FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMPLONA
José Antonio del Moral
ˇOJO CON SALVADOR CORTÉSˇ
VINO A SUSTITUIR A FERNANDO GALLO, CORTÓ LA OREJA CON MÁS PESO POR AHORA DE LA FERIA Y POCO LE FALTÓ PARA SALIR A HOMBROS TRAS MATAR AL TORO QUE LE COGIÓ DE MUY MALA MANERA. OTRA OREJA DE MENOR NIVEL CORTÓ CESAR JIMÉNEZ POR UNA BRILLANTE FAENA AUNQUE EN GRAN PARTE DESTEMPLADA QUE REMATÓ CON BAJONAZO, MIENTRAS "EL CID" NO PUDO TOCAR PELO CON EL LOTE MÁS DESLUCIDO DE UNA MAL PRESENTADA Y DECEPCIONANTE CORRIDA DE "JANDILLA" PESE AL EXCELENTE JUEGO QUE DIO EL SEGUNDO TORO
Pamplona. Plaza Monumental. 11 de julio de 2005. Sexta de feria. Tarde calurosa con el lleno habitual. Seis toros de "Jandilla" increíblemente disparejos de presencia y trapío en los que hubo de todo con más malo que bueno. Únicamente el segundo hizo honor a la fama de la divisa por bravo, noble y encastado. Los demás recorrieron una escalera que partió del mansísimo y terminó con el feísimo, muy blando y alocado sexto pasando por otros nobles pero muy flojos y descastados. "El Cid" (marino y oro): Dos pinchazos, estocada y descabello, silencio. Pinchazo hondo caído y estocada, gran ovación. Cesar Jiménez (celeste y oro): Metisaca en el chaleco y casi entera, ovación. Bajonazo, oreja algo protestada. Salvador Cortés (grana y oro): Más de media estocada, aviso y oreja. Estocada caída que escupe y dos descabellos, vuelta al ruedo.
Todo el mundo esperando la corrida de "Jandilla" por ver si se repetía el zambombazo del año pasado y, como tantas veces sucede, decepción al canto, únicamente salvada por el tercer toro. Un animal verdaderamente bravo, encastado y noble por los dos pitones. Afortunadamente le correspondió al que más necesitaba triunfar: el muy nuevo matador llamado Salvador Cortés, uno de los hijos toreros de quien fuera excelente banderillero, Luis Mariscal. Si hablo del padre, lo hago a más que para felicitarle por lo buen torero que puede ser su vástago, para identificarle mejor. Sevillano, pues, Salvador y además de bien parecido y mejor plantado, muy valiente y oliendo a torero desde los lazos de las zapatillas hasta la montera. Ya le habíamos visto algunos en la Maestranza pero aquí en Pamplona casi nadie de los que llenaban la plaza. Pudieron comprobar, imagino que gratamente sorprendidos, a donde puede llegar este mocetón a poco le sonría la suerte. Él la buscó ayer y la encontró de manera clamorosa con ese toro segundo que fue un oasis de bravura en medio de lo que ya henos dicho, de la decepcionante corrida de Borja Domecq que, dado el gran prestigio que ha alcanzado, nunca debería haber traído a San Fermín el lote que trajo, en casi nada parecido al del año anterior. Pero en fin, así está esto y así hay que aceptarlo.
Centrándome en la faena del nuevo Cortés, decir que vio enseguida como hacerla, coserla y rematarla. Clásica de cabo a rabo. A veces algo seca, a veces aromática, siempre seria, templada, auténtica por concepto, colocación, temple y cadencia tanto en el toreo al natural por ambos pitones como en los cambiados de pecho, trincheras y en los ayudados. Y entrando a matar, con fe. De no haberle levantado al toro el puntillero y tardado tanto en doblar, seguro que le habría pedido las dos orejas. Solo cortó una pero una de verdad. La primera con peso e importancia de las concedidas hasta ahora en esta feria. Pudo redondear la tarde con la del sexto por lo muy entregado que estuvo pese a lo enrevesado del horroroso animal que tan pronto metía la cara como la movía pegando cabezazos. Al dar imprudentemente un pase con la derecha, le prendió el bicho y a poco le manda a la enfermería. Se repuso rápido Salvador y con el rostro ensangrentado siguió hasta matar de estocada y dos descabellos. La vuelta al ruedo que dio fue la ratificación de la mucha raza que le adorna. Enhorabuena.
Me gustó otra vez Cesar Jiménez con sus dos toros - variado y templado capote por cierto - pese a que con el mejor quinto no acabó de templarse aunque sí lo entendió por distancias, medias alturas en conducir la muleta y sentido escénico de la obra, muy para Pamplona en sus efectos. El público le regaló una oreja porque a estas alturas tampoco en Pamplona cuenta ya la colocación de las estocadas. Solo por el bajonazo nadie debería haberla pedido.
Y me gustó también "El Cid" que era la gran estrella del cartel y no tuvo suerte con su lote de presentación sanferminera. Quizá vio tarde que con el mansísimo primero había que intentarlo en su ya cantado refugio en tablas. Sus sabrosas verónicas y estupendos muletazos al cuarto no trasmitieron demasiado porque el toro embistió tambaleante, muerto en el combate. Sin embargo, los pamplonicas pudieron catar la honda clase del gran torero de Salteras. A ver sin con los "victorinos" del próximo 14 le ven del todo y a pleno pulmón.