José Antonio del Moral
FERIA DE SANTIAGO EN
SANTANDER
EL FUNDI TRIUNFÓ CON
DIFÍCILES CEBADAS, PERO QUIEN MEJOR TOREÓ FUE LÓPEZ CHAVES
Si no nos atuviésemos a los
resultados, las orejas que le dieron al de Fuenlabrada
tras muletear a base de regates
y, eso sí, matar muy bien a sus dos toros, solo debió ser motivo de vanagloria.
Sin embargo, Domingo López Cháves fue el autor de la
mejor y más templada faena de la tarde con el tercer toro sin que la banda de
música la amenizara ni el público solicitara ningún trofeo por el solo hecho de
descabellar dos veces. Salvo el sexto toro, que se paró en la muleta, la
corrida de Cebada sacó tanta movilidad como falta de clase y la mayoría de los
toros desarrollaron peligro. Ello explica el academicista conservadurismo de
Luís Miguel encabó con el peor lote en conjunto.
Pamplona. Plaza de Cuatro Caminos. 27 de julio
de 2007. Séptima de feria. Tarde calurosa con casi lleno. Seis toros de Cebada
Gago, bien aunque desigualmente presentados, los primeros más cuajados y
ofensivos que los terciados de la segunda mitad. Dieron juego irregular con el
predominio de los difíciles, resultando más manejables primero y tercero. Los
demás, desparramaron demasiado la vista y desarrollaron genio en mayor o menor
grado de fuerza. El Fundi (celeste y oro con remates
negros): Estoconazo desprendido, oreja. Estocada
trasera de gran ejecución, oreja. Salió a hombros. Luís Miguel Encabo (azul prusia y oro): Estocada trasera tendida y descabello, aviso
y silencio. Pinchazo y estocada trasera, palmas. Domingo López Cháves (marino y oro: Media estocada y dos descabellos,
ovación. Pinchazo, atravesada y descabello, silencio.
Si no tomase notas, al cabo de tiempo e incluso
en el momento de empezar a escribir esta crónica, solo aparecería nítida en mi
memoria la faena de López Chaves frente al tercer
toro. Desde luego, la única de la tarde en el mejor sentido de la palabra.
Porque las otras se compusieron de telonazos, mantazos,
trapazos y regates pero no de pases. Sí, ya sé que si
los toros no pasan no se les pueden dar pases, que de ahí tal nombre, pero
torear, lo que se dice torear… Es decir, pasarse al toro por delante prendido
en la tersa muleta, ayer solo se lo vimos hacer al espada salmantino.
Pero la banda de música permaneció callada
durante esta faena de Chaves y como tras la media
estocada con que mató al toro tuvo que descabellar dos veces, nadie sacó su
pañuelo para que le concedieran la oreja que había merecido. Desde luego tan
merecida o más que las que le dieron a El Fundi, sin
que con esto queramos restar méritos al veterano torero de Fuenlabrada.
Fueron distintos conceptos ante una corrida
realmente difícil como se esperaba de la de Cebada. Con mucha movilidad. Y
también con muy malas intenciones de las que hubo que zafarse con la mayor
gracia posible. El Fundi lo hizo vendiendo
gestualmente sentimientos de riesgo para asustar al personal más de lo que
estaba. Y Chaves con ademanes heroicos y de poderío
chulesco. Que en el toreo siempre suman puntos los efectismos y las dotes de
actor aunque, como alguien dijo un día, la diferencia entre el teatro y los
toros es que en las corridas se puede uno morir de verdad y no disimuladamente.
Los dos toros que le correspondieron a Luís
Miguel Encabo como el sexto que mató López Chaves,
fueron horribles. El segundo pasó de mansear en el
caballo a mejorar alegre en banderillas y, de tal esperanza, a desarrollar
peligro. Para nada se dejó. El quinto fue el que sacó más genio de la corrida y
Encabo no le dio ni un pase aunque intentó darle más de treinta. Y el último se
paró en la muleta, lo que obligó a López Chaves a
cortar por lo sano su apenas iniciado trasteo. Tres petardos de toros, pues. Y
que no me vengan los toristas con zarandajas.
Se me había olvidado decir que El Fundi y Encabo alternaron en banderillas en sus primeros
toros y parearon en solitario en sus segundos. Nada de particular. Bien a
secas. Cubrieron el expediente en este segundo tercio sin destacar
especialmente en ningún par aunque algunos de poder a poder fueron buenos. El Fundi intentó imitar a El Fandi
en un par yendo para tras y no pudo teniendo que tirarse de cabeza al callejón
perseguido por el cuarto toro que fue el peor de los dos que mató. Aún mejor
que al que abrió plaza, razón de la segunda oreja que le permitió salir a
hombros. Que no por la faena en donde tampoco pudo dar un solo pase en serio.
Yo salí de la plaza muy cansado
y con amargor de boca. Tras la deplorable corrida de Mont
de Marsan, ésta también y a sabiendas mala con
diestros modestos y en tono trágico, me provocó una depresión de campeonato.
Tuve que remediarla en el restaurante del hotel con un gin-tonic
gigantesco.