José Antonio del Moral

FERIA DEL PILAR EN ZARAGOZA

DOMINGO LÓPEZ CHAVES CULMINA SU HEROICA TEMPORADA CON UN TRIUNFO ENSANGRENTADO

Y Fernando Cruz con dos faenas valientes y enjundiosas que no culminó con la espada, mientras Luis Miguel Encabo lo hizo muy desconfiado frente a tres toros de una desigual y en gran parte deslucida de Cebada por la cogida del diestro salmantino.

Zaragoza. Plaza de la Misericordia. 14 de octubre de 2006. Novena de feria. Tarde calurosa con casi lleno en festejo televisado en directo. Seis toros de Cebada, bien aunque desigualmente presentados y de juego también dispar, destacando por más encastados y manejables los dos primeros. Los demás mansearon en distintos grados y presentaron diversas dificultades. Luis Miguel Encabo (lila y oro): Estocada contraria, palmas. Pinchazo hondo tendido trasero caído, silencio. Media estocada tendida, pitos. Domingo López Chaves (rosa y oro): Pinchazo y media estocada, oreja pasando por su pie a la enfermería donde fue atendido de una extensa cornada en el muslo derecho de pronóstico grave aunque sin mayores complicaciones que el destrozo muscular. Fernando Cruz (blanco y azabache): Pinchazo y estocada desprendida, ovación. Tres pinchazos y estocada, aviso y gran ovación.

Si en la temporada que está a punto de terminar han destacado dos toreros modestos que el año que vienen merecen figurar en mejores carteles y en todas las ferias, son Domingo López Chaves y Fernando Cruz. Valentísimos sin tacha ambos y dispuestos al todo por el todo desde sus respectivas formas y estilos - empeñoso y muy bien dotado físicamente el salmantino y más frágil aunque con clase de corte clásico a la par que dramático el madrileño - ayer dieron fin a la una campaña para ellos tan feliz como todavía incómoda. Y si digo incómoda no es tanto por los torazos que han tenido que matar y por los percances que han sufrido, sino por el encasillamiento que siguen padeciendo mientras otros diestros bastante menos valientes y no tan duchos siguen disfrutando en lugares inmerecidos junto a las máximas figuras sin mayores méritos que ser hijos de papas o apoderados por empresarios poderosos.

Con la nada fácil corrida de Cebada de ayer en Zaragoza, López Chaves logró alzarse en triunfador del festejo por su incondicional disposición frente a un muy encastado y agresivo ejemplar que le propinó una cornada cuando se empeñó en seguir toreándole por el lado menos proclive - el derecho - después de haber cuajado varios naturales de soberbia traza que siguieron a los redondos de rodillas en los medios con que inició el trasteo. Domingo no quiso que le llevaran a la enfermería pese a sangrar abundantemente, prefirió que le ataran un torniquete con su propio corbatín, seguir toreando y, tras matar al toro y recibir la oreja que le fue concedida en medio del clamor del público, marchar por su pie a la enfermería para ponerse en manos de los médicos que le atendieron. Iba dolorido Chaves, pero también orgulloso y feliz por la valía del trofeo logrado a costa de su propia sangre, ante las cámaras de la televisión nacional y, por tanto, actuando ante la afición de todo el mundo. Muy caro éxito que deseamos le sirva para conseguir lo que durante tanto tiempo se ha propuesto.

Sin suerte con ninguno de los toros de su lote, Fernando Cruz anduvo por encima de ambas reses. Muy torero y hasta artista con el tercero mientras se dejó hasta que se vino abajo. Y heroico con el quinto al que sacó lo que no tenía en tablas, terrenos a donde se fue rajado este animal, por otra parte manso y correoso hasta poner en serios apuros a su matador cuando hizo hilo y le persiguió indefenso. Fue una pena que Fernando no matara a este toro al primer envite porque, de haberlo logrado, habría conseguido otra valiosa oreja. Al público no le importaron los tres pinchazos y le dedicó una ovación tan calurosa como unánime en recuerdo de los magníficos doblones y estupendos redondos con que enjoyó sus dos faenas.

Abrió plaza el ya veterano Luis Miguel Encabo a quien no vimos confiado ni a gusto con el buen toro que abrió plaza y, menos aún, con los dos complicados que mató después - tres en total por la cogida de López Chaves - limitándose a cubrir el expediente en los tres tercios porque también banderilleó a dos con facilidad y sin apuros pero sin apenas brillo. La brevedad con que decidió matar al cuarto y al sexto con los que no quiso exponer, enfadó sobremanera al público.