José Antonio del Moral

TEMPORADA 2006

DISCURSO DE LA ENTREGA DE UN VESTIDO DE ENRIQUE PONCE AL MUSEO DE LA PLAZA DE TOROS DE BILBAO

Exmo. Sr. Alcalde, distinguidos miembros de la Junta Administrativa de la Plaza de toros de Vista Alegre, aficionados y amigos todos.

Antes que nada, saludarles con todo afecto en este día tan taurino en Bilbao que hoy cumple el 706 aniversario de su fundación y que, como en tantas otras ocasiones en esta misma fecha, también lo celebra con una corrida de toros de tronío como corresponde a esta plaza tan importante y querida, tan admirada por quien les habla.

Hace tiempo que decidí regalar al Museo Taurino de esta plaza el vestido de luces que a su vez me regaló a mí Enrique Ponce en recuerdo de la gran faena que hace ya once años me brindó en la plaza Monumental de México. Faena que ustedes van a poder contemplar en el vídeo que se va a exhibir a continuación.

Faena en sí misma demostrativa de la excepcional categoría de este gran torero que aúna el valor, la inteligencia, el poderío al arte en tan alto grado de regularidad y exquisitez que se puede decir que muy pocos han lo han conseguido a lo largo de la historia y, en su caso, aún más por su increíble permanencia en los ruedos sin abandonar la cima que sigue ocupando con total merecimiento.

Algunos se preguntarán por qué les he traído este vestido aquí, a Bilbao, y yo se lo voy a explicar con mucho gusto.

Por lo que respecta a Enrique Ponce, les cedo este vestido porque la plaza de toros de Bilbao, esta maravillosa Vista Alegre, es la plaza que más quiere Enrique entre todas las de España y también la que más le quiere a él. Aquí arrancó su estrellato, aquí cuajó sus tardes más importantes, aquí llevó a cabo más gestos y gestas que en ninguna otra plaza, y aquí se le quiere y se le respeta con verdadera pasión sin que ello quiera decir que no se le exija como primera figura del toreo que es.

Y por lo que respecta a mí, he decidido regalar este vestido al Museo de Vista Alegre por que yo también quiero a esta plaza a la que considero la más seria y solemne del mundo. Como también la más lujosa y mejor administrada.

Esto de una parte. Y de otra porque siempre he sido muy bien atendido y recibido por mis muchos amigos de las sucesivas Juntas Administrativas sin distinción en cada momento de las situaciones más o menos felices en que me encontrara yo en los medios. Siempre igual, siempre con cariño. Siempre, por ello, con la clase que les es propia y les distingue.

Pero es que, además, yo he sido crítico titular de todos los periódicos del Grupo Correo durante nueve años consecutivos y algo tengo que ver con el comportamiento del público bilbaíno en su plaza de toros.

También hay finalmente otra razón que explica esta cesión. Ya saben ustedes que las cornadas son un tinte de honor para todos los toreros. También lo son las que recibimos los periodistas y más los críticos taurinos aunque sean de otra condición, desde luego no sangrienta aunque no menos dolorosa para el alma.

Quizá sea yo el crítico que más cornadas profesionales ha sufrido a lo largo de una vida dedicada a los toros por entero. Y como la más grave que recibí fue precisamente aquí, en Bilbao, y la recibí además, por defender precisamente a Ponce de sus entonces muchos detractores - por cierto ahora y en su mayoría tan poncistas o más que yo - me encanta dejar su vestido en Bilbao para que en este Museo quede su memoria y la mía.

Quiero para terminar contarles una anécdota que tiene que ver mucho con lo que les estoy diciendo. Recuerdo que en varias de las visitas que yo hacía al entones director de El Correo y ahora de ABC de Madrid, José Antonio Zarzalejos, siempre le preguntaba por cómo iba todo, que si estaban contentos con mis críticas o no. Y el siempre me contestaba que "había muchas presiones en mi contra, que hay que ver cómo son los taurinos, tocayo, pero no te preocupes que tu línea es la nuestra y sigue para delante que aquí estoy yo para apoyar tu independencia". Y así un año y otro hasta que en una de las visitas, me dijo algo preocupado: "¿Por qué eres tan poncista?, !hay que ver lo poncista que eres¡".

Y yo le contesté: Pues porque siempre está bien. Más o menos lucido pero siempre bien. El día que deje de estarlo, lo diré sin disimulos y con tanta claridad como describo sus éxitos.

Unos días después de esta conversación visité a Enrique en Salamanca antes de la corrida que iba a torear y le dije: "Oye, a ver si algún día pegas un petardo porque en El Correo me dicen que siempre te pongo bien y que eso no puede ser".

El toreo me escuchó, se calló y pocas horas después cortó cuatro orejas y un rabo a dos toros de Capea en la plaza de la Glorieta. Por cierto, plaza en la que nunca le quisieron.

Y por la noche, cuando nos encontramos en un restaurante, me dijo: "Lo siento, José Antonio, ya has visto que no ha podido ser".

Muchas gracias a todos.

LA CORRIDA, UN PETARDO

Bilbao. Plaza de Vista Alegre. 18 de junio de 2006. Calor y media entrada larga. Ni crónica merece el petardo de corrida que sufrimos por la tarde. Me limito, pues, a un breve comentario. Cuatro toros enormes y dos novillos casi toros de Torrestrella. Ninguno de los cuatro ejemplares mayores se dejaron torear. Juan José Padilla solo pudo medio lucir en banderillas y punto. El Juli se mostró muy por encima del menos malo segundo y la gente se lo agradeció bastante más que el inefable presidente don Matías.

De los dos novillos, sólo sirvió el que hizo de tercero. Cayetano no se entendió con su oponente ni con el capote ni con la muleta. Increíble su vulgar atolondramiento. Si no hubiera sido quien es nadie le hubiera hecho caso. Pero como mató a la primera le pidieron la oreja y dio una vuelta al ruedo de torero necesitado que jamás se hubiera atrevido a dar si su padre o su abuelo hubieran estado en el callejón. Y con el otro novillo - mucho peor -, de pena. Ni pie con bola. La sensación que dio es de no estar todavía preparado para la alternativa. Esperemos que esta actuación de Cayetano en Bilbao donde, por cierto, anuncian su despedida del escalafón menor con seis novillos en solitario solo sea un lapsus debido a los golpes que recibió en Granada.