José Antonio del Moral

FERIA DE SAN MIGUEL EN SEVILLA

 

SOLITARIA AUNQUE IMPORTANTE OREJA PARA MIGUEL ÁNGEL PERERA

 

Tras imponerse valentísimo con la muleta y matar de maravilla, la cortó del segundo toro de Alcurrucén, el más violento y difícil de un manso corridón en el que solo se prestaron dos, el tardo primero y, sobre todo, el cuarto que humilló y repitió con franca nobleza aunque duró poco.  Curro Díaz no se atrevió a dar el paso con el que abrió plaza pero sí con el mejor, cuajando la faena más bonita y pinturera de la tarde que luego pinchó por lo que dio una compensatoria vuelta al ruedo. La espesa voluntad de Salvador Cortés se estrelló con un lote deslucido y aburrido.

 

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 30 de septiembre de 2007. Segunda y última de feria. Tarde medio nublada con algo de viento en su inicio y dos tercios largos de entrada. Seis toros de Alcurrucén, irreprochablemente presentados en variedad de tipos y de juego desigual aunque todos mansearon en distintos grados de fuerza. Por más nobles, destacaron el muy tardo primero y, sobre todo, el cuarto que fue el mejor del envío. Muy violento y difícil el segundo. Sin fuerza ni movilidad en la muleta el quinto. Y muy deslucidos sin ninguna virtud tercero y sexto. Curro Díaz (rosa y oro): Pinchazo y estocada, ovación. Pinchazo y media desprendida, petición insuficiente y vuelta al ruedo. Miguel Ángel Perera (botella y oro): Gran estocada contraria, oreja. Dos pinchazos, un tercero hondo y dos descabellos, aviso y palmas. Salvador Cortés (corinto y oro): Casi entera trasera caída, silencio. Estocada, silencio. Muy bien en la brega y en palos Álvaro Montes.  Y estupendos en banderillas Luís Mariscal y Curro Robles. Ambos escucharon música en sus respectivas actuaciones.

 

Aunque no vimos faenas grandes ni nada memorable, se cumplieron en parte las expectativas que habían despertado Curro Díaz y, sobre todo, Miguel Ángel Perera que llegó a la Maestranza para ratificar el gran momento que atraviesa. Ambos solo pudieron dar rienda suelta a sus virtudes con dos toros, el segundo y el cuarto. Todo lo demás careció de relevancia y resultó aburrido tiñendo la tarde de vulgaridad mientras los matadores luchaban baldíamente con unas reses tan imponentes como mansas. Decepcionó por tanto la corrida de Alcurrucén que por su procedencia Núñez hizo concebir mayores esperanzas.

 

Curro Díaz no se atrevió o no supo dar el imprescindible paso tras cada pase con el muy tardo aunque noblote primero y por eso no pudo ligarlo aunque, aisladamente considerados resultaron buenos, para los fotógrafos. Luego, con el cuarto, sí que consiguió coser preciosos muletazos porque este toro repetía y humillaba noblemente aunque duró poco. El conjunto de la bonita y pinturera faena del artista de linares fue el pasaje más celebrado por lo sevillanos a quienes tanto gusta este tipo de toreo. De haber matado bien, Curro Díaz podría haber cortado la que hubiera sido segunda oreja de la tarde. Dio una celebrada vuelta al ruedo con la que el torero no debería conformarse.

 

Lo más importante corrió a cargo de Miguel Ángel Perera con el violento y difícil segundo. Muy bien lidiado, llegó a la muleta pidiendo el carné y enseguida lo mostró Perera que no dudó un solo segundo en plantear la batalla que transcurrió en medio de la admiración de los presentes al descubrir la serena e inasequible firmeza del torero pese a los derrotes que le pegaba el toro en cada embroque y a las coladas que sufrió. Faena de valor-valor sin posibles alharacas. Trasteo seco, por tanto, pero tan imponente como el toro. Una gran estocada recetada en corto y por derecho valió por sí misma la oreja que le dieron con todo merecimiento. Luego no tuvo suerte Perera con un quinto que de salida nos equivocó a todos por embestir bien en las buenas verónicas del recibo. Flojo el animal y por ello apenas castigado en varas, llegó exánime a la faena y no hubo nada que hacer. Totalmente parado a la hora de la verdad, Perera tripitió pinchazos en los que el toro nunca hizo nada por la muleta del extremeño.

 

Muy deslucido el lote de Salvador Cortés – el sexto se fue siempre a chiqueros – sus dos actuaciones no pasaron de aburridas porfías. Inevitable fue pensar en qué ocurrirá cuando el próximo 12 de octubre se encierre solo con seis toros en la Maestranza.