FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMPLONA

José Antonio del Moral

SORPRENDENTE POR INESPERADO PETARDO DE VICTORINO

LO PUDO SALVAR LUIS MIGUEL ENCABO QUE SE LLEVÓ EL MEJOR LOTE Y EL ÚNICO TORO DIGNO DE LA FAMA DE LA DIVISA, EL QUINTO, PERO PINCHÓ SUS DOS FAENAS. TAMBIÉN AUNQUE IN-EXTREMIS "EL CID" TRAS JUGARSE LA CORNADA CON EL SEXTO MIENTRAS PEPÍN LIRIA TUVO QUE BATIRSE EL COBRE CON DOS RESES IMPOSIBLES. POR DEMASIADO CHICOS AUNQUE CORNALONES Y EN SU MAYORÍA SOSOS, MUY FLOJOS O DESLUCIDOS, LOS TRES ÚLTIMOS "VICTORINOS" SE ARRASTRARON ENTRE PITOS Y LA DECEPCIÓN DE TODO EL MUNDO. NO DEBERÍAN VOLVER MÁS A PAMPLONA DESPUÉS DE LAS DECLARACIONES QUE DURANTE TODA LA SEMANA HA HECHO EL GANADERO EN LOS MEDIOS

Pamplona. Plaza Monumental. 14 de julio de 2005. Novena y última de feria. Calor sofocante y llenazo. Seis toros de Victorino Martín, de presencia dispar y en su mayoría chicos aunque cornalones. Salvo el quinto que fue muy dócil y duró, apenas dieron el juego esperado por lo que suponía el debut en Pamplona de la famosa ganadería. Muy malos primero y cuarto. Noble pero muy flojo y soso el segundo, muy a menos y sin romper nada el tercero y encastado aunque muy incierto hasta desarrollar peligro el sexto. Pepín Liria (amapola y oro): Pinchazo, más de media y dos descabellos, silencio. Dos pinchazos y media estocada, silencio. Luis Miguel Encabo (blanco y plata): Ovación. Pinchazo, media tendida caída y dos descabellos, ovación. "El Cid" (verde botella y oro): Pinchazo, media desprendida y tres descabellos, silencio. Buena estocada y dos descabellos, palmas.

Nadie podía imaginar un final tan desastroso por inesperado y hasta sorprendente dada la fama que tienen los toros de Victorino Martín y, sobre todo, el propio ganadero, también famoso por saber elegir lo que suele llevar a casi todas sus presentaciones y compromisos importantes. Para el debut de su divisa en San Fermín - y anda que no llevan dando la lata a los de la Junta taurina de la Santa Casa de la Misericordia los aficionados más recalcitrantes de la capital navarra para que trajeran los toros del cateto -, por fin se decidieron, lo acordaron y tras una semana repleta de declaraciones de Victorino en todos los medios acreditados en la ciudad – la mayoría tan soberbias y despreciativas para sus colegas como siempre - pegó el petardo más sonado de su vida.

Petardo en presentación, lo que no importó en principio, y petardo en juego pese al par de toros que sirvieron, sobremanera el quinto para no contrariar al conocido refrán. Le estuvo bien empleado a cateto por bocazas y a ver si esta cura de humildad le sirve para volverse más respetuoso y más discreto pues ya ha visto y probado en sus propias carnes que la risa va por barrios y que en todas partes cuecen habas.

Demasiado tiempo perdió Pepín Liria en intentar que sus dos horribles toros aceptaran pasar por su muleta. Ni un pase les hubieran dado los Ordóñez, Camino, Viti, etc, limitándose a matarlos enseguida. En cambio, muchos y algunos muy buenos logró Luis Miguel Encabo con los suyos si bien, con el segundo, el madrileño anduvo tan premioso y sosaina como su oponente. Acertado en banderillas con lo dos y de todas formas, si lo hubiera matado le habría cortado una oreja. Y otra de mayor calado al mejor quinto con el que estuvo verdaderamente bien. Pero también la cagó Encabo con los aceros y aquí su hundió la tarde porque como "El Cid" no anduvo fino ni todo lo dispuesto que debía con el también exangüe tercero, que hasta fue muy pitado en el arrastre, tuvo que esperar el momento final con el sexto para echar toda la carne en el asador saliera como saliese el bicho.

Por desgracia tampoco fue toro de triunfo. No obstante y como se lidió muy bien, algunos rezamos para que "El Cid" hallara la fórmula y a fe que casi lo consigue aunque esta vez no por la ciencia sino por la entrega prácticamente incondicional en una faena no brillante pero sí meritísima por muy arriesgada aunque forzosamente a menos, dadas las inciertas y decrecientes embestidas del burel y, consecuentemente, del trasteo en su desarrollo. Una estocada a ley pareció compensar el bajón ambiental pero dos golpes con el descabello terminaron por dar la puntilla a una tarde que todos deberíamos olvidar cuanto antes menos el ganadero que de seguro no la olvidará mientras viva.