FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMPLONA
José Antonio del Moral
"EL FANDI" Y SEBASTIÁN CASTELLA SALVAN UNA TARDE PRÁCTICAMENTE INSALVABLE
AL GRANADINO LE QUITÓ UNA OREJA EL VETERINARIO EN TURNO DE ASESOR Y EL FRANCÉS PERDIÓ OTRA O QUIZÁ DOS CON LA ESPADA MIENTRAS UCEDA LEAL ABURRIÓ AL PERSONAL EN UNA CORRIDA MUY SOSA Y DESCASTADA DE SANTIAGO DOMECQ.
TRAS UN POLÉMICO PASEÍLLO EN EL QUE LOS ESPECTADORES DE SOL Y LOS DE SOMBRA SE ENFRENTARON AGRIAMENTE A CUENTA DE LA ALCALDESA, YOLANDA BARCINA, SE GUARDÓ UN MINUTO DE SILENCIO POR LOS ATENTADOS DE LONDRES QUE TAMBIÉN ACABÓ EN DISPUTA ENTRE AMBOS BANDOS
Pamplona. Plaza Monumental. 7 de julio de 2005. Tarde nublada, fresca y a veces ventosa con lleno absoluto. Siete toros de Santiago Domecq, incluido el sobrero que reemplazó al sexto, devuelto por su extrema debilidad. Bien y muy armados aunque desigualmente presentados entre los de bella estampa y los feos como sobrero, a demás de su variado pelaje. Todos nobles aunque a menos por blandos y descastados. Por algo mejores destacaron el primero, el quinto y, sobre todos, el sobrero que, con mayor brío que el de sus hermanos, fue el que más duró y lució. Uceda Leal (turquesa y oro con remates negros): Dos pinchazos y estocada desprendida, silencio. Pinchazo, estocada algo contraria y descabello, silencio. "El Fandi" (berenjena y oro): Media tendida y tres descabellos, silencio. Pinchazo arriba y estocada atracándose, petición y vuelta. Sebastián Castella (malva y oro): Estoconazo caído fulminante, silencio. Pinchazo y estocada caída, gran ovación.
La tarde no pudo empezar peor. Malo y ventoso el tiempo y disgusto de la mayoría por el atentado de Londres – de nuevo Europa unida en el dolor por los asesinatos terroristas – en tanto que la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, apareció en el palco de honor para presidir la primera corrida de la feria como viene siendo tradición en los Sanfermines. Aparición siempre polémica porque los de sol la insultan y los de sombra la defienden sin mayores problemas, pero ayer no. Ayer se armó la de San Quintín entre uno y otro bando – dicen que las dos Españas han de helarte el corazón y vaya que si nos helamos todos – al borde del conflicto de orden público mientras los toreros se miraban unos a otros con caras de circunstancias. Disputa que se reprodujo aun con peores modales e irreproducibles dicterios cuando mientras se guardaba un minuto de silencio por los atentados, unos cuantos de sol empezaron a gritar el ya tristemente famoso "no a la guerra". ¡Qué vergüenza¡.
Pues bien, en medio de este enrarecido ambiente, dos muy jóvenes toreros que ni saben de estas cuitas ni tienen por qué aguantarlas, se la jugaron para dar la mayor fiesta que pudieron a sus cuatro toros - muy poco propicios los primeros ( soso y el final muy parado el de "El Fandi", de embestir alto y sin clase el de Castella) y algo mejores los otros por más duraderos -, cuestión que tanto el granadino como el francés resolvieron espléndidamente menos con la espada según el leal saber y entender de cada uno. Sobremanera con los toros cuarto y sexto bis a los que ambos debieron cortar respectivamente una y dos orejas.
La que se pidió para "El Fandi" no la concedió la alcaldesa por culpa de su asesor veterinario, Antonio Purroy", que fue quien le quitó la idea de dársela sin tener en consideración su intensa y entregada labor con el capote, con las banderillas en tercio de incuestionable brillantez y mérito, con la muleta por su exprimida faena muy por encima de la sosería del animal, e incluso por la espada pese al pinchazo que precedió a una estocada en la que el matador se volcó sobre el pitón resultando ileso de puro milagro. Mucho más empeño puso el ilustre veterinario en no premiar a "El Fandi", uno de los dos salvadores de la insalvable tarde, que luego en aconsejar se devolviera al sexto toro por absolutamente inválido. Por cierto, un toro que no debieron admitir en el reconocimiento por "rabón" en una plaza y feria de tanta categoría como la de San Fermín. ¿O no, señor Purroy?.
Las que perdió Castella fue por pinchar antes de agredir en los bajos tras una actuación francamente estupenda sin más reparos que prologar la faena de muleta en demasía. Una faena basada sobre la mano derecha aunque también empleó la zurda en la que su incondicional valor, reconocida firmeza y no poco temple rayaron a gran altura hasta poner a todos de acuerdo. Tal y como dije hace pocos días sobre su tarde burgalesa, Castella está a punto de dar el salto que separa a los del pelotón de las pocas estrellas que actualmente figuran en el firmamento taurino. No como Uceda Leal que, aunque a sabiendas de que se jugaba volver o no a Pamplona y puso mucho empeño, aburrió al personal en sus dos versiones: La más pulcra de ortero clasicismo pensado desde el hotel con el noble toro que abrió plaza, y la inconsistente hasta la deriva con el más difícil cuarto que fue el peor del lote. Y para colmo, fallando en su único fuerte, la suerte de matar. No creo, pues, que vuelva jamás a los Sanfermines.