José Antonio del Moral

FERIA DE SANTIEGO EN SANTANDER

 

ESTRAGOS DE DE LA POPULARIDAD… Y DE LA ESPADA

 

Dejando aparte el triunfo del rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza que cortó dos orejas a su segundo toro después de que casi no le hicieran caso con el primero del que debieron darle una, José María Manzanares pinchó el único faenón de esta feria por ahora frente al estupendo segundo toro de Victoriano del Río y anduvo sencillamente perfecto con el bastante peor quinto aunque sin apenas eco en los tendidos, mientras los fans de Cayetano pusieron mucho más empeño en que éste triunfara que el propio torero, por lo de que dejó escapar el éxito que debería haber logrado con dos reses muy nobles si hubiera toreado más pendiente de convencer a los buenos aficionados que de contentar a sus incondicionales,  dispuestos a premiarle sendas labores tan frías como distantes y, desde luego, muy por bajo de lo que le hemos visto en otras ocasiones.

 

Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 24 de julio de 2007. Quinta de feria y corrida mixta. Tarde excelente con lleno total. Dos toros para rejones de Fermín Bohórquez, de buena presencia aunque demasiado desmochados y de de buen aunque distinto juego. Muy dócil aunque algo soso el primero y más vibrante el que hizo de cuarto. Cuatro para la lidia a pie de Victoriano del Río, bien presentados sin excesos salvo el anovillado sexto que desmereció notoriamente de sus hermanos.  Magnífico el que hizo de segundo. Noble en la muleta tras mostrar no pocas dificultades por distraído e incierto en los primeros tercios el tercero. Mansote, simplemente manejable, sin clase, rajado y muy a menos el quinto. Y muy noble el sexto que fue el más obediente. Pablo Hermoso de Mendoza (de corto con chaquetilla gris acero): Rejonazo, ovación. Rejonazo, dos orejas. Salió a hombros. José María Manzanares (cobalto y oro): Pinchazo hondo bajo ladeado, otro pinchazo y buena estocada, aviso y gran ovación. Buena estocada, silencio inexplicable. Cayetano (turquesa y oro): Estoconazo trasero tendido, aviso y ovación. Pinchazo y estocada corta caída, loca petición de los fans y ovación.      

 

Aunque las corridas mixtas con la presencia del rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza suelen ser muy divertidas e infalibles en la taquilla, la participación ayer del famosísimo Cayetano contribuyó a distorsionar el ambiente de la tarde por el ansia de sus muchos y, sobre todo, muchas fans que abarrotaron los tendidos – fundamentalmente los de sol - en que su torero favorito triunfara como fuese. Tal circunstancia pesó demasiado en el devenir de un festejo en el que quien mejor estuvo con notable diferencia, José María Manzanares, fue la mayor víctima a cuenta de los estragos de la alocada popularidad que últimamente acompaña a los personajes más distinguidos por los medios que tanto espacio y tiempo dedican a la vida privada y pública de los elegidos.

 

Se notaban las prisas de la gente por ver torear a Cayetano – era su primera tarde en Santander – y ello perjudicó primero a Pablo Hermoso de Mendoza, tratado con increíble frialdad tras una magistral aunque sobria y justa actuación con su primer toro; y después a José María Manzanares a quien casi nadie prestó la atención que mereció mientras duró su gran faena de muleta con el segundo toro de la tarde. Un faena que merece punto y a parte y a ello vamos.

 

Faenón de antología como Manzanares ya está seguro de cuajar cuando le corresponde un toro de las características que tuvo el de Victoriano del Río. Porque, si bueno el toro, mejor la faena que, además de la majestuosidad que caracteriza el toreo del alicantino, sumó grados de inusitada intensidad en tandas eternas como las dos que dio con la mano derecha, compuestas por siete muletazos seguidos en redondo tan lentamente cosidos que parecieron uno solo y, a continuación, una dosantina que todavía dura que también ligó a un sensacional de pecho. Para qué hablar de lo demás, tanto al natural como en suertes cambiadas, tal los ayudados por alto del final. De cine toreó José Mari a quien, por cierto, no se le nota ni la más mínima secuela anímica después de su grave cornada en Alicante.

 

Pues bien, esta memorable faena que dudo nadie más pueda hacer en lo queda de feria, esta manera incomparable de torear como los propios ángeles, apenas tuvo eco en los tendidos. Yo me preguntaba cómo hubieran reaccionado los tendidos de La Maestranza o de Las Ventas si esta misma obra hubiera tenido lugar en estas plazas, al tiempo que observé el gesto sorprendido y lógicamente contrariado del joven gran torero al sentir que la gente no respondía con la emoción que él derrochó sin medida. Y, ¡claro¡, como luego Manzanares pinchó feamente un par de veces antes de agarrar una buena estocada y sonó un aviso, ni una vuelta al ruedo. Petardo del público santanderino, pues.

 

Llegado el turno de Cayetano con un toro ciertamente complicado por distraído e incierto en los primeros tercios, no hubo ocasión de que el pequeño de los Rivera Ordóñez se luciera con el capote. Pero sí con la muleta porque el toro cambió a mucho mejor y resultó insospechadamente franco y noble. Pero, sea porque Cayetano no lo vio así o porque aún le duraba el susto de pensar en cómo tendría que ponerse ante un animal que, hasta ahora, nunca había tenido ocasión de enfrentarse, el caso fue que Cayetano no estuvo a la altura y toreó tan frío como despegado en incontables pases sin olor, sin sabor y sin color. La decepción que no pocos sufrieron fue de campeonato y ni siquiera la estocada que propinó resultó impactante salvo para las locas que no cesaron de llamarle guapo y de gritarle toda clase de piropos.

 

Restaurada así la, digamos, normalidad ambiental, tuvo lugar el triunfo acostumbrado de rejoneador navarro. Muy por encima de su segundo toro y más espectacular; vendiendo animoso lo que hizo que fue muy bueno; arriesgado y siempre acoplado a cualquier reacción del animal, Pablo Hermoso se vio por fin reconocido y cortó dos orejas que fueron los únicos trofeos que se cortaron  en este singular festejo.

 

Porque a Manazanares tampoco le hicieron caso con el quinto ante el que anduvo magistral, aplicando la técnica que requerían sus embestidas cortas y desclasadas; encontrando en cada tanda la distancia exacta para citar; logrando en fin que un toro vulgar pareciera mucho mejor en sus manos; y matando además como debería haberlo hecho a su primero. Pues nada. Ni caso. Un silencio sepulcral.

 

Todo parecía estar preparado para que se produjera el éxito de Cayetano con el sexto. Nervios, ovaciones y olés prefabricados. Y un animal impresentable que desdijo de los anteriores y que, a la postre, resultó el más dulce y obediente de la corrida. Cayetano lo brindó al público y, aunque empezó agarrado a tablas en muy estudiada imitación del inicio de algunas faenas de su tío Luís Miguel Dominguín, tampoco luego en el toreo fundamental se arrimó Cayetano por volver a torear despegadísimo del toro y sin cruzarse una sola vez, protagonizando una nueva decepción para los aficionados santanderinos que todavía no le habían visto, para los que sí lo hemos gozado - como en Jerez y en Barcelona - aunque no para sus fans, definitivamente dispuestos y dispuestas a pedirle todo. De no haber pinchado, nadie dude que le habrían pedido dos orejas y, quien sabe, si el palco las hubiera concedido.

 

Sea como fuere, lo que no debería repetirse son tales estragos de la popularidad en detrimento del mejor toreo. Como tampoco consentirse así como así que Cayetano se habitúe o se agarre a su fuerza mediática para no progresar profesionalmente hablando. De seguir así, mejor sería para todos que el año que viene hiciera pareja con José Tomás y que ambos se hartaran de torear arropados por sus miles de incondicionales en placitas de tercera frente a los toritos más chicos que encuentren el las ganaderías más prestigiosas.