José Antonio del Moral
FERIA DEL PILAR EN ZARAGOZA
RESES SIN FUERZA NI CASTA Y TODAS LAS ILUSIONES POR LOS SUELOS
Los muy gordos toros de José Luis Marca, tan nobles como faltos de energía, impidieron triunfar a El Juli en la última corrida de su temporada, limitaron las buenas formas de Manzanares y colocaron a Gallo al borde del abismo, forzado a convertirse en tremendista en su intento de cortar alguna oreja a la desesperada.
Zaragoza. Plaza de la Misericordia. 11 de octubre de 2006. Sexta de feria. Bochorno en plaza cubierta con casi lleno. Siete toros de José Luis Marca incluido el sobrero que reemplazó al quinto, devuelto por derrengado. Todos nobles aunque deslucidos en distintos grados por su falta de fuerza y de raza. Los menos proclives fueron el primero, el cuarto y el sexto. Y los más enterizos y posibles aunque se vinieron abajo en plena faena de muleta, el segundo, el tercero que fue el de más clase del encierro, y el sobrero que hizo de quinto. El Juli (carmesí y oro): Dos pinchazos y estocada trasera caída, silencio. Estocada corta y descabello, ovación. José María Manzanares (tabaco y oro): Pinchazo muy hondo, aviso y ovación. Estoconazo caído, aviso y saludos. Eduardo Gallo (verde oliva y oro): Pinchazo y estoconazo desprendido, petición insuficiente y vuelta ligeramente protestada al iniciarla. Pinchazo en el chaleco, otro pinchazo y estocada, silencio. Bien en palos Curro Javier y José Antonio Carretero.
Aunque algunas ganaderías de las tenidas por comerciales ya pueden permitirse el lujo de lidiar corridas grandes y hasta sobrepesadas sin que ello les impida embestir hasta el final, otras muchas - la mayoría - aún no han logrado que reses engordadas en demasía y, por ello, fuera de su tipo ideal, den el juego debido o esperado. Una de ellas, la de José Luis Marca que ayer compareció en la plaza de su tierra natal con un esmerado y pienso que magníficamente criado y sobrealimentado corridón que costó el disgusto de los participantes, de los organizadores y, no digamos, de los clientes que pagaron mucho por ver el que, sobre el papel, era el primer festejo realmente interesante de esta feria.
Y las respectivas ilusiones de la terna, por los suelos aunque no en la misma medida ni en idénticas circunstancias. Porque el caso de El Juli fue que ni su atacado primero tuvo fuerza como para aguantar una docena de muletazos, ni el complicado cuarto quiso seguir embistiendo después de que su matador lo metiera magistralmente en la muleta que en un principio tomó tardeando y echando la cara arriba con violencia cuando no con genio que así se comportó por el lado izquierdo. De tal modo, El Juli terminó su estupenda campaña sin poder triunfar y, por tanto, cabizbajo.
Por lo que el general fiasco ganadero se refiere a José María Manzanares, la verdad es que en conjunto su lote fue o al menos pareció el mejor, aunque tardeando sin clase ni humillar su primer toro y embestir muy noble por el lado derecho el sobrero, con el pero para ambos de venirse demasiado pronto abajo, lo que desmereció las dos faenas del alicantino. La primera, por verse forzado a retomar cada cite de uno en uno y por ello sin lograr redondear ninguna tanda que quizá hubiera logrado el joven diestro de haberle ganado un paso a cada pase en vez de quedarse quieto en el sitio inicial. Defecto que no cometió con el quinto hasta lograr coser y hasta mecerse relajado en alguna ronda hasta que el toro se negó a repetir más y no hallar modo ni manera de lograrlo el torero ante un animal casi parado, agotado por completo.
Eduardo Gallo actuó, imagino, bajo una fortísima presión dadas sus muy especiales circunstancias profesionales. Situado arriba del escalafón gracias a la ayuda de sus importantes mentores que no a sus méritos, alguien debió aconsejarle que se arrimara por ser la de ayer su última cita de lujo que le quedaba y por tanto única oportunidad de triunfar de verdad junto a las figuras y lo cierto es que el salmantino echó el resto y hasta se dejó matar un tanto a la desesperada cuando vio que se le iba la oportunidad y, muy posiblemente, el incondicional apoyo de sus apoderados.
En situación límite, Gallo desaprovechó al buen tercero - el único con clase de laa corrida - aunque tanto de capa como en los inicios de su faena de muleta, los lances y los pases del salmantino tuvieron gusto, temple y donosura. Pero al venirse el toro abajo y viéndose forzado Gallo a meterse en cercanías angustiosas para justificarse, resultó cogido mientras se agarraba al costillar del animal. Sin arredrarse por la paliza, continuó la batalla encimista y valentón hasta matar de pinchazo y de no mala estocada. Pero no hubo oreja y la ovación se tradujo en una vuelta al ruedo por su cuenta. Peor con el también mucho peor toro sexto por parado y a la defensiva. También con este resultó revolcado Gallo cuando intentaba sacarle partido a cualquier costa en un arrimón final que no convenció a casi nadie. Lamentable.