José Antonio del Moral
FERIA DE SANTIAGO EN
SANTANDER
Pero lo mejor de la tarde fue la corrida
de Torrealta. De lujosa presentación, salvo el deslucido
cuarto toro los demás fueron de triunfo. Sobre todo los lidiados en primer y
quinto lugares. Y éste último, el más completo. Como también la preciosa y casi
perfecta faena que Cesar Jiménez hizo al toro que abrió plaza. Por cierto, casi
llena de un público encantado con lo que llevaron a cabo los toreros aunque sin
entrar en matices. Tejela cortó una generosa oreja al
quinto aunque el toro fue de dos. Y otra asimismo fácil Perera
del tercero, perdiendo por pinchar la del sexto con el que también anduvo por
debajo de su condición, lo que le privó de salir a hombros por la puerta
grande.
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 21 de julio
de 2007. Segunda de feria. Tarde nublada y fresca aunque agradable con casi
lleno. Seis toros de Torrealta, muy bien presentados
en diversidad de tipos. Los mejor hechos, primero y quinto, fueron los mejores.
Y medios los restantes salvo el cuarto que fue el único deslucido. Cesar
Jiménez (burdeos y oro): Estocada trasera y
descabello, oreja y petición de otra. Estocada atravesada que hizo guardia y
dos descabellos, silencio. Matías Tejela (tabaco y
oro con golpes verdes): Estocada caída, silencio. Estocada trasera, oreja.
Miguel Ángel Perera (turmalina y oro): Estocada
desprendida, oreja. Pinchazo, estocada trasera ladeada y descabello, ovación. Entre
las cuadrillas destacó en palos y en la brega El Poli, como también con el
capote Villalpando, sobre todo en un
oportuno quite a un compañero al salir perseguido tras un par de banderillas.
La corrida de Torrealta
que se lidió ayer en Santander fue modélica. Así es como deberían presentarse
las corridas en las plazas de segunda categoría. Pesos, armonía y trapío
conforme a las características del encaste. Conjunción de valores morfológicos
que, consecuentemente, tuvieron que ver con el juego que dieron para la lidia.
Salvo uno, el cuarto, todos proclives al lucimiento en mayor o menor grado pero
al lucimiento de los espadas según la capacidad y el valor de cada cual para
lograrlo. De ahí lo triunfal y entretenido de la tarde aunque, dadas las excelentes
condiciones de algunas reses, las tres orejas que se cortaron deberían haber
sido seis. Pero seis verdaderamente merecidas. Porque dos de las que se
cortaron ayer fueron de pueblo.
La primera que se concedió para satisfacción de
Cesar Jiménez tras la preciosa y casi perfecta faena que llevó a cabo, se quedó
corta si la compramos con las faenas igualmente premiadas después. La
presidencia debería ajustarse más a la real importancia de lo acontecido para
que los públicos aprendan a valorar lo que ven también y no se pasen o no se
queden cortos, lo que no fue el caso de ayer. Pero bueno, fuera como fuese, si
en la plaza hubo empate en resultados, no en nuestra apreciación crítica porque
quien toreó mejor con mucha diferencia fue el diestro de Fuenlabrada
al primer toro de la tarde. ¿Qué le hubieran dado si en vez de hacer esta misma
faena de apertura la hubiera hecho en último lugar? Desde luego que dos orejas
por simple termino de comparación.
Muy noble aunque algo tardo y justo de fuerza el
toro, lo que Jiménez hizo fue acoplarse por completo a estas características y
administrar su toreo en mayor o menor intensidad según convino, espaciando las
tandas con tanta razón como belleza. El ajuste y el temple, la honda traza de
la mayoría de los muletazos y una estocada contundente aunque algo trasera que
obligó a utilizar el descabello, dieron paso al que iba a ser el triunfo más
legítimo de la tarde.
Triunfo que Cesar no pudo repetir con el cuarto
toro porque este animal fue muy deslucido e incómodo aunque lo intentó desde el
principio de su enrevesada lidia en la que ayudó lo suyo el gran peón El Poli.
Con genio y cambiante este animal, aunque hubo momentos en que Jiménez pareció
someterlo, no fue posible lograrlo del todo por lo que entró a matar y mal,
atravesándose la estocada que hasta asomó y obligó a descabellar un par de
veces.
Temperamental resultó el segundo toro hasta el
punto de quedarse demasiado crudo tras dudar Matías Tejela
en cambiar el tercio de varas tras el primer puyazo creyendo que se iba a venir
abajo. Se equivocó de medio a medio porque este mismo toro hubiera sido mucho
mejor de haber sido más castigado en varas. De ahí la relativa inseguridad de Tejela al empezar su faena aunque, en determinados pasajes
al natural, tanto el toro como el torero parecieron entenderse. Y mucho mejor
aunque insuficiente frente al magnífico quinto toro que para la muleta fue el más
completo de la corrida al embestir con nobleza y con casta por los dos pitones.
Matías lo toreó sin dar el paso tras cada pase ni llevar siempre puesta la
muleta por delante para poder ligar bien las series de muletazos y tales
deficiencias, desmerecieron un trasteo que en vez de terminar con una oreja
fácil debería haber sido premiada con dos y una salida a hombros merecida. Una
pena que Tejela no termine de aprovechar todas las
grandes oportunidades que se le están presentando este año en cada feria que
comparece y lo hace en casi todas.
Miguel Ángel Perera anduvo
ayer con su habitual tono de valor seco que le distingue aunque también sin
terminar de administrarlo debidamente en cada caso. Tuvo tres orejas a su
disposición y saldó su tarde con una
sola. Emocionó más que gustó al público como él también expuso más que
disfrutó. No acaba de pasarlo bien este torero mientras torea. Si Perera fuera capaz de reequilibrar mejor estas cuatro
características entre las propias y las ajenas, le irían mucho mejor las cosas.
Porque la oreja que cortó del tercero no fue totalmente merecida y aunque al
mejor sexto le hubiera cortado otra de no haber pinchado, también fue toro de
dos.