FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMPLONA

José Antonio del Moral

DOS VUELTAS AL RUEDO DE VERDAD Y DOS OREJAS PUEBLERINAS

CONTINÚA LA ARBITRARIEDAD DE LOS ASESORES DE LA PRESIDENCIA: A LÓPEZ CHÁVEZ LE QUITARON UNA OREJA BASTANTE MÁS MERECIDA QUE LAS QUE DIERON A FRANCISCO MARCO Y A FERNANDO ROBLEÑO EN UNA TERCIADA AUNQUE MUY ASTIFINA CORRIDA DE CEBADA QUE, INESPERADAMENTE, SE DEJÓ TOREAR CON FRANCA NOBLEZA

Pamplona. Plaza Monumental. 8 de julio de 2005. Tercera de feria. Tarde fresca con lleno total. Seis toros de Cebada Gago, terciados y de preciosa lámina y variado pelaje a más de muy serios por delante y notoriamente astifinos. Salvo el muy manso tercero que no cesó de huir, muy manejables y algunos con clase. López Chávez (lapizlázuli y oro): Buena estocada y descabello, petición desatendida y vuelta al ruedo. Pinchazo y media estocada, vuelta. Francisco Marco (añil y oro): Estocada trasera desprendida, oreja. Pinchazo, media atravesada y tres descabellos, aviso y silencio. Fernando Robleño (palo de rosa y oro): Media estocada, silencio. Estocada, oreja.

Tiene indudable mérito ponerse delante de toros tan astifinos como suelen salir los de Cebada en casi todas las plazas donde se lidian y más en la de Pamplona donde hasta parece que les sacan punta. Más aún, sobreponerse a tal agresividad en medio de la continua jarana de las peñas de sol y, no digamos, si encima te coge uno como para matarte que fue lo que le pasó a Fernando Robleño al hacer un quite por faroles en el segundo toro que, encima, no era el suyo, o cuando sufrió otro tremendo susto al intentar una larga de rodillas a porta gayola para recibir al sexto toro y pasarle por encima. También lo tiene salir a torear a la desesperada para por lo menos ganarse otro puesto en los Sanfermines del año que viene, casos del mismo Robleño y del matador navarro, Francisco Marco. Quitémonos, pues, el sombrero ante los dos modestos espadas. Sin embargo, lo que tiene más mérito aún es mostrarse seguro, firme, templado y dominador como aconteció con López Chávez – artista no porque ninguno de los tres que ayer lo son ni podrán serlo nunca – cuando una casi siempre difícil corrida sale tan inesperadamente noble como la de ayer de Cebada Gago. Una corrida que, además y salvo por sus agresivas cabezas, no se comió a nadie. Una corrida que si la torean los que últimamente no quieren ver ni en pintura estos toros, la hubieran formado un lío de campeonato. Pero bueno, la mataron los que la mataron para empezar esta serie de tardes de poco fuste torero que tenemos que tragarnos mientras dure el fin de semana y debemos centrarnos en cómo se comportaron los tres.

Muy bien López Chávez que enseguida se dio cuenta de las bondades de sus dos enemigos y, a su modo, se hartó de pegarles pases. Al cuarto le pinchó y solo pudo dar una vuelta al ruedo de verdad, pero al que abrió plaza lo mató por arriba de un espadazo que necesitó de un golpe con el descabello y como era el primer toro y la gente no pidió la oreja con demasiada fuerza, el inefable asesor en turno, Ignacio Usechi, le dijó al concejal que le tocada presidir que naranjas de la china y López Chávez se quedó sin su oreja.

En cambio, qué pronto ordenó el subsodicho asesor que se la dieran al local Francisco Marco pese a haber estado bastante peor que el anterior. Peor porque, aunque se mostró muy puesto y animoso, su faena empezó discretamente bien pero enseguida la embarulló. Ya es hora de que a quien corresponda decidirlo termine de una vez con estos asesores tan caprichosos como localistas que estamos padeciendo. También de que los concejales que presidan tengan criterio taurino y si no lo tienen que no se pongan la chistera más que en la procesión de San Fermín.

El caso es que quien mejor estuvo ayer con los Cebadas tuvo que contentarse con dos vueltas al ruedo mientras que los dos que se mostraron cual vulgares pegapases, se llevaron una oreja por coleta. Marco, incluso, hasta podría haber salido a hombros si hubiera matado a la primera a su segundo toro tras haberle toreado tan vulgar e irregularmente como a su primero.

La oreja que cortó Robleño al sexto tuvo mayores motivos y, sobre todo, benéficos efectos dada su pésima suerte con el único toro que no embistió y la situación desesperada que atraviesa el madrileño. Pero tampoco tuvo que ver esta postrera faena con la dos de López Cháves.