José Antonio del Moral

REPASO DE CAMPAÑA

LO QUE BILBAO RECORDARÁ…

Cuando pasen unos meses y, aún más, cuando transcurran años, lo que en Bilbao recordarán de sus Corridas Generales de 2006 no será que un presidente en largo turno de autoridad rayana en dictadura fascistoide se negó cerrilmente a dar la segunda oreja a tres faenas que las merecieron en clamorosa opinión y petición de la inmensa mayoría de cuantos las presenciaron. Lo que los aficionados bilbaínos no olvidarán mientras vivan serán tres faenas consideradas en sí mismas por su grandeza e importancia. Las que hicieron Sebastián Castella, El Juli y Enrique Ponce por orden de fecha en la realización de cada una en la plaza más seria y solemne del mundo frente a reses de Torrealta, El Pilar y Zalduendo, respectivamente.

Y es que si los tres toreros se esmeraron, gozaron y hasta sufrieron al máximo mientras las llevaron a cabo, no fue pensando en que un señor muy serio y muy triste les iba a dar o no dos orejas sino porque los tres sabían que la plaza de Bilbao es una de las tres plazas más determinantes de España. La única que, además de las de Sevilla y Madrid, da y quita a los toreros.

Castella se consagró en figura - primer diestro francés que lo ha conseguido en la historia - y, por doble su triunfo, se proclamó triunfador del ciclo. El Juli sostuvo crecidamente su puesto primerísimo. Como, igualmente Ponce, el lugar privilegiado que sigue ocupando como máxima estrella de su época que aún brilla entre otras razones por ser capaz de basar su indeclinable prestigio gracias a lo que precisamente ha hecho este año en las tres plazas mencionadas y no en otras. Y, por cierto, sin salir a hombros en ninguna que ni falta le hizo ni casi nadie osará jamás negar la excepcionalidad de sus obras referidas pese a que, ni en Sevilla ni en Madrid mató bien a sus toros pero sí en Bilbao donde inmortalizó al cuarto toro de Zalduendo con su mejor creación artística de cuantas lleva coleccionadas en Vista Alegre.

Debido a ello, la última Semana Grande bilbaína fue memorable y, por tanto, una excelente feria. Y lo fue porque cuando algunas buenas reses entre las que se lidian caen en manos de quienes mejor saben aprovecharlas, las ferias son buenas y perduran. Mientras que cuando estos toros corresponden a diestros mediocres o incapaces, las ferias son peores y pasan al olvido por muchas orejas que se den como este año le dieron una a Eduardo Gallo a quien se le escaparon los dos mejores toros de la gran corrida de Zalduendo y nadie se acuerda ya de cómo anduvo el salmantino. En cambio, sí de otro mucho mejor torero aunque, por circunstancias, bastante más modesto y menos protegido, Domingo López Chaves.

Anduvo magnífico Chaves con un gran toro - el único - de la corrida de Cebada. La última de feria. Toro premiado por el Club Cocherito, dicen que por influencia de su actual presidente que hizo lo posible y lo imposible para que este animal fuera el elegido y no el sexto de Zalduendo, pese a ser todavía mejor para que no se notara el fiasco de su paisano y preferido Gallo, que todo hay que saberlo y decirlo para que conste en acta.

En el capítulo de toreros más destacados, tampoco se olvidarán de Salvador Cortés - protagonista de trasteos serios y de la mejor estocada de la feria - ni de Fernando Cruz, autor de una importante faena que acabó en cogida al entrar a matar a uno de los toros de La Quinta, ganadería debutante con sangre Saltacoloma, tantos años ausente en Bilbao cuando se lidiaban mucho los Buendías y, al menos, merecedora de repetir el próximo año.

Y hablando de repeticiones y suspensos ganaderos - y toreros -, destacar a Torrealta como una de las imprescindibles y, por supuesto, las ya mencionadas entre las que no está la de Victorino Martín que sumó un fiasco más a las malas de este año en plazas de primera. No sé si la Junta Administrativa le volverá a comprar otra corrida para el año próximo - pienso que sí por la historia de esta divisa y por el señorío de los miembros - lo mismo que a El Cid aunque éste solo debería figurar el año que viene e un solo festejo. Hay que dar más paso a los principales entre los nuevos e ir cerrándoselo a los que no dieron la talla.