José Antonio del Moral
FERIA DE SANTIAGO
EN SANTANDER
PADILLA DIVIERTE. VICTORNO
ABURRE
De todos son sabidas la
popularidad y la simpatía que despierta Juan José Padilla en Santander. Ayer
medio salvó la tarde del petardo que pegó el ganadero de Galapagar con otra
corrida decepcionante y van… Solo el cuarto toro sirvió y el de Jerez perdió
posiblemente dos orejas con la espada. Lo demás fue un muestrario de reses sin
apenas presencia y bobaliconas cuando no amoruchadas
con las que tanto el de Jerez como Luís Bolívar y Salvador Cortés solo pudieron
mostrar mucha y hasta quizá excesiva voluntad.
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. Octava y
última del abono ferial. Tarde calurosa con lleno total. Seis toros de
Victorino Martín, de medio cuajo y pobres de cabeza. Salvo el cuarto, que
resultó muy noble y suave, los demás no se prestaron al lucimiento ni apenas
ofrecieron interés ni emoción por mansos, descastados y venirse abajo en la
muleta hasta desesperar a los lidiadores y a los espectadores que pitaron a casi
todos en el arrastre. Juan José Padilla (blanco y oro salpicado de flores):
Pinchazo y casi entera caída recibiendo un golpe en el pecho al hacer en
embroque, silencio. Pinchazo, estocada caída ladeada y cinco descabellos,
ovación para ambos contendientes. Luís Bolívar (verde esperanza y oro):
Pinchazo y bajonazo, silencio. Estocada baja, aviso y silencio. Salvador Cortés
(rosa y oro): Pinchazo y estocada caída, silencio. Pinchazo y estocada,
silencio.
Otra corrida decepcionante de Victorino Martín y
ya son demasiadas. El famoso ganadero viene perdiendo así, una a una, su bien
ganado prestigio, lo que sentimos porque, no hace mucho, era una ganadería que aunque
echaba de todo, siempre más bueno que
malo y casi nunca aburrido. Siempre fueron al menos interesantes y, desde
luego, para nada aburridas sus corridas. Pero últimamente abunda lo malo, saca
muy pocos toros potables y en tardes como las de Pamplona y la de ayer, más
parecen toros de deshecho pertenecientes a ganaderías de tercera fila que reses
bravas y encastadas, claro está que con diferente manejabildad.
Lo peor que puede ocurrirle a una ganadería
puntera es persistir en dar gato por liebre porque la clientela se harta y pide
cambios. Los que Victorino parece no estar llevando a cabo, confiado en la fama
que tiene y en que, como tantas veces le sucedió en los últimos años, aparezcan
uno o dos toros salvadores que compensen lo demás. El ganadero, que además de
saber de toros sabe también vender muy bien sus productos en los coloquios y las
entrevistas que le hacen después de cada una de sus corridas, suele decir que
sus toros no son como los de los demás, que piden el carnet
de identidad a los que se ponen delante y, en definitiva, que los toreros no
han sabido o no han podido sacarles el partido que tenían. Pero esta cantinela
tan repetida ya sin motivos de fondo que la avale, se está pasando de castaño
oscuro y empezando a molestar porque la gente no es tan tonta como cree quien
abusa de tanto autobombo para sus productos. Tal y
como dije en Pamplona, las empresas deberían pensar en darle vacaciones un par
de años o tres por ver si así también se ata los machos quien tanto habla de
que los toreros no llevan bien atados los suyos y, además, desprecia a todos
sus compañeros.
Suele Victorino quejarse de que
Mal presentada estuvo la corrida de ayer, sin cara
y algunos bastos, como el amoruchado que abrió plaza que fue como una premoción de lo
que vendría después. Un petardo mínimamente saldado
con el cuarto toro que resultó muy noble aunque no encastado. Con ambos se
lució Padilla con el capote y en banderillas, sobre todo en su segundo tercio
del cuarto porque con el primero tuvo que hacerlo él todo con los palos y luego
no pudo darle un solo pase. Y al cuarto muchos en una buena faena que inició de
rodillas junto a las tablas, siguió bien por redondos en los medios y terminó
con desplantes de nuevo genuflexo con la plaza ya
metida en harina a favor del torero y, de paso, brevemente contenta con el buen
juego que había dado el animal, supongo que en la creencia de que en la segunda
parte del festejo las lanzas se iban a trocar por cañas.
Y es que el segundo y el tercero resultaron
fatales sin bien el que mató Luís Bolívar se prestó en el capote – buenos los
lances - y en el feliz y hasta prometedor arranque de la faena del colombiano.
Pero pronto se fue viniendo abajo por crecientemente soso el animal, el empeño
de Bolívar quedó en tablas y finalmente en la nada tras el bajonazo con que lo
liquidó. Salvador Cortés anduvo técnicamente solvente con el tercero por
saberle llevar muy tapado para que no se desentendiera de la muleta que es lo
que el bicho quería hacer, pero tuvo que desistir pronto porque el toro se
paró.
Bolívar brindó a no sé quien el quinto, que no
era toro de brindis, y pronto lo pudo comprobar. Lo cambió varias veces de
terrenos por ver si así se prestaba algo, se eternizó en los intentos y
terminamos todos hasta el gorro del toro y de Bolívar. Como también del mansísimo sexto que no paró de recular ante el caballo y de
Salvador Cortes que, aunque estuvo por encima del toro, se pasó de faena
aburriendo al personal. Uno imaginó, entonces, esta mima corrida en manos de
Puerta, Camino y El Viti. No hubiera durado ni tres
cuartos de hora.