI CORRESPONDIDA POR EL IGNOTO PÚBLICO
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 27 de julio de 2005. Quinta de feria. Calor no habitual por estas tierras con lleno. Seis toros de "El Pilar", discretamente presentados y de juego muy desigual con predominio de los descastados y sin fuerza. Solo valieron dos: el que abrió plaza que resultó extraordinariamente noble, y el sexto por romper también en muy noble, sobre todo por el lado derecho, aunque de salida y durante los primeros tercios solo pegó oleadas provocando el desconcierto general. Miguel Abellán (teja y azabache): Pinchazo hondo en los bajos y descabello, palmas. Pinchazo y media estocada, silencio. "El Juli" (amaranto y oro): Pinchazo del que murió el toro descordado, división de opiniones. Estoconazo trasero, ovación. Salvador Vega (gris perla y azabache): Pinchazo y media estocada que escupe, silencio. Estocada tendida, oreja.
Miguel Abellán anda estos días de boca en boca y no por lo que haya hecho en alguna de las plazas donde ha toreado sino por ser motivo de la mayor y más incomprensible discordia entre empresarios y toreros que hayamos conocido en nuestra vida. Resulta que uno de los dos apoderados de Enrique Ponce, su suegro Victoriano Valencia, decidió este año compatibilizar la dirección de la carrera de tan modesto espada madrileño con la de su yerno que, como todo el mundo sabe aunque no entiende, desde hace tiempo comparte con Juan Ruiz Palomares tras la decisión más sorprendente y dañina que la gran figura haya adoptado en su vida. Como, según dicen los empresarios implicados, Victoriano está empeñado en conseguir contratos para su nuevo poderdante a costa del prestigio del único que debería apoderar, algunos no lo aceptan bajo ningún concepto por lo que ferias como las de Valladolid y Salamanca – tampoco la de Albacete - no contarán esta temporada con Ponce en sus carteles tal y como venía sucediendo desde hace más de los doce años que el valenciano lleva ejerciendo ininterrumpidamente como máxima figura del toreo. Aunque sobre este candente tema prometo largo y sustancioso artículo pese a la polémica que sin duda alguna levantará cuando vea la luz, valgan estas primeras líneas para mejor situar a mis lectores antes de abordar lo acontecido en el séptimo festejo de la feria de Santander donde, mira por donde, actuó Miguel Abellán junto a "El Juli" y Salvador Vega, nada menos.
Dado el general clamor levantado por el nuevo y reluciente apoderado de Miguel Abellán, cabía esperar que en cuanto a éste se le presentara la primera oportunidad, intentaría por todos los medios demostrar que a él no le hacen falta para nada los apoyos de nadie para seguir toreando y que le bastaría triunfar por todo lo alto para que los públicos le reclamaran y las empresas llamaran urgentemente a Victorinao para contratarle en todas partes. Pues bien, esa oportunidad le llegó ayer en Santander a Miguel Abellán con un toro verdaderamente extraordinario que, además, iba a ser el mejor con mucho de la corrida de "El Pilar". Y ¿saben ustedes lo que hizo Abellán con este toro que para colmo fue el primero de la tarde?. Pues dejárselo escapar con una faena monocorde y vulgar muy por bajo de las excelentes condiciones del toro que, además, cerró con un espadazo garrafal y un descabello final. Y que en vez de cortarle al toro las dos orejas y hasta el rabo que llevaba colgando para, con estos trofeos en la mano, desmentir lo que en el mundillo taurino todo el mundo comenta escandalizado, tuvo que contentarse con unas pocas palmas de consolación. Palmas que luego, con el peor cuarto toro, ni siquiera escuchó después de empezar inconvenientemente por bajo un irrelevante trasteo frente a un animal sin fuerza que, claro está, se le cayó.
Mala por desrazada y sin fuerza el resto de la corrida de "El Pilar", ni "El Juli" – extraordinariamente suelto e inteligente como lidiador frente a dos ruinosos animales a los que tanto con la capa como con la muleta sacó lo poco que llevaban dentro - ni Salvador Vega - brevemente lucido e inspirado con el capote y en tal o cual aislado muletazo – lograron mejorar y menos triunfar hasta que salió el sexto y último de la corrida.
A pesar del juego de manso incontrolado que dio este sexto toro en los dos primeros tercios – no cesó de pegar arreones ni de embestir en peligrosas o desobedientes oleadas que sembraron el desconcierto durante los tercios de varas y de banderillas – Salvador Vega vio que con la muleta sería posible sujetar y domeñar sus constantes idas y venidas, y así aconteció poco a poco hasta desembocar en una faena crecientemente templada y bastante ajustada a la para muchos sorprendente docilidad del marrajo. Faena, sin embargo, no del todo redonda ni por completo convincente dado que al malagueño le faltó comprometerse más en los cites que casi siempre fueron periféricos. En cualquier caso, varias de las tandas por redondos mecidos de Vega y algunos sabrosos naturales supieron a gloria y, desde luego, compensaron a la parroquia de casi todo lo que acababa de aguantar. Vega mató de un solo envite al toro y para él fue la única oreja del festejo. Una oreja que el malagueño consiguió para mayor regocijo de sus partidarios, siempre seguros del éxito de su torero cada vez que pisó el ruedo de la plaza de Santander.