FERIA DE SANTIAGO EN SANTANDER
José Antonio del Moral
MUY FÁCIL VICTORIA DE "EL CID" EN SU DESIGUAL MANO A MANO CON RINCÓN
FAVORECIDO POR LA SUERTE E INCONDICIONALMENTE APOYADO POR EL PÚBLICO, EL SEVILLANO CORTÓ TRES BENÉVOLAS OREJAS MIENTRAS EL COLOMBIANO, QUE REAPARECIÓ SIN ESTAR RECUPERADO DE LAS LESIONES QUE SUFRIÓ EN VALENCIA, SE FUE ENTRE PITOS TRAS DECEPCIONAR Y ENFADAR A LOS ESPECTADORES POR MOSTRARSE SIN SITIO E IMPOTENTE CON UNO DE LOS DOS MEJORES TOROS DE LA DESIGUAL Y EN SU MAYOR PARTE DIFÍCIL CORRIDA DE "JANDILLA" EN LA QUE EL SEXTO TORO FUE EL ÚNICO COMPLETO Y CON CLASE POR LOS DOS PITONES, PRECISAMENTE EL QUE PROPICIÓ LA TAMBIÉN ÚNICA FAENA VERDADERAMETE BUENA DE LAS TRES QUE HIZO "EL CID" AUNQUE LA ESTROPEÓ CON LA ESPADA
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 25 de julio de 2005. Tercera de feria en festejo nocturno con tiempo agradable y llenazo. Seis toros de "Jandilla" muy desigualmente presentados entre los bastos como el primero, los más serios como quinto y sexto y los apenas ofensivos como el tercero y cuarto. Salvo el bravo quinto que tuvo un gran pitón izquierdo y el más completo sexto que embistió con clase, los demás tuvieron dificultades en distintos grados. Entre éstos, los más posibles fueron segundo y cuarto que embistieron con violencia. Cesar Rincón (marino y oro): Pinchazo y estocada saliendo desarmado y aturdido, más pitos que palmas. Pinchazo hondo tendido y estocada desprendida, aviso y silencio. Media caída a toro arrancado, pitos. "El Cid" (tabaco y oro): Pinchazo hondo y descabello, leve petición y vuelta por su cuenta. Estocada caída, dos orejas sin petición de la segunda. Estocada caída algo atravesada y tres descabellos, oreja sin suficiente petición. "El Cid" salió a hombros. Tanto en la brega como en palos, destacó "El Alcalareño".
Tras la matinal corrida de rejones en la que destacó sobradamente el joven rejoneador Sergio Galán y la muy encastada aunque desigual novillada de "Fuente Ymbro" en la que ninguno de los participantes llamó la atención – en ambos festejos casi se llenó la plaza – llegó la esperadísima corrida nocturna con el mano a mano entre Cesar Rincón y "El Cid" con toros de "Jandilla". Ambientazo por todo lo alto como no podía ser menos, sobre todo tras las varias jornadas en las que se especuló con la presencia del torero colombiano tras la inoportuna cogida que había sufrido pocos días antes en la feria de Valencia. La alegría por verle al frente de sus cuadrillas se tradujo en una fortísima ovación una vez terminado el paseíllo que Cesar compartió encantado con "El Cid". Encanto que enseguida y por desgracia se trocó en disgusto, sustos, carreras y pitos un tanto exagerados del mismo público que se le había entregado en la creencia que Rincón regresaba pletórico y dispuesto a todo lo que otras veces fue capaz de dar.
El fiasco no se hizo esperar con el manso, reservón y muy violento toro que abrió la noche con el que Rincón mostró lo inconveniente y precipitado de su reaparición, imagino que muy presionado por todos los implicados en la organización de la corrida, por cierto televisada en directo previo pago por visión con lo que tal envite mediático suponía para las ganancias de todos, empezando por las del propio matador. Evidentemente mermado de facultades físicas y consecuentemente anímicas, Cesar se quitó muy pronto de en medio a su primer oponente y a medida que transcurrió el festejo con buenos resultados para su contrincante, él intento por todos los medios que los suyos fueran mejores de lo que a la postre resultaron. Un por todo desigual mano a mano en el que no hubo quites ni la más mínima señal de enfrentamiento entre ambos espadas por la sencilla razón de que uno de los dos contrincantes estaba fuera de combate de antemano.
No obstante, ímprobo el esfuerzo de Rincón con el tercer toro que, mal lidiado, llegó esperando a palos y gazapeando aunque embistiendo con franquía pero sin clase a la muleta por el lado derecho. No desesperó Cesar sino que lo intentó una y otra y otra y otra vez con la derecha y con la izquierda desde todas las distancias posibles - imposibles para él - tal y como estaban sus temblonas piernas. Su brevedad con la espada fue lo único que aplacó la contrariedad del gentío, incrédulo ante el panorama ofrecido por el maestro hasta que, llegado el quinto, un hermoso y muy bien armado colorao melocotón que además resultó muy bravo, encastado y noble por el lado derecho, dejó aún más claro que con los toros anteriores que Cesar Rincón no estaba ni de lejos preparado para resolver tal empresa con un mínimo de garantías. Su inseguridad fue esta vez tan patente que, derrotado y entristecido, tuvo que desistir del intento de faena mientras el público no consideró el perdón.
Todo lo contrario aconteció con "El Cid" a quien una vez más sonrió la suerte en esta temporada de su estado de gracia. Año feliz en el que el diestro de Salteras está tan de moda que le vale todo y todo se le premia sea cual sea y como sea lo que hace. Mucho mejor con el capote que con la muleta en su primer y muy codicioso toro que, poco a poco, fue a menos como la faena de El Cid que nunca rompió a buena ni acorde a lo que en principio pareció iba a ser.
La casi nunca fina ni atinada espada de este "campeador" zurdo, certera y a la trágala estocada al entrar a matar con notoria exposición al cuarto de la noche, fue la razón – supongo a no ser que el usía recibiera una oportuna orden por el teléfono interior - de que un presidente extrañamente veloz en su generosidad le regalara a "El Cid" la segunda oreja tras una faena en nada regular ni templada, ni siquiera estimable por en su mayor parte imprecisa y ensuciada con innumerables enganchones.
Contenta la parroquia que incluso se arrancó a coro con "la Fuente de Cacho", la famosa canción de esta región cántabra, y una vez liquidado Rincón, la alegría regresó al coso de Cuatro Caminos con el sexto último de la noche, con mucho el mejor de los "Jandillas". Tanto como para reconciliar por completo lo que se anunció en los carteles con la realidad de una obra – esta sí – digna de lo esperado. Pues con este magnífico ejemplar, tanto con el capote como sobre todo con la muleta, los santanderinos pudieron por fin ver y comprobar por qué "El Cid" se ha encaramado a lo más alto del escalafón superior e integra la primerísima fila del toreo actual.
Temple, distancia, ritmo, emoción, limpieza, largura, hondura y algún adorno que este "Cid" casi nunca logra con gracia, transportaron a los presentes a la gloria aunque – ¡ay¡- la cosa no tuvo feliz conclusión a espadas. Pese a todo se le concedió una oreja que, por cierto, no hubiera cortado en otras plazas. Pero bueno, así es la de Santander y por lo que anoche vimos, así seguirá siendo para satisfacción de sus amables clientes.