José Antonio del Moral
CORRIDA DE BENEFICENCIA EN SANTANDER
DOMINGO LÓPEZ CHÁVES Y MATÍAS TEJELA, A HOMBROS DE VERDAD. Y EDURADO GALLO, DE REGALO
La por todo espléndida corrida portuguesa de Ortigao Costa, desigualmente aprovechada aunque felizmente para todos, cerró con broche de oro el ciclo santanderino. Pese a que al público le dio igual ocho que ochenta por incapaz de separar el grano de la paja, debería haber quedado más claro que el salmantino López Cháves cuajó una tarde completa y una importante faena al cuarto toro, que el madrileño Matías Tejela bordó otra de gran arte con el quinto y que el triunfo de ambos no tuvo nada que ver con las también premiadas labores, insuficientes y superfluas, del otro diestro salmantino.
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 30 de julio de 2006. Corrida de la Beneficencia, décima y última de feria fuera de abono. Tarde muy nublada, fresca y al principio levemente lluviosa con dos tercios de entrada. Seis toros de Ortigao Costa, magíficamente presentados y muy nobles en distintos grados de fuerza, escasa cuando no justa. Por más enteros y nobles, destacaron el tercero, el cuarto y el quinto. El primero pecó de remiso, el segundo por calamochear y adelantarse gazapón y el sexto por ser el más débil del lote. Domingo López Cháves (verde botella y oro): Dos pinchazos, estocada atravesada y descabello, ovación. Gran estocada, dos orejas. Matías Tejela (encarnado y azabache): Tres pinchazos y otro hondo, silencio. Gran estocada, dos orejas. Eduardo Gallo (verde inglés y oro): Estocada caída, oreja. Pinchazo y media tendida de rápidos efectos, oreja. Los tres espadas salieron a hombros.
A buen entendedor pocas palabras deberían bastar para entender lo que pasó en la última corrida de Santander. Lo que arriba he dicho debería ir a misa entre aficionados con un mínimo sentido de las cosas del toreo y, sin embargo, que los tres espadas salieran a hombros no dejó de ser una injusticia manifiesta. Y es que no debería suceder jamás que el público de una plaza al fin y al cabo de cierta categoría, no sea capaz de distinguir lo que es torear en serio y lo que es hacerlo sin verdad.
Bien está que a los toreros locales o con ascendencia localista se les ayude en lo posible para que triunfen. Pero de eso a igualar lo bueno de afuera con lo malo propio va un abismo. Y lo digo, sobre todo, por lo que respecta a dos toreros que, además, son paisanos y ambos salmantinos. Uno, Domingo López Chaves, de los que se vienen ganando el pan con el sudor de su frente y sin ayuda de nadie. Y otro, Eduardo Gallo, de los que no les falta de nada en cuanto a padrinos, ayuda y partidarios incondicionales.
El primero vale, es valiente sin apenas tachas, naturalmente capaz y sus progresos son más que evidentes, pese a lo cual sigue maltratado por las empresas que le relegan a puestos de relleno y casi siempre le sitúan en corridas duras. Al contrario que el segundo, al que se mima en los mejores puestos y carteles sin más motivos que los derivados de su mejor nacencia y acompañamientos.
Pues, mira por donde que ayer actuaron juntos y, oiga, ni color en todo y por todo. López Chaves anduvo tan sereno, templado, inteligente, hábil, sentido y torero - dueño de sí mismo y de sus dos toros - que de no haber pinchado a su primer toro hubiera cortado tres orejas. Cortó la dos del cuarto al que cuajó una de las mejores faenas de eta feria que coronó, además, con gran estocada. Y ello inmediatamente después de que Gallo dejara escapar al noble tercero con el que anduvo siempre al hilo del pitón y con la muleta retrasada, lo que le costó algún susto que otro y la conmiseración admirativa de sus muchos partidarios que le premiaron sin merecerlo con una oreja a todas luces de regalo.
Así iba la cosa, aparte la intervención más desgraciada de Matías Tejela con el segundo toro, el único deslucido de la por lo demás espléndida corrida de Ortigao Costa - otra ganadería a tener muy en cuenta para carteles de fuste en un próximo futuro - cuando el mismo Tejela también dejó su tarjeta de visita más cara con el estupendo quinto al que, más que cuajar, bordó una faena de hondo trazado y creciente inspiración sobre ambas manos que puso la tarde más cara y a la feria por todo lo alto, superado a todas las realizadas anteriormente y encima rematada con perfecto espadazo y las dos orejas consiguientes.
¿Por qué entonces se empeñaron muchos en que un de nuevo insuficiente y superfluo Eduardo Gallo igualara en dos trofeos con sus compañeros tras matar como pudo - mal - al sexto que volvió a desaprovechar como al tercero?. ¿Para engañarse todos y equivocar al chico, o para que las injusticias continúen primando y todo siga como está?. En el toreo, como en toda competición, debería primar siempre la verdad y el oro sobre lo falso y el oropel. Dejemos, al menos aquí, constancia de que los salmantinos tienen un torero de cuerpo entero - Domingo López Cháves - y, al parecer, todavía no se han enterado o, lo que es peor, no se quieren enterar.