José Antonio del Moral
FERIA DE SANTIAGO EN SANTANDER
UN PONCE CON SIFÓN Y MUERMO GENERAL
Con tres toros más que posibles de Núñez del Cuvillo (primero, segundo y sexto), el gran torero valenciano pareció una lejana sobra de sí mismo, Serafín Marín se mostró sin fuelle ni ilusión y Salvador Vega no pasó de superficial e itinerante. La corrida en su conjunto resultó muy aburrida además de soporífera tanto por lo poco interesante que se vio en el ruedo como por el bochorno que estos días aplatana a cuantos habitamos en la capital cántabra. Los toreros debieron sufrir del mismo síndrome.
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 26 de julio de 2006. Sexta de feria. Tarde nublada y bochornosa con amago de lluvia y casi lleno. Seis toros de Núñez del Cuvillo, bien aunque desigualmente presentados y nobles en distintos grados de fuerza y de casta, ambas escasas en líneas generales. Por más enteros y posible destacaron el primero, el segundo y el sexto que fue el más alegre tras mansear en el primer tercio. Enrique Ponce (grana y oro): Pinchazo y estocada baja, ovación. Media tendida trasera muy baja, silencio. Serafín Marín (verde papagayo y oro): Estocada trasera caída, palmas con saludos. Estocada casi entera, silencio. Salvador Vega (vainilla y oro con remates negros): Estocada baja, silencio. Estoconazo muy trasero, petición insuficiente y ovación.
Remató bien el primer toro en tablas, con los dos pitones, por abajo y dos veces seguidas. Buena señal, pensamos. También debió gustarle a Ponce que se estiró a la verónica aunque dando el paso atrás. Veremos luego si se estira en serio, seguimos pensando. Aunque el toro echó la cara arriba en varas, Enrique quitó por chicuelinas bajeras, las que da cuando se acuerda de su amigo Manzanares. Esto va bien, habrá faena grande, continuamos afirmando. Muy bien Mariano de la Viña y Tejero en palos. Todo perfecto. Y brindis al cónclave. Seguro que la va a armar el valenciano.
Empezó la faena Ponce con sus habituales tanteos con la mano derecha y, de seguido, con dos redondos sin apreturas que ligó a uno de pecho protestando el animal que evidenció no querer coles por el pitón izquierdo. Molesto, quizá decepcionado el matador por tan inesperada reacción, todo lo que siguió fue un hacer sin querer meterse en líos ni en cintura. Ni por el mejor pitón derecho y menos aún al natural que apenas dio cuatro de uno en uno para volver a los redondos, casi nunca a gusto ni apenas relajado. Elegante para que no digan, sin creérselo para no arriesgar y, consecuentemente, sin romperse nunca. Un Ponce con sifón, calificamos de inmediato. Y con la espada, pinchazo y bajonazo. Claro que, de haber matado a la primera y por arriba, quizá le hubieran pedido y concedido una de las fáciles orejas que se están dando en esta feria.
Y luego, con el muy remiso cuarto, en nada y por nada espoleado por Serafín Marín y Salvador Vega, Ponce tiró por calle de en medio ante la nula colaboración de su oponente y, muy mojado y sudoroso, dio la impresión de estar deseando que la tarde terminara cuanto antes. También los espectadores, asimismo aburridos y tan aplatanados como los toreros aunque con la notoria diferencia que estos cobraron por sufrir el bochorno delante de los toros y la gente pagó por aguantarles.
Decía que Serafín Marín no espoleó a Ponce y la verdad es que con el segundo toro - quizá el de más clase del envío aunque como casi todos no sobrado de fuerza - no paró el catalán de mostrarse indeciso cada vez que el toro amagó con claudicar. Incapaz, pues, de templarse Serafín, su faena no pasó de un quiero y no puedo. Mal asunto que reeditó con el espectacular jabonero que salió en quinto lugar, ante el que le vimos acelerado, aún menos templado y pesadísimo.
Con el manso aunque finalmente alegre y noble sexto, dolió ver a Salvador Vega tan ayuno de inspiración y en plan industrial. Siempre fuera de cacho e intentando convencer al público que él estaba toreando convencido sin estarlo. ¿Dónde habrá dejado Vega aquellas improvisadas y maravillosas creaciones muleteras que le alzaron a la primera fila hace tres años?. Da verdadera pena que ya no las encuentre y se conforme con sumar pases de nula trascendencia. Los que, recordando sus preciosas faenas en este Santander que le lanzó, creyeron estar viéndolas de nuevo, pidieron una oreja tras matar Vega de estocada trasera. Pero la mayoría no cayó en el espejismo.