José Antonio del Moral
FERIA DEL PILAR EN ZARAGOZA
MORANTE CON GANAS YA RÁFAGAS INSPIRADO AUNQUE IRRESOLUTO, MUY ACELERADO Y VULGAR VEGA, Y DEBACLE DE UN TALAVANTE AL BORDE DEL ABISMO
Por tanto, decepción casi general con el festejo más esperado de esta feria en el que sólo dos toros de El Pilar resultaron tan buenos como desaprovechados. Con ninguno de ellos dieron la talla Salvador Vega, pese a la oreja que le regalaron, ni Alejandro Talavante que tuvo una preocupante por catastrófica actuación frente a sus dos enemigos, sobremanera frente al peor sexto con el que anduvo impotente e irremisiblemente a la deriva. Aunque gustaron mucho varios lances de recibo, algún quite y no pocos chispazos muleteros de Morante de la Puebla, extrañó su escasa destreza muletera y, más aún, su atolondramiento a espadas que le condujo a escuchar tres avisos en su primer toro.
Zaragoza. Plaza de la Misericordia. 13 de octubre de 2006. Octava de feria. Tarde calurosa en plaza semicubierta con lleno total. Seis toros de El Pilar, grandullones en variedad pesos y de tipos entre los más armónicos y los de muy feas hechuras como los dos últimos. Por más nobles destacaron el segundo, que resultó excelente para el toreo pese a mansear en el primer tercio, y el tercero tardíamente descubierto. Muy débil y a menos el también noble que abrió plaza. Y el resto deslucidos, sobre todo el sexto que fue el peor con mucho del envío. Morante de la Puebla (amapola y oro): Cinco pinchazos, un descabello y tres pinchazos más echándose el toro en el momento de escuchar los tres avisos. El toro murió apuntillado tras varios intentos entre una bronca generalizada. Pinchazo hondo en los bajos que escupió enseguida el toro, otro sin soltar y estocada caída, aviso y algunos pitos. Salvador Vega (encarnado y oro): Estocada baja, oreja sin petición mayoritaria. Bajonazo, silencio. Alejandro Talavante (rosa y oro): Metisaca en el chaleco, tres pinchazos y sartenazo, dos avisos y división de opiniones. Pinchazo en las costillas y sartenazo, aviso y extraña división al abandonar la plaza.
Como tantos aficionados encantados con el toreo que Morante de la Puebla ha venido prodigando esta temporada llegados hasta Zaragoza desde toda España y el extranjero para ver la corrida que ocupa esta crónica, confieso que me encandilaron sus preciosas verónicas de recibo al primer toro. !La va a armar¡, pensé más seguro de mis íntimos deseos que de lo que vino después de un inspirado inicio de faena, excesivamente trabajosa y a menos como consecuencia de la progresiva blandura del animal, razón que impidió al de la Puebla dar pases completos y casi ninguno rematado atrás ni por abajo, lo que sumado a su intento de arrancar la banderilla que le molestaba para entrarlo a matar, alargó demasiado el trance hasta el punto de sumar varias agresiones infructuosas mientras corría el tiempo y sonaban los tres avisos. En definitiva, un desastre inesperado que pareció premonitorio de lo que vino inmediatamente después. Dos excelentes toros de El Pilar y, sin embargo, Salvador Vega en plan destajo y Alejandro Talavante absolutamente desnortado.
Aunque en principio manso, el segundo resultó bravo y con clase en el último tercio. Repetidor, incansable en su fantástico embestir sin que Vega lograra pasar de vulgar fabricante sin el más mínimo atisbo de aquel torero que, desparramando sorpresivo e improvisado arte, ilusionó a la afición y ocupó merecido lugar en la primera fila. Salvo en una buena tanda por redondos, el malagueño se equivocó al recetarlos muy despegado y en círculos completos muy perjudiciales por la blandura del animal que acabó defendiéndose en muchos remates y punteando en los de pecho. No obstante y pese a la estocada baja con que Vega mató, muchos pidieron a gritos una oreja que la presidencia concedió por pura obligación reglamentaria.
Y Talavante aún peor por absolutamente incapaz de ver nada claro. Irreconocible. Tuvo que ser Morante quien le descubriera la bondad del tercer toro en un quite por tres verónicas y una cuarta cambiada que improvisó el genial sevillano, sin que el de Badajoz lograr despertar de una especie de maldito sueño que le condujo al desastre. Nada que ver este Talavante con el torero que tanto nos entusiasmó en la novillada de San Isidro y luego de matador en Granada, en Santander, en Huelva... Aterido en el fondo y falsamente teatral en las formas, pareció luchar en su interior mientras dudada entre ser quien no hace tanto fue o imitar los gestos que más distinguieron a José Tomás en su más terrible decadencia.
Lamentable situación que se repitió con acentos todavía más dramáticos con el último toro de la tarde después de que tanto Morante como Vega no consiguieran casi nada digno de recordar con el muy castigado en varas cuarto y con el sosísimo y desrazado quinto. Difícil y peligroso por el lado izquierdo el sexto, estuvo a punto de herir gravemente a Talavante cuando le alcanzó y le lanzó varios metros como un trapo al descubrir su improcedente modo de citar por las afueras y dejarse ver con no pocos temblores o falsos pasitos de perdiz intentando convencer al público de que se estaba cruzando sin cruzarse nunca de verdad con la muleta siempre retrasada y tomada por el máximo extremo.
Mientras Talavante protagonizaba su propia catástrofe, uno pensaba en lo loco que hace falta estar para ser torero aunque no tanto como pareció ayer este torero tan desconcertante que, en pocos meses, ha pasado de parecer naturalmente valiente y sobrado al más artificial de los inseguros. Si lo que prometía el toreo de Talavante era total quietud, temple sedoso e inverosímil cercanía, lo que ayer acreditó en su debut en plaza de primera categoría fue nula firmeza, suciedad enganchada, aturdida lejanía y pérdida de todos los papeles.