FERIA DEL PILAR EN ZARAGOZA

"EL FANDI" ENARDECIÓ EN LOS PILARES

Aunque la presidencia sólo le concedió una oreja de las tres que solicitó el público y no pudo salir a hombros, dio el todo por el todo y ofreció el espectáculo más completo de esta feria con dos toros nada fáciles de la muy seria corrida del Marqués de Domecq, mientras Miguel Abellán aburrió en un vulgar destajo y Miguel Angel Perera no acabó de ser quien pretende con el mejor lote

Zaragoza. Plaza de la Misericordia. 13 de octubre de 2004. Sexta de feria. Tarde agradable con más de tres cuartos de entrada en festejo televisado en directo para todo el mundo hispano. Seis toros del Marqués de Domecq, muy bien presentados y de juego dispar, sobresaliendo por más encastados segundo y quinto aunque ambos se vinieron abajo en el último tercio. Y por más nobles para el toreo de muleta tercero y sexto. Mediocres y cortos de viaje primero y cuarto. Miguel Abellán (perla y oro): Estocada atravesada que hizo guardia y descabello, palmas. Pinchazo y estocada, aviso y ovación. "El Fandi" (berenjena y oro): Estocada trasera, petición y vuelta seguida de bronca al palco por no concederla. Estoconazo, oreja y fuerte petición de otra con nueva bronca al palco. Miguel Angel Perera (marino y oro): Pinchazo y trasera desprendida, palmas con saludos. Estocada trasera, aviso y ovación.

"El Fandi" es bastante mejor torero de lo que algunos "listos" y supuestos entendidos piensan. Una vez más lo demostró ayer en Zaragoza, otra plaza conquistada por el granadino tras una campaña en la que, salvo en Bilbao y Logroño, triunfó en todas las plazas amasando más orejas que ningún matador del actual escalafón y llevando tanto o más público que "El Juli" y Ponce sin necesidad de más caras compañías. Por eso habría que hacerle justicia, las empresas deberían darle más dinero del que gana y las máximas figuras aceptarle en sus corridas. Son sus hechos los que deberían contar más que las opiniones adversas o interesadas de quienes pretenden frenarle. Él, desde luego, no cesa en su empeño. Sale cada tarde a darlo todo, lucha sin descanso por aprender a manejar más clásicamente los engaños, sobre todo la muleta, y aunque unas tardes logra cuajar faenas indiscutibles y otras no, lo cierto y verdad es que llena los dos primeros tercios con un entregado, espectacular y variado repertorio – en banderillas ya nadie discute que es el mejor de todos los tiempos aparte sus portentosas facultades y sus sorprendentes aportaciones - y suele matar con entrega y eficaz prontitud. Entonces, por qué hay quien todavía le resta méritos?. Ya sé que la costumbre ha hecho ley a la hora de los trofeos, en su mayoría concedidos sólo por la faena de muleta y a una estocada casi siempre defectuosa. Pero señores, ¿por qué no se pueden conceder orejas pedidas con mayoritario frenesí a un señor que en cada uno de los dos primeros tercios que cada tarde protagoniza pone los tendidos boca abajo?. Se me dirá que le hace tantas cosas a los toros que los agota y así es muy difícil que resistan. Y respondo yo que es tanto o más justo premiar a un torero que, como "El Fandi", ofrece un espectáculo completo con el capote y con los palos y mata bien aunque la faena no sea brillante, que otorgar orejas por dos docenas de muletazos tersos y templados después de no hacer absolutamente nada y aún pinchando antes de agarrar una estocada que muchas veces necesita del descabello.

Lo que ocurrió ayer con "El Fandi" en Zaragoza lo pudo ver todo el que quiso por televisión y échenle un galgo a la millonaria audiencia si llevo o no razón en lo que digo. Muy serios sus dos toros, fuertes y astifinos, ambos le dieron opción a lucirse con el capote, sobre todo su primero, banderilleó a los dos con la excelencia de siempre, los paró tras su clásica carrera corriendo templadamente por delante de sus caras, y así sometidos encaró sus faenas con notoria entrega. Casi parado el que hizo de segundo y rajado el quinto al que sin embargo exprimió, terminó por matarlos como mandan los cánones. En todo momento hubo acción, emoción y un buscar soluciones sin desmayo. ¿Cómo no se le iba a entregar un público cansado y aburrido de ver casi todos los días lo mismo?.

Tal sucedió con Miguel Abellán, dicho sea con todos los respetos que merecieron sus ímprobos esfuerzos por agradar frente a dos animales que, en sus manos, solo permitieron sendos destajos sin la menor chispa. Y en otro "palo" más distinguido, Miguel Angel Perera, sin duda muy valiente pero aún sin saber decir el cante que pretende en la línea torera de José Tomás. Que está muy verde es evidente. Pero José Tomás en el mismo momento de su arranque como matador de toros, a sus manejables enemigos les habría formado un alboroto.