FERIA DE SANTIAGO EN SANTANDER
José Antonio del Moral
NUEVO TOQUE DE ATENCIÓN DE SALVADOR CORTÉS
AUNQUE SOLO CORTÓ UNA OREJA (DEBIÓ CORTAR TRES), VOLVIÓ A MOSTRARSE NATURALMENTE SOBRADO Y MUY TORERO EN UNA MUY NOBLE AUNQUE PREOCUPANTE Y EN GRAN PARTE RUINOSA CORRIDA DE ANTONIO BAÑUELOS EN LA QUE "EL CAPEA" LOGRÓ OTRO TROFEO Y "MORENITO DE ARANDA" ANDUVO TAN DISPUESTO Y PINTURERO COMO VERDE. DOS DE LOS TRES TOROS QUE SE INVALIDARON, FUERON SUSTITUIDOS POR NOBLES RESES DE ATANASIO FERNÁNDEZ
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 24 de julio de 2005. Segunda de feria. Tarde muy nublada y amenazante de llover con lleno. Cuatro toros de Antonio Bañuelos, bien presentados y muy nobles aunque en su mayoría sin fuerza y extrañamente quebradizos de remos. Segundo, cuarto y sexto resistieron la lidia. Primero, tercero y quinto se rompieron una mano, siendo devueltos estos dos últimos y sustituidos por dos sobreros de Atanasio Fernández, bien aunque desigualmente presentados y asimismo muy nobles aunque el que cerró plaza sin fuerza. "El Capea" (verde botella y oro): Pinchazo y cuatro descabello, broncazo a la presidencia por no haber devuelto el toro. Estocada trasera, oreja. Salvador Cortés (verde oliva y oro): Gran estocada y descabello, oreja. Buena estocada, silencio. "Morenito de Aranda" (malva y plata con remates negros): Estocada trasera desprendida, ovación. Pinchazo, estocada y descabello, palmas. En banderillas destacó Domingo Silo "Mingo".
Hemos de lamentar antes que nada el preocupante estado en que se encuentra la ganadería burgalesa de Antonio Bañuelos de ilustre procedencia "Torrealta". Reses preciosas, de impecable trapío, vario pelaje, sobradas carnes, alegre y muy noble embestir que se caen a chorros y para colmo se quiebran los remos al primer tropezón. Tema sanitario, alimenticio o quien sabe qué pero problemón y de los gordos que al ganadero incumbe remediar si no quiere que las empresas rechacen de plano unas corridas que inevitablemente deben remendarse con varios sobreros lo que supone gasto añadido y ruina para todos.
Así ocurrió con el toro que abrió plaza que la presidencia no devolvió en medio de un monumental griterío contra el palco, ocupado por un sujeto aparentemente imbécil porque después de no hacer caso de las generales protestas ante la evidencia de una res absolutamente impracticable, tardó demasiado en devolver los toros tercero y quinto, asimismo quebrados nada más salir al ruedo. A la supuesta estulticia presidencial, se añadió para colmo su nula afición y escasos conocimientos taurinos. Algo imprescindible para un presidente y más en esta plaza de Santander donde la inmensa mayoría del público asistente necesita ser orientado, conducido, enseñado a ver toros y a distinguir el oro del oropel.
En tan garrafal situación, la mayoría de los que ayer ocuparon los tendidos de la preciosa plaza, no acertaron a valorar como sin duda merecían las dos labores que llevó a cabo el sevillano Salvador Cortes. Una excelentísima faena que remató de gran estocada y descabello al segundo de la tarde, afortunadamente entero y franco colaborador en el último tercio tras no dar tan buen juego de salida. Otra de milimétrica precisión por sitio, distancias y temple perfectamente adecuados a la escasísima fuerza del quinto, sobrero de Atanasio, al que logró sostener y torear con cadenciosa y limpia largura después de que el animal se derrumbara repetidamente provocando las iras del público que no atendió a ninguna razón cuando Cortes remedió magistralmente el problema. Increíble en ambos casos que ni público ni presidencia premiaran como se mereció al diestro foráneo. En la mayoría de las plazas de toros de España, Sebastián Cortés habría cortado las dos orejas del segundo toro y una del quinto.
Por eso empató a un solo trofeo con "EL Capea" quien con el único toro aprovechable que le correspondió – el cuarto – fue ampliamente favorecido por una actuación desde cualquier faceta infinitamente menos hermosa e importante que la de Cortés. Capea hijo sigue sin poder evitar la disfunción armónica de movimientos corporales y muleteros que lamentablemente padece y tanto limita la imprescindible estética que el toreo necesita para trascender de la simple destreza en la que el salmantino abunda con indudables y notorios deseos de agradar y de ser lo que por el momento no parece posible de conseguir. Algo que, por radical y opuesto contraste, afecta diametralmente al todavía muy verde por recientemente doctorado "Morenito de Aranda", por ahora más brillante en las pinturerías y en sus posturas aflamencadas que, por cierto, prodiga, que en el toreo fundamental que aún no domina y por ello evita en su intercalación expresiva asimismo y todavía no resuelta.