José Antonio del Moral

FERIA DE SANTIAGO EN SANTANDER

LA GRAN MULETA DE EL JULI, ÚNICO ALICIENTE EN TARDE BOCHORNOSA Y ABURRIDA

Aunque no las remató bien con la espada, sus dos faenas, sobre todo la del mejor cuarto toro, fueron lo más sobresaliente en una corrida por lo demás decepcionante. Los dos toros de El Fandi, mermado de facultades y pese a ello muy meritorio en banderillas, no se prestaron nada en el último tercio y Miguel Ángel Perera no estuvo a la altura de las dos muy nobles reses que le correspondieron, especialmente del sexto toro, el más lucido de la tarde.

Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 24 de julio de 2006. Tercera de feria. Tarde bochornosa con lleno total. Cinco toros de Juan Pedro Domecq, muy desigualmente presentados entre feos, bonitos y cuajados. Sin fuerza en distintos grados ni apenas raza, salvo el cuarto y el sexto que fue el más serio y el más completo. Por devolución del flojísimo tercero, se lidió un sobrero sin pitones de Parladé que resultó mortecino y enseguida rajado. El Juli (verde parra y oro): Media muy tendida trasera caída y descabello, palmas. Estocada atravesada que hizo guardia y descabello, oreja protestada que el torero arrojó al tendido. El Fandi (negro y azabache con golpes dorados): Pinchazo hondo y descabello, leve petición y palmas. Estoconazo, petición insuficiente y gran ovación. Miguel Ángel Perera (amapola y oro): Dos pinchazos, estocada y descabello, aviso y silencio. Bajonazo, aviso y ovación.

La incuestionable destreza muletera de El Juli se puso una vez más de manifiesto frente a dos toros nobles - el primero sin ninguna fuerza y más entero el cuarto - con los matices inherentes a las cualidades y defectos que ambas reses exhibieron. Al máximo aprovechamiento de las bondades y a la corrección de los problemas, El Juli añadió el indeclinable entusiasmo que caracteriza a las grandes figuras sea cual sea la situación y el ambiente. Sin embargo, las dos faenas de El Juli no tuvieron la respuesta que hubieran tenido en otra tarde más fresca que la de ayer en Santander.

El tremendo calor no podía ser más incómodo en una plaza abarrotada de público que, muy apretado en sus asientos, tuvo que pasar la tarde entre sudores, imparable abaniqueo, cocas, fantas y aguas minerales. Muy difícil, por ello, resultó distraer y más compensar al personal del sufrimiento climatológico y ello aparte de lo que la muy desigual y en general descastada y floja corrida de Juan Pedro Domecq contribuyó al aumento del sopor. La gente se preguntaba que cómo serían los toros desechados de José Luis Marca a la vista de algunos ejemplares de la ganadería sustituta. Un saldo en escalera con varios animales impresentables y sin resuello.

Para colmo, El Juli no anduvo fino con la espada y no pudo cortar la oreja que se había ganado del primero, ni las dos que le habrían dado del cuarto aunque sí una que fue protestada porque la estocada atravesada asomaba por la barriga del animal.

En esta mezcla de sudores y desalientos, El Fandi se llevó el lote menos propicio y más a contraestilo de sus habilidades. Con cualquiera de los de sus colegas hubiera logrado encandilar más al personal, pero tuvo que intentarlo con el suyo. Dos mansos que se rajaron ostensiblemente nada más iniciar sus faenas de muleta tras no colaborar casi nada o nada en banderillas como al quinto al que pareó sin que el toro apenas se moviera.

El Fandi, mermado de facultades y con media cara tumefacta, tuvo que hacer acopio de ánimo y, como en todas sus corridas, banderilleó con el conocimiento y la facilidad que le caracterizan. Sean como sean sus oponentes El Fandi cumple en su mayor especialidad, pone a la gente de su parte y se gana el puesto para la siguiente feria. Incluso en las tardes menos proclives como la de ayer. Además, mató muy bien al quinto. Digan lo que digan sus sufrientes detractores, hay Fandi para rato.

A quien no veo con el puesto tan asegurado es a Miguel Ángel Perera. Y mira que el mocentón pacense hace todo lo que sabe y lo que puede con ahínco. Pero es que su toreo no prende ni llega al tendido casi nunca porque lo hace como un autómata sin alma. Feria tras feria, Perera no termina de salir adelante y como no halla otro modo ni manera de sentirse, desespera entristecido, alarga sus faenas cuando debe darlas fin, aburre a las vacas y se le va una tarde tras otra sin triunfar. Sin resolver la papeleta, que es de lo que se trata. Ayer pudimos disculparle con el mortecino sobrero anovillado y sin pitones de Parladé que mató en tercer lugar, pero no con el voluminoso aunque armónico y estupendo sexto. Un toro de claro éxito que dejó escapar sin pena ni gloria pese a que, en medio de su interminable labor, lo toreó muy bien al natural.