TEMPORADA 2004
DE SALAMANCA A NINES
Siguiendo a Ponce en más de 1000 kilómetros entre ambas ciudades, nada de particular en dos festejos sin suerte con los toros salvo uno de Javier Pérez Tabernero al que Javier Valverde le cortó una oreja en la capital charra y otro de rejones de Los Espartales al que Pablo Hermoso cortó dos en el coliseo romano. Aunque el valenciano le arrancó una oreja al quinto de "Zalduendo", destacaron sus logros frente a reses inservibles. Bastante mejor la corrida vespertina de Juan Pedro Domecq en la que Rincón pinchó una grandiosa faena por lo que no pudo salir a hombros junto a Cesar Jiménez que triunfó con el último
Nimes (Francia). 18 de septiembre de 2004. Con una noche en vela sobre un coche y sin apenas tiempo para dormir un par de horas para reponer fuerzas, la crónica de estos dos festejos sólo puede hacerse a vuela pluma de impresiones. Mala la de Salamanca, desambientada en lo taurino durante una feria en la que, salvo toros sueltos, las corridas en conjunto no están dando juego hasta el punto de que acabo de leer a un colega que la mejor faena de este ciclo, por el momento, la hizo Javier Valverde. Yo también la vi y desde luego que fue buena aunque por bajo de la mucha clase del único toro que dio opción al triunfo en la corrida de Javier Pérez Tabernero. Ponce salvó su tarde con la hábil maestría que exhibe ante cualquier res pero sin brillo y sin poder conectar con el público que siempre le espera en la creencia de que va a formar un alboroto. A Cesar Jiménez le más desdibujado que en su anterior actuación en Albacete y, la verdad, a Valverde con más mérito frente al peor sexto que con el magnífico ya señalado del que cortó una oreja cuando debía haber logrado dos. De modo que, ya ven ustedes como las cosas no son como algunos intentan que parezcan.
Más alegría, más pasión y más gente hubo en la matinal de Nimes, uno de los grandes escenarios del toreo mundial, siempre perfectamente dirigido por Simón Casas. Pero tan grato reencuentro con el público del famoso coliseo romano, decayó nada más empezar el mixto festejo. Sobre todo con los dos primeros toros. El de rejones que abrió plaza enganchó demasiado las monturas de Pablo Hermoso y aunque su actuación resultó vistosa, no pudo pasear el anillo. Muy bonito pro acabado en varas el primero de "Zalduendo", Ponce lo toreo superlentamente en aislados muletazos sin que la gente llegara a calentarse pese a tanto mimo. Javier Conde sí que anduvo muy agustito con el noble y apagadísimo tercero hasta esculpirse a sí mismo en la mayoría de las suertes que logró, pero se le fue la espada al chaleco tras pinchar y las opiniones se dividieron al saludar.
Algo mejor la segunda parte, Hermoso cuajó una completa demostración con su segundo toro de "los Espartales", el mejor de los lidiados al menos para el toreo a caballo, y Ponce tuvo que valerse de nuevo de su proverbial maestría para rehacer un quinto de "Zalduendo" que se movió un poco más que su primero aunque nunca rompió. Le arrancó una oreja por ser vos quien sois y basta. Peor el sexto, Conde naufragó pese a sus intentos y todo el mundo. Total, 1000 kilómetros y pocas satisfacciones que compensaran la paliza. Menos mal que, por la tarde, los franceses disfrutaron a tope con una buena corrida de Juan Pedro Domecq en la que Rincón volvió a ser el césar imperator de las mejores ocasiones y el otro Cesar, Jiménez, se encontró más a gusto que en Salamanca y cortó dos orejas del sexto.