José Antonio del Moral

FERIA DE SANTIAGO EN SANTANDER

MÁS RUIDO QUE NUECES EN LA MIXTA DE MODA

Puede que, económicamente, resulte muy rentable juntar en un mismo festejo un magnífico rejoneador con un matador de toros de fama y con un novillero en boga, que es quien suele procurar y al que más le interesa la organización del invento. Pero sin posible competencia entre iguales o pares y ganado asimismo tan dispar, el espectáculo suele quedar desvirtuado, resulta injusto por la enorme distancia entre profesionales de distinta y distante categoría, y casi nunca sale bien, que es lo que pasó ayer con Pablo Hermoso de Mendoza, Morante de la Puebla y el ya famosísimo y adorado Cayetano.

Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 27 de julio de 2006. Séptima de feria. Tarde nublada y fresca tras enorme tormenta y aguacero. Lleno. Dos toros para rejones de Fermín Bohórquez (primero y cuarto), bien presentados aunque demasiado desmochados y de juego nada emocionante por su embestir bobalicón. Dos toros de Jandilla, bien aunque desigualmente presentados y muy cómodos de cuerna; muy noble el que hizo de segundo aunque sin fuerza tras ser demasiado castigado en varas y con supuesto genio aunque en gran parte inédito tras ser masacrado en varas y negarse su matador a darle un solo pase. Dos novillos cuajaditos pero sin cara por cornicortos y muy gachos, realmente impresentables para la categoría de esta plaza y feria. Muy nobles los dos aunque más completo y con mayor clase el que cerró plaza. Pablo Hermoso de Mendoza (de corto con chaquetilla granate): Pejonazo trasero contrario, oreja dadivosa. Pinchazo trasero, otro hondo y rejonazo, ligera petición y ovación. Morante de la Puebla (gris plomo y oro): Pinchazo y estocada trasera, ovación. Media trasera baja, broncazo e insultos con arrojo de almohadillas desproporcionado. Cayetano (salmón y oro): Pinchazo y estocada muy baja, palmas. Estocada muy trasera a la trágala de la que salió rebotado y descabello, aviso y petición insuficiente con fuerte ovación al saludar.

Una sola oreja pedida sin unanimidad para el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza tras matar al toro que abrió plaza, fue el pobre balance en resultados de la corrida mixta en la que el navarro actuó junto a Morante de la Puebla y al novillero Cayetano a quien solo le falta poco más de un mes para tomar la alternativa. El interés de la mayoría del público se centraba en ver a Cayetano que se presentaba en Santander.

Pues ya le vieron. Los más, con admirativo arrebato e incondicional entrega. El mozo lo merece por su planta y fama mediática. Cayetano se ha convertido en un personaje de primera magnitud dentro del panorama del cuore nacional y, mientras tal circunstancia le reporta pingües beneficios, a algunos nos preocupa comprobar que el novillero no progresa como debiera y que, además, no hay modo de verle actuar frente a reses con suficiente y creciente presencia que es lo que requeriría su mejor formación.

Entre algodones no se puede avanzar porque cuando llegue el momento de matar toros, todo se puede venir abajo a no ser que con Cayetano suceda lo contrario que suele ocurrir con los demás. Que esté mejor que lo está ahora y ojalá que así suceda.

De momento - ayer tuvo un sexto novillito de Jandilla con nobleza y clase para dar y tomar - continúan sobresaliendo su empaque y su prestancia, su calma en los andares y el fondo de su estilo netamente ordoñista en algunos momentos que no en todos. Más cuando cita y cuando se va del toro que cuando torea. Porque el capote todavía no sabe manejarlo con soltura y con la muleta parece todavía muy verde. A pases extraordinarios suceden otros vulgares cuando no enganchados, y a una serie limpia le sigue otra sucia con lo que la unidad de acción y la redondez no aparecen por ninguna parte. Dada la mayor calidad del último novillo, su faena con éste fue mejor que la del tercero aunque no a la altura de su magnífico oponente.

Me preocupa también ver a Cayetano tan a merced de los novillos y por ello tan cogido sin necesidad. Ayer le revolcó el tercer novillo al intentar dar un pase de pecho mientras el animal le veía desarmado por estar mal colocado y el sexto le pegó una paliza tremenda al entrar a matar. Menos mal que los animalitos apenas tenían pitones porque, si los llegan a tener, se hubiera llevado alguna cornada.

No deberían engañar a Cayetano los piropos y el griterío histérico de sus fans que ayer se quedaron roncas y roncos en pedir las orejas para su ídolo sin entrar en las consideraciones que acabo de manifestar y en los que sí debió entrar el palco presidencial que se negó a los dispendios. Imaginen lo que pasará en otras plazas y eso a pesar de que esta de Santander no es de las más serias y exigentes. En fin…

En cuanto a los ilustres comparsas de Cayetano, nada que ver lo de Pablo Hermoso con lo de Morante. Aunque Hermoso es un gran maestro de lo suyo y Morante un gran artista como pocos hayan habido en el toreo y, por tanto, irregular, al jinete se le perdonó todo aunque ayer no anduviera tan fino ni tan acertado ni tan pletórico como suele, mientras que a Morante le armaron un pollo de campeonato cuando, negado a dar fiesta a un mal quinto toro de Jandilla, la complaciente plaza de Santander pareció convertirse en el más duro e inclemente de los ruedos. Pedazo de bronca. !Qué bárbaros!.

Morante, que se pasó en ordenar excesivo castigo en varas al noble aunque flojo segundo, bordó los mejores muletazos de la feria en su primera faena y casi nadie le hizo caso. Razón que quizás explique su decisión de no querer ver a su siguiente enemigo. "A estos, que les den", debió pensar. Y tiró por la calle de en medio. Pues eso.