José Antonio del Moral
FERIA DE SALAMANCA
GUSTÓ TANTO O CASI IGUAL EL MEJOR CID QUE EL PEOR
Con su habitual buena suerte, la que jamás gozó diestro alguno en los sorteos durante un periodo de tiempo tan largo, la mayor parte de los que le vieron por primera vez se identificaron totalmente con él como viene sucediendo en casi todas partes desde la vulgaridad que suele unificar al común de los mortales hasta darles igual ocho que ochenta. En tan favorable e incondicional ambiente, cortó la oreja de un buen toro que desaprovechó groseramente y las dos de otro excelente tras cuajar una gran faena en su mejor versión. Fueron las dos únicas reses verdaderamente lucidas de un pésimo y remendado lote de Garcigrande con el que Enrique Ponce no terminó de hallarse a gusto pese a intentarlo con ahínco frente al mediocre sobrero de Puerto de San Lorenzo y Alejandro Talavante decepcionó con otro preocupante naufragio.
Salamanca. Plaza de la Glorieta. 15 de septiembre de 2006. Sexta de feria. Tarde nublada, fría y ventosa con casi lleno. Cinco toros de Garcigrande-Domingo Hernández, muy pobremente presentados en todos los aspectos, sobre todo en el córneo, y de juego deslucido por blandos, mansos y desrazados salvo el segundo y, sobre todo, el quinto que resultaron muy nobles. El mejor de ambos, justo de fuerza y con clase por ambos pitones. Por devolución tardía e injustificada del muy mal hecho y declaradamente manso cuarto, se corrió un birrioso sobrero de Puerto de San Lorenzo, apenas manejable por el lado derecho. Enrique Ponce (verde parra y oro): Pinchazo y estocada trasera, leve división. Pinchazo hondo y descabello, palmas con algunos pitos. El Cid (ladrillo y oro con bordados verdes y rojos): Pinchazo y estocada tendida, oreja. Estoconazo desprendido, dos orejas. Salió a hombros. Alejandro Talavante (encarnado y oro): Dos pinchazos, estocada y dos descabellos, silencio. Pinchazo y estocada, algunos pitos.
!Salamanca, Salamanca, quien te ha visto y quien te ve¡. ¿De qué han servido tantos coloquios y espacios radiados, televisados, y tantas páginas dedicadas a la feria en sus periódicos locales durante años y años?. Por lo que parece, no para formar debidamente a la nueva afición que en la práctica ya es inexistente. Como en tantas otras plazas, la mayoría del público de La Glorieta valoró ayer con casi el mismo rasero el oro que el oropel. Me refiero a las dos faenas de El Cid que fue el gran protagonista de la tarde y el único triunfador. También el único que tuvo suerte con sus toros. Algo ya habitual con este sufrido y desconcertante torero que el año pasado alcanzó con indudable mérito el grado de figura y aún lo mantiene gracias a esa suerte que le sigue acompañando y a los públicos que se ven reflejados en él sin entrar en ningún matiz ni en el más mínimo análisis de cómo torea a cada toro. !Mira, uno como yo¡. Y !hala!, el vale todo hasta el delirio de las orejas a lo zapatero, como sea.
Tras el descalabro de Bilbao y supongo que alertado por alguien muy cercano de que tenía que ser quien puede y debe ser, le vimos muy mejorado en Palencia. Me cuentan que también en otras plazas en las últimas ferias donde ha actuado y, desde luego, ayer en Salamanca con el estupendo quinto toro de Garcigrande al que toreó muy templado, muy puro con el capote a la verónica, y tan bien o mejor con la muleta en una gran faena muleta que podemos comparar con las mejores que El Cid ha cuajado en su vida. Bien colocado, con la muleta siempre puesta por delante, firme y asentado, profundo en su torear templado, ligado, deletreado, paladeado y seguro con la espada. Y nada de alharacas ni de adornos que no le van ni los sabe hacer porque no los siente. Todo en serio, todo de verdad, todo hondo y sobrio como los campos que le vieron nacer y en donde se partió el espinazo como labrador.
Entonces, ¿cómo podríamos entender que, apenas una hora antes, el mismo público salmantino se entusiasmó en casi igual medida con una faena absolutamente opuesta a la anterior con otro toro no con tanta clase como el quinto aunque también merecedor de haber sido aprovechado como el mismo Cid podría haberlo hecho?. Nada parecido. Mal colocado desde la periferia, fuera de cacho, vamos, casi nunca cruzado, con la mano y la muleta retrasadas, destemplado, aturdido en definitiva, el toro le descubrió en varias ocasiones, el torero tuvo que retroceder o perder pies en otras tantas y la faena no fue ni de lejos como la que acabamos de glosar admirativamente. Un pinchazo previo a la estocada y oreja al canto mientras algunos nos frotábamos los ojos para creer lo que estaba pasando.
Viendo a El Cid ayer en sus diametralmente opuestas versiones, pensé en el paradigma de su ejemplo y en el daño que le han podido hacer las malas aficiones y los malos críticos - ignoro si también sus mentores y consejeros - cuando han intentado ignorar o tapar sus defectos, haciéndole creer que quienes teníamos la culpa de sus baches y desánimos éramos los que tanto hemos criticado que en vez de torear como sabe lo estuviera haciendo como un cualquiera que no sabe ni puede. Y eso con tan buenas reses como En Sevilla, como en Madrid, como en tantos sitios. Y encima cortando orejas y hasta siendo proclamado triunfador por no pocos e importantes jurados. Lógico que el torero prefiriera refugiarse en lo más fácil: Y si me premian con esto, ¿por qué esforzarme en lo otro?.
Celebro la gran faena con el quinto toro de ayer y la celebro porque El Cid es muy buena gente y merece reencontrar su mejor sitio. No vuelvas a equivocarte Manuel ni escuches más cantos de sirenas. La encerrona de Sevilla está a la vuelta de la esquina, ojalá que la suerte te siga acompañando y que otra vez seas el mejor Cid. Huye del otro como de la peste y no te creas nada de lo que te dicen los falsos profetas que se te arriman interesados en pedirte o en quitarte algo. Y no te enfades con los que siempre te hemos dicho lo que pensábamos sin pedirte nunca nada a cambio porque siempre has de recordar aquello de que quien más te quiere, te hará llorar.
Y a todo esto, ¿cómo estuvieron Enrique Ponce y Alejandro Talavante?. Pues el maestro nada a gusto con sus toros. Inútil el que abrió plaza, algo mejor el sobrero de Puerto de San Lorenzo con el que Enrique logró medio partido con la mano derecha a base de citarle desde lejos, llevarle a su aire con temple a media altura, y casi nada con la izquierda mientras los "listos" de Salamanca le chillaban.
Y, !ay Talavante¡, perdido en su intención de ser quien no es ni puede ser. ¿Por qué tanto querer ser José Tomás si tienes de sobra con ser tu mismo?. Malos también sus dos toros, peor el tercero que el sexto, no halló método alguno de arreglar aquello. Deslavazado, destemplado, acomplejado, ignoto, lejano. Ni su sombra. Los que nunca le había visto, se quedaron de piedra.