José Antonio del Moral
FERIA DE SANTIAGO EN SANTANDER
TALAVANTE PONE LA FERIA MUY DIFÍCIL A LOS QUE QUEDAN POR VENIR
Y así seguirá ocurriendo a partir de ayer en la plaza de Cuatro Caminos donde, pese a cortar solo una oreja - perdió otras dos con su deficiente espada -, enamoró a cuantos disfrutaron con su toreo de ensueño. Su gran y personalísima faena al sexto pesará como una losa por su enorme fondo y excepcionales formas. La llevó a cabo con uno de los tres toros más nobles que se lidiaron. Dos de la corrida de Torrealta y un fantástico sobrero de Los Bayones al que Salvador Cortés cortó una oreja sin estar a la altura de la gran calidad del animal. Luego de lo hecho por Talavante al menos propicio tercer toro, casi nadie prestó atención a Cortés y a Fernando Cruz que tuvo una mala tarde. Ni siquiera primó como noticia que el toro devuelto se escapara de los corrales y tuviera que ser matado a tiros en el patio de caballos.
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 22 de julio de 2006. Primera de feria. Tarde algo bochornosa y nublada aunque, mediado el festejo, salió el sol. Casi lleno. Cinco toros de Torrealta, sobrada aunque desigualmente presentados para la categoría de la plaza y en general nobles y blandos de remos. Por más enteros, destacaron cuarto y sexto. Por devolución del segundo tras romperse un cuerno al chocar contra un burladero nada más salir, se lidió un bonito sobrero de Los Bayones que dio excelente juego. Fernando Cruz (marino y oro): Pinchazo y estocada caída, silencio. Dos pinchazos y estocada caída, silencio. Salvador Cortés (lirio y oro con remates negros): Pinchazo y estoconazo, aviso y oreja. Buena estocada, silencio tras insuficiente petición. Alejando Talavante (carmesí y oro): Pinchazo y estocada baja, aviso y gran ovación con saludos. Pinchazo y sablazo en el sótano más bajo, aviso y oreja.
¿Habrían diez mil espectadores en los tendidos ayer tarde?. Pues ya tiene diez mil partidarios más Alejando Talavante. Diez mil que salieron de la plaza hablando de él, de lo que le hizo a sus dos toros, sobre todo al sexto, y deseando volverle a ver. Así es como se genera una gran figura del toreo. Así fue siempre y seguirá siéndolo siempre y cuando quien sea objeto de la admiración, repita y aumente sus propias expectativas.
En los autobuses que suelen trasladar a los aficionados que vivimos en los hoteles de las playas del Sardinero todo el mundo entró radiante con lo visto. Claro que a los comentarios admirativos, casi todos añadieran lamentos por su mala espada. Una pena que no matara bien. Espero que arregle el problema por lo que le va en ello, ser matador de toros en toda la extensión de la palabra. Pero con lo que tan garrafal defecto supone, la gente nunca olvida lo que ve cuando es realmente excepcional.
Total, nada. Algo muy sencillo: Ponerse en el sitio donde casi todos los toros embisten porque no les queda otro remedio y templar muy despacito. Hacerlo, además, con natural soltura, con sencilla facilidad y con alegría. Disfruta, sonríe Talavante cuando torea y, tal disfrute, prende en los espectadores que, a su vez, saltan de gozo.
No fue de chocar, entonces, que ayer la gente se desentendiera de casi todo lo demás después de que Alejandro Talavante toreara al tercer toro. Hasta ese momento, Fernando Cruz no halló acople alguno con el renqueante y flojísimo primer toro y Salvador Cortés cortó una oreja al magnífico sobrero de Los Bayones que sustituyó al segundo de Torrealta, devuelto tras romperse un pitón por la cepa al chocar contra un burladero y luego muerto a tiros cuando apareció no se sabe cómo ni por qué en el patio de caballos.
Tuvo mérito Salvador Cortés en torear mientras sucedía el incidente y sonaban los disparos. Se alteró el personal que había enfrente de la puerta de cuadrillas cuando alguien abrió el portón interior que conduce al patio de caballos y pudieron ver cómo un policía remataba a tiro limpio al animal. Dantesca escena que jamás debió producirse y menos verse mientras Salvador Cortés muleteaba limpia aunque vulgarmente al excelente sobrero.
A partir de ahí, el portento de Badajoz lo tapó todo y casi nadie se acordó de lo sucedido con el toro devuelto. Fernando Cruz tampoco consiguió templar al cuarto como debería haberlo hecho: no quitarle la muleta al animal antes de tiempo. Desaprovechó así su buen pitón derecho. Como también, aunque no tan groseramente, desaprovechó Salvador Cortés al buen quinto al que, eso sí, mató muy bien, dando ocasión a que unos pocos pidieran la oreja que el presidente no concedió sin que nadie aplaudiera a Cortés después de la negativa del palco. Mal asunto.
El gran, el esperado acontecer sucedió con el sexto y último toro de la tarde. Fue la consecuencia más rotunda de su anterior trasteo. Mejor el toro que el tercero, Talavente lo vio enseguida y destapó por completo su misterio. Primero con un ajustadísimo y templado quite por gaoneras. Después con una faena de muleta de ensueño y marca de la casa.
Nada de particular en su bondad de fondo el toro - uno más de los muchos que le esperan - Talavente quintuplicó su corriente condición convirtiéndola en excelente. Algo que solo los grandes toreros son capaces de lograr. En el arranque de la faena, mejoró los estatuarios con que inició la del tercer toro. Y luego, al natural, lo bordó por cercanía, suavidad, despaciosidad, ligazón, cadencia y liquidez de trazo en cada pase. A cada cual mejor y más sencillo. De cada tanda salió el torero sonriendo, que eso de torear bien no está reñido con la alegría, sino todo lo contrario. Y a cada sonrisa del torero, le siguieron nuevos capítulos balizados con no muy largas pausas a modo de apoyo ambiental para que la gente paladeara lo visto y el torero se relamiera a gusto con lo que acababa de hacer. Los últimos, con la mano derecha, por trincheras, cambios de mano acompasados y unas bernardinas bellamente angustiosas.
La gente se volvió loca y hasta pidió y consiguió que el presidente diera una oreja a Talavante pese al pinchazo y el infamante bajonazo con que mató. En fin, que estamos deseando volverle a ver y que, quien venga atrás, que arree y se ate los machos. !Habemus Papam¡