ANÁLISIS DE LA TEMPORADA 2004

UNA CAMPAÑA DE TRANSICIÓN SIN UN TRIUNFADOR INDISCUTIBLE, CON MUCHOS PERCANCES, AMBIENTE A LA BAJA E INQUIETANTES CAMBIOS EN LA CÚPULA

De nuevo demasiadas corridas con lo que ello supone para el irregular juego del ganado. Desigual asistencia de público. Ascendente para "El Fandi", "El Cid", Salvador Vega, Matías Tejela y Sebastián Castella. Sostenida para Cesar Jiménez que terminó a la cabeza del escalafón aunque un poco desgastado. Y mantenidos en la cumbre Ponce, pese al grave percance que diezmó su campaña y limitó su acostumbrado talante al final, y "El Juli" por capaz de resolver su crisis de identidad profesional tras varios meses sin lograrlo

Con cierto desasosiego por la falta de ambiente en la mayoría de las ferias y con la impresión de que la Fiesta está en declive terminó la temporada 2004. Sensación producida, sobre todo, por el poco o nulo eco que tuvieron los acontecimientos taurinos en los grandes medios audiovisuales, salvo cuando los toreros cayeron heridos – este año la mayoría de los coletudos de todas las categorías – o por la ya intolerable e inadmisible intromisión de los espacios llamados del corazón en la vida íntima de algunos diestros, incapaces de frenar y más de impedir que sus trapos sucios se laven en las pantallas de televisión. Cuestión de la que, por cierto, tanta o más culpa tienen cuantos programas lo difunden como la mayoría de los que lo provocan. Que la generalidad del público esté actualmente más pendiente de los amoríos de los toreros, de su asistencia a bodas, banquetes o saraos, y de cómo van vestidas sus mujeres o novias que de los triunfos o fracasos que tienen en los ruedos, demuestra lo bajo que está el mercado taurino. Por eso hemos de insistir en la necesidad, ya imperiosa, de terminar con tal estado de cosas para lo cual no cabe más remedio que invertir en televisión para que en todas las cadenas que lo admitan programen espacios de información taurina en horas de máxima audiencia. Aunque nos pese decirlo, lo poco que aparece sobre toros en los diarios y en las emisoras de radio – en casi todas a altas horas de la madrugada – ni llega al gran público ni tiene la repercusión debida. Y las revistas especializadas tampoco porque se quedan en las manos de no más de ocho o diez mil lectores ya informados a través de sus teléfonos móviles o de internet, medio que cunde y crece por momentos aunque todavía no lo suficiente. Son las imágenes del toreo triunfante, las grandes faenas, los retos que se plantean cada temporada, el devenir de la competición entre unos y otros lo que no aparece por casi ninguna parte. Y una de dos: o se encara el problema con determinación colectiva, o el mundo taurino acabará pronto en el más absoluto anonimato.

Sumergidos como estamos en que todo siga igual, instaladas la mayoría de las grandes empresas en las suficientes y varias veces abultadas ganancias que les producen las medias entradas por su altísimo precio, conformes los ganaderos que más venden por el solo hecho de que a las doce de cada día de corrida les aprueben sus productos, resignados la mayoría de los apoderados y sus toreros con lo que quieran darles con tal de sumar muchos festejos, el panorama no puede ser más lánguido por no decir otra algo peor.

Claro que entre tanta mediocridad, hubo plazas que mantuvieron o crecieron en asistencia de público. Pero muchas más bajaron alarmantemente y otras varias a cuenta de dar gato por liebre para ahorrar o compensar gastos. Son ya demasiados los empresarios que compran ganado de tercera para plazas de segunda e incluso para algunas de primera que tapan a base del tamaño exagerado de las reses. Y también algunos toreros lo toleran con tal de llevarse el dinero que piden en la creencia de que su habilidad para sacar partido de cualquier semoviente les sirve para seguir llevándoselo. Pero la gente y sobre todo los aficionados que continúan fieles, están empezando a hartase. Muchísimos abonados de plazas tan señeras como las de Madrid y Sevilla, por poner el caso de las más emblemáticas, entregan el paquete de entradas a la reventa cuando no los revenden ellos mismos.

Así las cosas, el panorama del toreo decantó una situación poco satisfactoria en su conjunto aunque con excepciones notables. En cualquier caso, la temporada 2004 no fue como algunos pensaron al principio. Al cabo de los ocho meses transcurridos entre marzo y abril, hay que recordar que cuantos creyeron que Morante de la Puebla iba a ser uno de sus grandes protagonistas, se equivocaron de medio a medio. Morante tiró la toalla después de fracasar en su alocado intento de matar seis toros en Madrid el domingo de Resurrección tras no haber sido contratado para la feria de Sevilla por no aceptar la empresa sus desproporcionadas apetencias económicas y, a la postre, su eclipse resultó total. Todavía ni él mismo sabe si el año próximo toreará o no. Inmediatamente del fiasco con Morante, otro diestro fue objeto de los focos, José Ignacio Uceda Leal. Apoyado interesadamente por la empresa de Madrid para convertirle en torero predilecto de Las Ventas, no solo actuó como único espada allí en la feria de La Comunidad, sino que se le dieron tres festejos en San Isidro y otra cuarta opción en la Beneficencia, sino que derivado del gran ambiente que cundió a su favor, casi todas las demás empresas apostaron por Uceda en sus respectivas ferias. Resultado: Que Uceda continúa donde estaba antes de empezar la campaña y sin lograr convertirse en la figura que tantos deseaban, por los visto más que el propio interesado, salvado por pelos por su buena espada.

La temporada, sin embargo, ya había arrancado con los de siempre en sus lugares de salida. Lo más importante respecto a los toreros, lo llevó a cabo Enrique Ponce en Fallas, feria de la que salió reafirmado en su larga primacía porque la otra gran figura, "El Juli", no empezó bien. Mientras Ponce seguía acumulando triunfos jalonados por grandes faenas, Julián López vivía un sinvivir en su intento de convertirse en un torero más tranquilo, más sosegado, menos vibrante y espectacular en pos de un magisterio que tardó en plasmarse. Intento no bien visto en principio ni por los públicos ni por las empresas, temerosas de que su tirón taquillero decaería si insistiera en este nuevo plan. La mala suerte con los toros y la exigencia de los públicos, enfadados con la decisión del joven gran torero de no volver a banderillear, solo le permitieron éxitos en contadas ocasiones que hasta el mes de julio en Santander, no tuvieron la fuerza ni los resultados apetecidos. Sobrado y reconocido por todos los públicos, Ponce pareció quedar solo en el trono. Incluso en Madrid y pese a no cortar orejas, logró que la mayoría de los espectadores de Las Ventas se volcaran a su favor con un pésimo torazo de "Valdefresno" mientras los del 7 intentaban lo contrario. Durante esta primera parte de la temporada, pues, Ponce siguió siendo el rey. Pero una inoportuna cogida en la feria de Alicante en la que además de una cornada sufrió lesiones óseas de importancia, le dejaron en el dique seco hasta mediados de agosto.

Cuando Ponce regresó a la cancha en un gesto que le honra por no evitar la feria de Bilbao, "El Juli" ya había conseguido su propósito. Admitida su nueva versión, sumó de nuevo triunfos consecutivos en todas las plazas donde actuó y, aunque sin provocar arrebatos, la suerte le sonrió de nuevo con los toros y volvió a sentarse en el trono que compartía con Ponce. Éste, sin fortuna en los sorteos salvo en escasas ocasiones que aprovechó por todo lo alto como en Málaga, Valladolid y Murcia, gozó más que nunca con los recibimientos del público tras cada paseíllo. Pero entre que falló demasiado con la espada y que sus faenas "inventadas" a toros sin fuerza ni casta empezaron a aburrir – Ponce ya prefiere la comodidad como es lógico después de tantos años seguidos sin poner un pero a nada ni a nadie -, perdió muchas orejas y no terminó con bien su accidentada campaña, tantas veces, triunfal. De tal modo, "El Juli" empezó el año mal y lo acabó bien, mientras que Ponce lo inició muy bien y lo terminó fatal.

Invertidos así por el momento sus respectivos papeles, cabe especular sobre el inmediato futuro de ambos. Ponce deberá reflexionar muy en serio sobre si, a pesar de tener que renunciar a un dineral, le merece la pena seguir a riesgo de que su más familiar administración intente protegerle demasiado para evitarle un cuarto percance y que tantos cuidados en la elección y selección del ganado – lo que nunca le hizo falta - acaben por pasarle factura de cara a su histórico prestigio. Y "El Juli" asumir su nuevo rol profesional a sabiendas de que en los cinco años que duró su máximo esplendor no habría mandado lo que mandó si hubiera hecho lo que ahora hace. Dos peliagudas cuestiones que incumben a todo el toreo por cuanto representan y que, si no se rectifican, podrían anunciar el principio del fin de las dos máximas figuras.

Durante la ya larga mitad de la campaña y hasta que el año taurino terminó, cuatro toreros destacaron sobre los demás. Matías Tejela, triunfador en casi todas las grandes ferias donde actuó aunque con cierta desigualdad en segundos y terceros festejos de cada una; el también joven malagueño Salvador Vega que se ha convertido en predilecto de los aficionados más selectos allá donde llegó y triunfó antes y después de la grave cornada que sufrió en Zragoza, lo que le impidió torear en las primeras grandes ferias; "El Fandi", el más popular de los actuales matadores hasta el punto de arrastrar tanta o más gente que los más encopetados y ser capaz de dar todo un espectáculo cada vez que actúa; y "El Cid" quien, poco a poco, fue afilando la espada que en años anteriores le había privado de triunfar con rotundidad y éste terminó lográndolos repetidamente tanto frente a los toros de Victorino Martín, que asumió en la totalidad de su camada, como a otros de ganaderías más fáciles cuando, por fin, consiguió entrar en mejores carteles. Aunque no definidos por completo y pese a lo que aún les falta para consagrarse sin discusión, de Tejela hay que destacar el puro concepto de su toreo y la soberbia con que lo interpreta. De Vega su arte fascinantemente matizado con sorprendentes y preciosos hallazgos en faenas cada vez más frecuentes. De "El Fandi" y aparte su absoluta y excepcional primacía con las banderillas, su imparable entrega y su íntima lucha en pos de progresar clásicamente con la muleta como bien quedó demostrado en varias plazas aunque no en Bilbao ni en Logroño, únicas donde no cortó esos trofeos que al final sumó en mayor cantidad que ninguno. Y de "El Cid" su valiente empeño en ser importante no solo por la importante hondura de su toreo, sobre todo al natural.

No estuvieron solos. Porque por torear más que ninguno, lo siguió haciendo Cesar Jiménez salvo en Madrid. Ausencia discutida y hasta mal considerada que no le quitó nada de cuanto había conquistado el año anterior. Bien colocado siempre en los carteles, Cesar defendió su sitio en casi todas las plazas y, aunque a veces se le vio algo cansado y desgastado por repetido en su muy vista versión torera, lo que nadie le podrá quitar es que, siendo fiel a lo que es, sigue en lo más alto del escalafón.

Otros tres toreros destacaron este año por detrás de los mencionados aunque desde situaciones y estilos diferentes. Por más veterano, mencionar por delante a Javier Conde, singular y genial artista que, tras su buena campaña del año pasado, éste tuvo la ocasión de torear muchas más corridas que nunca en su vida hasta que se cansó. Cansancio roto en forma de posible lesión de cadera cuando cumplía nada menos que 82 compromisos. Algo insólito en un torero de su corte y que supongo no lo volverá hacer por el coste que a esta clase de artistas les supone tanto esfuerzo. Quebrada su relativa regularidad triunfal tras su para muchos sorprendente éxito en los Sanfermines, sobresalieron las tardes infelices entre las pocas de inspiración y alegría. Pero ahí quedaron para el recuerdo imborrable de los que las vimos sus extraordinarias faenas – más bien creaciones – de las ferias de Sevilla y Algeciras. De otro palo bien distinto, el francés afincado en Sevilla, Sebastián Castella, valiente hasta decir basta en plena lucha para abriese paso entre los primeros del escalafón después de verse marginado en las plazas de España. Castella no es un toreo más que nos llega del país vecino, sino un diestro con personalidad refinada y temple exquisito que intenta – quizá demasiado tercamente – imponer su ley a cuantos toros se enfrenta.

Con muchas o pocas corridas en su haber, no podemos obviar a otros veteranos y nuevos espadas que más o menos rezagados, al fin y al cabo también ocuparon la atención de los aficionados. El más viejo entre los reaparecidos, José María Manzanares (padre), autor quizá de las faenas más esplendorosas de la temporada en la corta campaña de su regreso como las memorables de Granada, Antequera y Almagro. Cesar Rincón, asimismo pletórico en Sevilla, Valencia, Nimes y Arles. "Finito de Córdoba" que sigue en donde estaba gracias a su porte y a su gran técnica aunque siempre se eche de menos el enorme torero que podría ser si estuviera como en su Córdoba cuando indultó un toro. José María Manzanares (hijo), del que aún esperamos mucho más de lo que viene dando aunque este año pareció reaccionar, intención magníficamente consumada en la feria de Bilbao y en la Goyesca de Ronda. Francisco Rivera Ordóñez que aún sometido a la desgracia que ha vivido este año y sometido a una implacable e injusta persecución, ha completado una de sus mejores temporadas aunque casi toda en plazas del segundo circuito y mostrado que es un torero rescatable para la próxima gran campaña. "Jesulín de Ubrique", asimismo rescatable tras el esfuerzo que ha supuesto superar las gravísimas lesiones que parecieron irreversibles. Miguel Abellán, heroico en la primera mitad de su difícil temporada que encaró para no quedar fuera de los lugares que ocupó en sus primeros años. Serafín Marín, que llenó no pocos huecos con su entregado estilo de aspecto displicente y sirvió de palanca profesional desde su catalanismo para cuantos protestamos contra los catalanes que pretenden suprimir las corridas en la Ciudad Condal. A Dávila Miura, siempre con suerte en su Sevilla que le magnifica y este año también en San Fermín con la mejor corrida de la temporada, la de "Jandilla". Antón Cortés, que con su arte de gitano tanto ilusionó en Madrid por san Isidro. Y a los sempiternos batalladores Pepín Liria, Luis Miguel Encabo, aguerridos hasta la extenuación e incluso a costa de su sangre en Madrid y Pamplona, sin olvidar tampoco al inasequible a cualquier desaliento Juan José Padilla y a "El Fundi", resucitado y magistral desde sus muchos triunfos logrados en Francia en lo que siempre fue su dura especialidad.

Finalmente, mencionar a los dos nuevos matadores más relevantes de cuantos tomaron la alternativa en 2004. Eduardo Gallo y Pedro Gutiérrez "El Capea". Aunque ambos han dado pruebas de su capacidad dentro de sus diferentes estilos, es pronto para analizarlos en profundidad. Ambos salmantinos, se ganaron a sus paisanos en la feria de su ciudad y ya están colocados para ingresar los carteles en las principales ferias del año que viene. Será entonces cuando tendrán que decir sus respectivas verdades. Sobre todo cuando debuten en Fallas, en Sevilla y en Madrid si es que sus mentores deciden que lo hagan.